El británico Francis Carter, que visitó nuestra ciudad en la década de 1770, se percató del creciente movimiento comercial de su puerto, y eso que se marchó de Málaga en 1777, un año antes de que Carlos III incluyera nuestro puerto entre los 13 de España que podían comerciar con América.

Antes incluso de esa ‘presentación en sociedad’ de nuestra ciudad y del aluvión de familias extranjeras (y riojanas), ya advirtió un colorido y un cambio de costumbres entre los malagueños: «La clásica moda española de vestir de negro se cambia por los chillones encajes de Francia, cuyos disfraces imitan sin acierto durante los carnavales; las seguidillas y los fandangos se han cambiado por baladas inglesas».

En esos años, Málaga era una ciudad llena de color, no sólo en las vestimentas, también en los edificios, inundados de falsa arquitectura, formas geométricas, ángeles, santos y paisajes.

Las epidemias del arranque del XIX forzaron a encalar muchas de estas fachadas por motivos higiénicos y en otros casos, la moda hizo el resto. El caso es que la mayoría de estas pinturas fueron blanqueadas y no empezaron a reaparecer hasta los años 70 y 80 del siglo pasado, para sorpresa de los malagueños.

Una de las pinturas murales más bonitas podemos verla en la calle Gaona y aunque formen parte del mismo conjunto de la iglesia de San Felipe Neri, en realidad se trata del exterior de la primitiva capilla del Conde de Buenavista, así que están datadas un poco antes de 1730, mientras que la actual iglesia se inauguró ya a finales de ese mismo siglo.

Estas primerizas pinturas murales, con motivos geométricos, evocan la decoración de la Málaga musulmana y son una ‘intrincada preciosidad’.

Todos estos datos históricos vienen a cuento porque estas preciosas pinturas de casi 200 años de antigüedad llevan cosa de cuatro años pintarrajeadas, como mínimo, si atendemos a las fotos que nos proporciona la omnipresente Google Maps.

Los tarugos no descansan, así que no es de extrañar que este precioso lienzo se ensucie de forma periódica, en este caso por un par de agrupaciones de células con estructura osea que, es muy probable, hasta tendrán DNI y contarán con nombres y apellidos.

Estos angelitos suelen dejar su firma personal, así que tarde o temprano serán multados, si no lo han sido ya.

Lo que habría que desear es que, cuanto antes, el dúo se ‘destarugase’ y abandonara la senda del egoísmo y la incultura. El Patrimonio de Málaga saldría ganando y ellos también.