Quien tuvo retuvo, decían de Quini, delantero centro del Sporting de Gijón y del Barcelona cuando llevaba años retirado y lo veían dar unas pataditas al balón. Y eso ocurre, según parece, en política con tres exalcaldes de grandes ciudades españolas que hoy, moderados por el regidor malagueño, Francisco de la Torre, se han dado cita en el Palacio de Ferias en el marco de las XI Jornadas de Modernización y Administración Local. Así, han debatido en una amena mesa redonda el exalcalde de Barcelona Jordi Hereu, la exalcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, y el exministro y exregidor de Santander Íñigo de la Serna. Todos, pese a cavar en trincheras ideológicas distintas, han coincidido en pedir respeto y confianza para los ayuntamientos y la idea subyacente podría resumirse en la necesidad de recuperar el espíritu del profesor Enrique Tierno Galván, alcalde de Madrid en la época de la Movida quien gustaba de comparar la figura del munícipe con el director de una orquesta que dirigía a los funcionarios, cada uno tocando su melodía.

Las intervenciones se han centrado en reivindicar la creatividad (Carmena), la agilidad de la Administración Local frente a otras administraciones, la necesidad de recuperar la confianza del ciudadano y desterrar la confrontación política de peor calado como freno a la acción de gobierno, y fortalecer no sólo la colaboración público-privada, sino también, Carmena ha indicado, la colaboración público-ciudadana.

Hereu, por ejemplo, ha aportado su experiencia al frente de Barcelona, que pasó a descentralizarse en distritos para adaptar "la provisión de servicios" a una realidad más cercana; y, luego, la inclusión del 'management' en la gestión municipal, "convirtiendo en unidades estratégicas de negocio un aparato inmenso". En los noventa, esa segunda gran revolución fue incluir la figura del gerente de distrito, y los políticos, ha precisado, se dedicaron a hacer política. "Una estructura gerencial de personas que tiene que hacer posible lo deseable". Luego, se pasó del distrito al barrio, y se buscó hacer más eficientes los procesos. Su intervención ha estado muy orientada a ganar eficacia en la toma de decisiones: "Una cosa es hacer las cosas que hay que hacer y otra, hacer las cosas correctamente". Eso es lo que recomienda, pero no lo ve ahora. "Los proyectos están muy por encima y cuestionan, a veces, los fines. Tenemos que hacer las cosas correctamente, pero eso no puede retrasar hacer lo que tenemos que hacer, esto se define por quien tiene la autoridad política".

Después, en una segunda intervención, ha indicado: "Hago un llamamiento a tomar muy en serio la transformación del instrumento para estar a la altura de los requerimientos de la ciudadanía" ante retos como la digitalización, la innovación o la movilidad sostenible. "La cultura de la desconfianza es una pésima cultura hacia lo local", ha indicado, recalcando que los ayuntamientos pueden ser claves en el reparto de los fondos europeos de reconstrucción. "Repartir juego", ha aconsejado, eso sí, ha detectado gente hipercapaz en el Estado, con gran vocación de servicio público, con un alto nivel de ética y moralidad, "pero muy preocupados por seguir los procedimientos". "El expediente debe ser impecable, pero si un expediente no llega a tiempo, no es impecable".

Carmena, por su parte, ha parafraseado a Tierno Galván (con un discurso más humanista que de management o empresarial): "Mi concepción de la autoridad municipal es que la ciudad elige a alguien para que dirija la orquesta, cada uno debe tocar su instrumento, su música; la administración local está muy pegada a la realidad", pero ha contado dos anécdotas como la de una señora que, en una de las reuniones a la que iba a escuchar como regidora, le comunicó que llevaban seis años esperando un ascensor o un barrio que pidió un rocódromo y se tardó tres años en hacerlo. "Todos hemos asumido la estructura absurda de asumir plazos cuando están descontextualizados". Así, aboga por, en lugar de hacer informes sucesivos, lo ideal es reunirse todos los que tengan algo que decir sobre un tema y resolver allí el procedimiento, como en un juicio, algo que ella aplicó gracias a su experiencia como abogada, magistrada y juez decana de Madrid. "¿Lo conseguí? Regulín regulán. Dejé el dibujo diseñado, pero hay que acabar de pintarlo".

También ha tenido palabras, por cierto, para la confrontación política, que no ideológica, y la correspondiente judicialización de la vida política, algo con lo que hay que acabar, "hay que ir a un espíritu de unidad", como en la pandemia, que alumbró el Pacto de Cibeles. Ha pedido más protagonismo al ciudadano, detectar problemas de la colaboración público-privada y avanzar en la colaboración público-ciudadana (con ONG y los propios ciudadanos, por ejemplo dar el dinero para el rocódromo a los vecinos y luego controlar su ejecución o avanzar en los presupuestos participativos). Y aboga por agilizar también los procesos: "Que el procedimiento valga para lo que tiene que debe valer".

Íñigo de la Serna, por su parte, ha pedido que no haya miedo de "descentralizar el 75% de los fondos Next Generation" a las comunidades y los ayuntamientos, "hay que tirar de las administraciones locales", como hizo el IDAE cuando liberó 100 millones de euros para colocar LED en los semáforos, "se gastaron en pocos meses con eficiencia y agilidad". Ha expresado sus dudas sobre los controles excesivos en los ayuntamientos, y ha indicado que existe un desfase entre la estructura municipal y lo que hay fuera, algo que ocurre también con las empresas: el 67% de lasmismas no encuentra a los trabajadores con las competencias que va buscando.

Todos ellos han definido como muy buena la respuesta de la sociedad española ante la crisis económica, y también la de los ayuntamientos.