Sentarse, escuchar, estudiar y examinarse. Esa es la rutina de la metodología de enseñanza tradicional y también es justo lo que no se hace en la clase de cuarto del Grado de Pedagogía, en la asignatura ‘Las TIC como soporte para la innovación educativa’ que imparte Enrique Sánchez Rivas. Un profesor cuya trayectoria está marcada por la innovación pedagógica y que este curso ha estrenado el proyecto SCRUM. Un sistema a través de la cual los alumnos deben desarrollar un producto que solucione un problema o necesidad de una empresa real, con la que estarán en contacto durante todo el proyecto.

Son varias las empresas e instituciones que han querido sumarse al proyecto ya como la Diputación Provincial de Málaga, el instituto de Formación Profesional MEDAC o el CEIP Manuel Alto Aguirre, entre otras, hasta el punto de quedar algunas en lista de espera. «Les interesa mucho recibir una visión externa y fresca, y conocer a posibles futuros empleados», explica el profesor. A su vez, los estudiantes aprenden, a través de la práctica, una nueva metodología de enseñanza, mientras conocen las realidades de los entornos de trabajo.

El factor humano

Enrique Sánchez señala que la metodología SCRUM pone el acento en el factor humano. «Si no hay cohesión en los equipos, SCRUM no funciona». Por eso mismo, el propio método contempla la realización periódica de actividades enfocadas a potenciar la cohesión grupal. Por ejemplo, en una de sus últimas clases, llevó a sus alumnos a una piscina a realizar una actividad ‘outdoor training’, otra metodología enfocada a fortalecer la confianza y los lazos socio-afectivos entre los miembros del equipo, al obligarles a resolver problemas que no tienen nada que ver con su entorno habitual.

Con esta actividad afirma que ‘mata dos pájaros de un tiro’, «aprovecho la piscina para fomentar la cohesión de equipo, pero al mismo tiempo les enseño un contenido de la asignatura: que es una metodología innovadora (el ‘breakout’), que posteriormente analizaremos en clase y que podrán aplicar también en sus proyectos», explica.

Este docente rompe con los estándares de la educación convencional y trabaja por cambiar la idea de que la pedagogía debe ser soporífera, rutinaria y aburrida como nos han hecho creer. Escribe sobre divulgación educativa en su blog ‘Pedagogía 350’, bajo el lema de «explicar cosas difíciles de forma que se conviertan en fáciles». Es también profesor en el grado de Pedagogía de la Universidad de Málaga y ganó uno de los Premios al Profesorado 2020.

Su experiencia como mal alumno le hizo darse cuenta de qué clase de maestro quería ser. «Yo intenté ser el tipo de profesor que me hubiese gustado tener, y todas las metodologías que sufrí, intenté no aplicarlas», explica. Tiene muy claro que la principal carencia del sistema educativo actual es el profesorado, aunque no todo, «solo aquel que enseña como le enseñaron, dándole la espalda a todos los avances que ha habido en neurociencia», aclara.

Clase de pedagogía 'outdoor training' en la piscina L. O.

Asegura que el principal error es estancarnos en la idea de que hay que hacerlo como se ha hecho siempre, porque, aunque sean métodos con una larga tradición de éxitos, también lo son de fracasos. «El problema es que hay mucha gente que no tiene en cuenta los alumnos que no son exitosos y que se quedan marginados del sistema educativo. Y, a lo mejor, a esos los podemos recuperar con una metodología distinta y más individualizada». Enrique Sánchez hace hincapié en que la educación se trata también de adaptarse a las personas y de no dejar a nadie atrás.

Esa es una de las razones por las que, desde que aprobó las oposiciones en 2005, ha decidido apostar por las metodologías activas. Primero en los colegios, donde trabajó durante años; luego con adultos cuando trabajó como asesor técnico de formación en la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía, y ahora con los jóvenes en la Universidad de Málaga.

«No quería ser ese tipo de docente tradicional y repetitivo, así que me obligué cada año a hacer cosas diferentes. Eso te lleva a investigar y descubrir nuevas metodologías», explica. Aprovecha sus clases como marco para experimentar, aunque siempre advierte a sus alumnos de que no sabe si saldrá bien. Reconoce que se equivoca mucho en clase, pero que los estudiantes le animan siempre a continuar probando. «Me he dado cuenta con los años que el alumno es muy tolerante con mi error, cuando eres honesto», comparte.

Considera que la Universidad es el entorno perfecto para aplicar sus metodologías y seguir experimentando, mientras que en los colegios se encontraba con muchos obstáculos. «Ahí aprendí que grandes cambios generan grandes resistencias», lamenta. Ahora, la Facultad de Ciencias de la Educación es su laboratorio y ya está obteniendo muy buenos resultados.