En estas mismas páginas de La Opinión se publicaron dos fotografías tomadas a las puertas de la Librería Proteo, víctima de un incendio que acabó con miles de libros. La escritora María Dueñas, que vino a Málaga a presentar su última novela, tuvo el gesto de firmar los ejemplares ante la que fue una de las librerías españolas de más prestigio.

De esta forma se unía a las muestras de apoyo que estaba recibiendo en aquellos instantes Jesús Otaola, el librero afectado por el lamentable accidente, a quien el mundo de la cultura malagueña estaba mostrando cariño y dando ánimos para reemprender su tarea de años. Yo, que veía muy de tarde en tarde a Jesús Otaola, le tenía un afecto especial porque era hijo de un compañero de trabajo en Radio Nacional de España en Málaga. Pepe Otaola era uno de los técnicos de baja frecuencia, y cientos de veces fue el encargado de llevar a los oyentes mis programas e incluso hacer posible la retransmisión de películas desde los cines de Málaga.

Al contemplar la foto de María Dueñas firmando uno de los ejemplares de su última obra, observé algo que me llamó la atención, y dije para mis adentros: Anda, es zocata. O sea, que era zurda y escribía con la mano izquierda.

Me salió zocata porque en mi niñez, cuando estaba en los Maristas allá por 1934 o 1935, descubrí que entre los cuarenta y tantos alumnos había uno que hacía los palotes y primeras letras con la mano izquierda; era zocato. Entre los niños decíamos zocatos; lo de zurdo vino después.

Quizás algún lector de mi edad recuerde la idea que se nos inculcó entonces sobre ¡el defecto físico! que sufrían algunos niños usando la mano izquierda en lugar de la derecha. He encontrado un texto que dice: «Zurdo, que usa la mano izquierda al contrario de como se debe usar». Esta idea o suposición de que lo correcto o lo obligado es usar la mano derecha condenaba a los zurdos o zocatos a sentirse inferiores, unos enfermos casi. En los colegios de niños y niñas, públicos y privados, los maestros y maestras ¡castigaban! a los zocatos que eran incapaces de usar la mano derecha. En muchas familias con algún zocato, los padres, no sé si recomendados por los médicos o no, inmovilizaban el brazo izquierdo de los ‘enfermos’ para que se ejercitaran con la mano diestra, o sea, la derecha, porque la mano izquierda se consideraba siniestra. En algunos diccionarios, el adjetivo Siniestra tiene una respuesta que no ha lugar al error: Siniestra: mano izquierda.

Un diccionario de 1900

De la biblioteca de mi tío Carlos poseo con su firma un ejemplar de un viejo diccionario enciclopédico editado en París en 1900. Por cierto, su autor, Manuel González de la Rosa, era un antiguo profesor de la Universidad de Lima, con muchos títulos y reconocimientos como «individuo del Instituto Antropológico de la Gran Bretaña». Dice: Zocato. Adj. Berenjena o pepino, que estando ya muy maduro, se pone amarillo y como hinchado./Zurdo. Y aparece también: Zoco: Zurdo o Zueco.

En diccionarios y enciclopedias de más reciente publicación o aparece una reseña brevísima o se centra en la enciclopedia de 1900. En el Diccionario Esencial de la Lengua Española editado por la RAE en 2006, se recoge solo esta definición: Dicho de un fruto que se pone amarillo y acorchado sin madurarlo. Sin embargo, en el mismo libro de consulta, en el vocablo Siniestro aparece la siguiente nota: Dicho de una parte o de un sitio. Que están a la mano izquierda.

Y para acabarlo de arreglar me encuentro que la definición de Siniestra: Mano izquierda (o la opuesta a la derecha). Después, en otra rúbrica, tras repetir lo de la mano izquierda, lo que todos entendemos sin necesidad de diccionario: Avieso y malintencionado. Y después de Suceso, -daños, pérdidas…-se hace referencia a su utilización en el mundo de los Seguros para las indemnizaciones previstas en las pólizas. Un incendio y la pérdida de una tarjeta de crédito es un siniestro. Claro que después de firmar la póliza el asegurado se identifica como El Tomador, que en malagueño es estafador, ladronzuelo…, vamos, un tomaó, cualquier interpretación vale.

No es un enfermedad

Ser zurdo no es una enfermedad. He leído que no se nace zocato o zurdo. A partir de cierta edad, durante la infancia, se manifiesta la tendencia de servirse con una u otra mano. Es, por tanto, una característica solo determinada en parte por la genética.

En España, mientras la sociedad rechazaba a los zocatos porque estaban a ‘medio terminar’ había que enseñarles a base de castigos y dejarlos sin merienda por insistir en recurrir a la mano izquierda para comer y escribir, en el mundo del fútbol los equipos de siempre (Madrid, Barcelona, Bilbao…) buscaban jugadores zocatos para varios puestos clave de la antigua formación, o sea, que los once se distribuían de una forma ya superada. Un equipo de fútbol (español, inglés, alemán…) se formaba con arreglo a la siguiente disposición: un portero, dos defensas (derecha e izquierda), tres medios (derecha, izquierda y medio centro) y cinco delanteros (un extremo derecha, un interior derecha, un delantero centro, un interior izquierda y un extremo izquierda).

Los más buscados eran precisamente los zocatos o zurdos para las tres líneas de la parte izquierda, especialmente el defensa y el extremo por su posición en el terreno de juego. Un extremo izquierda zurdo era el más buscado y cotizado.

Con el paso del tiempo, y en España por iniciativa del que fuera entrenador de la Real Sociedad de San Sebastián, Benito no sé cuantos, todo se cambió con el invento de la WM que modificó la formación de los equipos. El medio centro pasó a ser defensa central, los medios en mediocentristas (o mediocuentistas como los tildaban algunos comentaristas de la época)… y los defensas, en carrileros. La figura del extremo izquierda desapareció por completo.

Esta incisión deportiva tiene por objeto desmontar la creencia de que los zurdos eran unos bichos raros y que había que educarlos a base de castigos para convertirlos en niños normales.

Las películas norteamericanas

Pues sí, las películas norteamericanas descubrieron a los españoles que ser zurdo era tan natural como ser diestro. Para muchos españoles, entre los que me encuentro, fue un auténtico descubrimiento. En Estados Unidos no estaba mal visto ser zurdo. Habían superado el ¿síndrome? que tantos castigos, coscorrones, esfuerzos que los padres, maestros, educadores pusieron en práctica para corregir lo que no era un defecto que había que superar. Lo mismo que se nace con una nariz recta o respingona, unos dedos finos o gordos, un pelo rizado o liso…, se nace zurdo o zocato, aunque otros estudiosos sostienen que la tendencia al uso de la mano o pierna izquierda se manifiesta en los primeros años de existencia.

En España tuvimos que cambiar de idea muchos años después; tardamos en enterarnos. Los niños y niñas empezamos a cambiar de idea al ver que los actores y actrices famosos del cine americano escribían con la izquierda. Muchos niños y niñas contemporáneos del autor de estas líneas sufrieron injustamente castigos o se quedaron sin merienda por usar la siniestra en lugar de la diestra.

Rafa Nadal, un campeón con la zurda. EP

El poderío de la siniestra

Reconozco que los que nos educamos en la creencia que lo normal, lo correcto y lo educado era usar la mano derecha, tardamos tiempo en reconocer que estábamos equivocados: un zurdo era igual a un diestro.

Y nos acordamos de los que sufrieron castigos corporales por no poder escribir los dictados con la mano derecha. Como en aquellos primeros años de colegio no sabíamos quién era Leonardo da Vinci, ignorábamos que era zurdo. ¡Menudo zurdazo! Y modernamente tenemos zurdos nada menos que a Rafael Nadal, el mejor tenista del mundo; María Dueñas, escritora de novelas traducidas a no sé cuantos idiomas…

Yo soy diestro, admiro a los ambidextros y respeto a los siniestros aunque en mi niñez, siguiendo las normas vigentes, los veía como bichos raros, y este calificativo no lo inventé yo, ya que así se les tildaba por su tendencia a hacerlo todo con la mano ¡siniestra!