La noticia se ha comentado mucho a lo largo de las dos últimas semanas y, según pudo saber este periódico, el río, en este caso, lleva agua. Y mucha. Así, ya habría un acuerdo, o principio de acuerdo, entre la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento para actuar sobre el río Guadalmedina y llevar a cabo la esperadísima integración urbana de ese cauce, una cicatriz hídrica deprimida que sigue dividiendo a la ciudad en dos zonas y sobre la que, además, hay diferentes proyectos basados en concepciones distintas sobre el urbanismo y la sostenibilidad.

Por ejemplo, los ecologistas y parte de la oposición defienden la renaturalización del cauce completo del río, pero el Plan Especial del Guadalmedina, en el que Urbanismo lleva años trabajando, en líneas generales, es el que, en virtud de ese pacto no firmado aún en el correspondiente acto para presentar oficialmente el protocolo, se va a aplicar.

En líneas generales, y a falta de conocer el detalle y la letra minúscula, y como ya se conoce del Puente de Armiñán hacia arriba se va a renaturalezar el río y habrá sendas peatonales y ciclistas, en línea con las múltiples informaciones que han ido publicándose en prensa a lo largo de los últimos años. Esa vía ciclista lleva años enredada en trámites.

De Armiñán hacia abajo hay varios puntos a acometer: el soterramiento del tráfico en las avenidas de la Rosaleda y Fátima y el establecimiento de varios (dos, tres o cuatro, según se concrete) puentes-plaza, es decir, extensiones que unan ambos cauces del río y que hagan el papel de amplios bulevares de encuentro ciudadano, porque lo que se quiere, por ejemplo, es que entre puente-plaza y puente plaza haya un espacio ganado en superficie para unir y dar continuidad a la Trinidad y el Centro Histórico, de forma que el río no suponga una barrera natural para los malagueños que viven a los dos lados de esa cicatriz hídrica.

Incluso los empresarios turísticos han pedido varias veces ya, en diferentes foros públicos, que se acometa esta actuación, siendo considerada la más importante para el futuro de la ciudad y, también, por el coste en imagen que tiene para una capital eminentemente turística que el río Guadalmedina esté como está en la actualidad.

Por tanto, ya hay acuerdo verbal. O principio de acuerdo. Falta por conocer el detalle de cómo se van a articular las fases de la intervención, el dinero que finalmente va a costar o cuándo comenzarían las obras o la cifra exacta de desagüe que la Junta de Andalucía ha considerado oportuna para avanzar.

En abril, de hecho, lo que faltaba era aprobar inicialmente el plan del Guadalmedina a la espera de que concluyese la evaluación ambiental. Ya entonces supo este periódico que las reuniones técnicas entre Junta y Ayuntamiento eran continuas, sobre todo en torno a los cálculos hídricos y la capacidad de desagüe del río. Una vez concluida la evaluación ambiental, contratada en enero, debía enviarse a la Junta para que informase al respecto y luego podría aprobarse inicialmente el proyecto de proyectos. Lo previsto era hacerlo por fases y a lo largo de dos décadas o un cuarto de siglo, con un coste de en torno a 250 millones de euros, que iban a poner el Consistorio, el Ayuntamiento, la Junta, el Estado y la Unión Europea.

El caso es que según pudo saber este periódico, está todo casi a punto para firmar el protocolo, lo que podría escenificarse en los próximos días o semanas, aunque eso ya entra dentro del terreno de la oportunidad política y las agendas de ambas administraciones. Falta por saber cuándo se hace público el pacto.