El pasado 30 de noviembre se celebró el Día Internacional de la Lucha contra los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), una jornada que tiene la labor de visibilizar la importancia de la detección y la prevención de este tipo de alteraciones alimentarias y huir de los prejuicios sociales y la gran estigmatización que rodea a este tipo de enfermedades.

Quienes padecen algún tipo de TCA sufren alteraciones a nivel mental y físico, ya que se genera un comportamiento patológico frente a la comida y un control obsesivo del peso. La preocupación por la imagen corporal, la alimentación y el peso es constante. Se pueden desencadenar enfermedades físicas debido a las alteraciones alimentarias y, en casos extremos, la muerte, siendo las causas más frecuentes el suicidio o la desnutrición.

Con la finalidad de ofrecer una atención específica a los pacientes con TCA, nace la Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria (UTCA), dependiente de la Unidad de Salud Mental del Hospital Regional Universitario de Málaga. En esta unidad multidisciplinar se atiende a pacientes con anorexia nerviosa, bulimia, trastorno por atracones y otro tipo de trastornos de la conducta alimentaria no especificados.

Según la UTCA, tomando un criterio restrictivo de mujeres entre 15 y 29 años en el territorio conformado por Cádiz, Córdoba, Huelva, Málaga y Sevilla, la población diana serían unas 450.000 mujeres. Alrededor de 18.000 serían pacientes con TCA, según la estimación de prevalencia.

La UTCA, basándose en diversos estudios, asegura que la incidencia de TCA aumentó en toda España tras el confinamiento. Durante el primer año de esta unidad, se atendieron 140 pacientes nuevas, cuyo seguimiento se hizo de forma telefónica durante la cuarentena. Un total de 41 pacientes recibieron tratamiento en el hospital y fueron precisos 20 ingresos.

Los trastornos de conducta alimentaria presentan en muchas ocasiones restricciones alimentarias, así como conductas purgativas como vómitos, uso de laxantes y diuréticos o la realización de ejercicio físico en exceso. Según la UTCA, los trastornos suelen iniciarse durante la adolescencia y la edad adulta temprana. Teniendo en cuenta todos los TCA, según los estudios, la prevalencia en España es alrededor del 5% en las mujeres entre los 12 y los 21 años. La incidencia aumenta en mujeres entre los 15 y los 19 años. En el caso de los varones adolescentes, los TCA afectan hasta un 0,9%.

La anorexia nerviosa es la tercera condición crónica más común que afecta a las adolescentes. Causa complicaciones médicas graves y tiene la mortalidad más alta de los trastornos psiquiátricos. El 44% de los pacientes se recupera, mientras que el 23% evoluciona hacia la cronicidad y el 5% fallece.

Unidad multidisciplinar

Se ha descrito una importante comorbilidad en los pacientes con TCA con otros trastornos de ansiedad, de consumo de alcohol y tóxicos, de personalidad, el trastorno obsesivo compulsivo (TOC) y la depresión, entre otros. Esto quiere decir que dos o más trastornos ocurren en una misma persona, ya sea al mismo tiempo o uno después de otro. Debido a ese origen multifactorial, el tratamiento requiere un abordaje multidisciplinar que incluya intervenciones coordinadas por parte de diversas especialidades, como Endocrinología, Medicina Interna o Pediatría, Atención Primaria y Salud Mental. Según la UTCA, este abordaje es necesario porque los síntomas se presentan a nivel mental pero también a nivel físico, como consecuencia de las conductas.

Además, hay otros factores importantes que también han de abordarse, como la situación académico-laboral o las consecuencias familiares y sociales. «Restringir el manejo clínico de estos pacientes a un único enfoque significaría realizar un abordaje incompleto, con el riesgo de que la sintomatología se complique y se produzca una pérdida en la calidad de vida», apunta la UTCA.

Hasta ahora, los recursos para realizar un tratamiento intensivo estaban delimitados al no existir unidades específicas en Andalucía. Los pacientes se trataban en las Unidades de Salud Mental Comunitarias (USMC) y las Unidades de Salud Mental Infanto-Juvenil (USMIJ). Actualmente, se derivan a la unidad especializada cuando se precisa un tratamiento intensivo. Este tratamiento consiste en realizar una valoración nutricional, así como un seguimiento por parte de Endocrinología. Además se efectúa un tratamiento psicológico con intervenciones de terapia tanto individual como grupal, con familiares y con grupos terapéuticos. Uno de los aspectos clave es el desarrollo de una rehabilitación nutricional. Para ello se cuenta con un comedor terapéutico y un tratamiento individualizado.

El perfil de los pacientes de la UTCA es el de una mujer, entre 15 y 25 años -la ratio con respecto a varones es de 9 a 1- con alteraciones psicopatológicas y una grave afectación orgánica.

Para la recuperación de este tipo de trastornos, que conlleva en muchas ocasiones un tratamiento largo y complejo, es esencial el apoyo y la implicación familiar y social.