Dos días después de que Juan Carlos Maldonado anunciara su marcha de Ciudadanos, todas las miradas han estado puestas en el arranque del pleno de noviembre de la Diputación Provincial sobre el vicepresidente primero de la institución. Y, de hecho, Maldonado no ha dejado pasar la oportunidad para escenificar su cambio de rumbo y su descontento. Aunque todo se estaba desarrollando sin grandes sobresaltos, esa extraña normalidad solo se sostuvo durante algo más de media hora. El vicepresidente ha mandado un recado cuando se ha abstenido en una moción del PP relativa a la cuota estatal del patrimonio que quiere imponer Podemos. No obstante, el punto ha salido adelante porque los populares tienen la mayoría amarrada en toda la sesión con sus 15 diputados en un plenario que se ha visto reducido este miércoles a la participación de 29 miembros, tras las bajas por motivos de salud del ex de Cs que apoya como no adscrito al PP, Juan Cassá, y del diputado socialista José María Jiménez.

Luego, ha llegado un segundo gesto díscolo. Maldonado se ha ausentado, inicialmente, durante el debate de una moción del PSOE sobre el despido de trabajadores en el Servicio Andaluz de Salud (SAS) y, luego, cuando ha regresado ha dado la sorpresa votando a favor de la propuesta socialista. Una horas después de la primera 'salida del tiesto', el segundo recado del vicepresidente primero al equipo de Gobierno de Francisco Salado ha llegado en torno a las 10.45 horas. Y, de hecho, con más contundencia que el primero. Pues el PP, en boca de Manuel Marmolejo, había defendido sin concesiones la gestión sanitaria del Gobierno andaluz de Juanma Moreno. De esta manera, el desplante de Maldonado también estaría dirigido a expresar sus discrepancias con el líder regional de Cs y vicepresidente de la Junta, Juan Marín.

A renglón seguido, Maldonado ha vuelto a romper por tercera vez la disciplina de voto y se ha abstenido en un punto sobre fondos europeos sacado adelante por el PP. Luego, le refregó alguna que otra abstención más al Gobierno provincial del que sigue siendo vicepresidente primero. Eso sí, todo el mundo era consciente de que el reciente desertor naranja disparaba con balas vacías de pólvora. Los percances médicos de Cassá y el socialista Jiménez motivaron que los populares disfrutaran, de principio a fin, de una mayoría absoluta que no suele ser habitual.

Antes de que se aclare en qué se traducirá el abandono de la disciplina de su partido, Maldonado seguía votando como miembro de la formación naranja -todavía no ha pasado a diputado no adscrito y la disolución del grupo de Cs está pendiente de su tramitación- y lo hace, igualmente, como socio de Gobierno alineándose con el PP en la mayoría de puntos. Eso sí, las mociones que había presentado Ciudadanos no se llegaron a debatir en esta sesión, dado que su hasta ahora portavoz y único representante del partido se ha marchado de esta fuerza política.

Salado y Maldonado charlan durante el pleno Álex Zea

De hecho, desde el público asistieron expectantes los miembros y trabajadores del grupo de Ciudadanos en la Diputación que se verán afectados si se consuma la disolución. Esta situación no se daría si Maldonado entrega su acta tal y como le exige Cs, aunque él aseguró inicialmente que no lo haría ni en la Diputación ni en el Ayuntamiento de Mijas. 

Al final de la sesión plenaria estaba prevista la comparecencia de Juan Carlos Maldonado a petición del PSOE. No obstante, fuentes socialistas insistieron en que está solicitud se formalizó la semana pasada, cuando él aún no había anunciada su marcha de Ciudadanos, ante la situación de "caos y desgobierno" que ya apreciaban en la institución provincial. Finalmente, a mediodía, era retirada la petición. 

Más allá del comportamiento que fuera a mostrar Maldonado, la primera hora del pleno también ha estado marcada por las reivindicaciones laborales de los trabajadores del Patronato de Recaudación y, posteriormente, por la lucha contra el ERE en Unicaja Banco que llevan a cabo los empleados de la entidad.