Ya han transcurrido tres años desde aquella noche electoral del 2 de diciembre de 2018 tras la que el PP se vio cruzando la puerta del Palacio de San Telmo. Los populares llegaron al Gobierno andaluz de la forma más paradójica posible: tras perder siete escaños respecto a los comicios de 2015 y con solo 26 parlamentarios. Para asaltar el poder no eran suficiente los 21 diputados de Cs, y el inevitable tridente con Vox se ve ahora proyectado sobre l cumpleaños agridulce del cambio andaluz. El reciente fracaso del presupuesto de 2022 ha empañado la celebración de la fecha en la que se produjo el ocaso del PSOE. Lejos queda el triunfalismo del año pasado y cerca el regreso a las elecciones. Serán en junio de 2022 como muy tarde. Eso sí, al PP le va en las encuestas incluso mejor que en los actuales niveles de estabilidad de su Ejecutivo Autonómico.

El Gobierno de PP y Cs defiende que «estos tres años han servido para que Andalucía lidere la recuperación de España» pese a la falta de apoyo parlamentario que llevará a otras elecciones. Según recalcó Juanma Moreno el martes en Canal Sur, «cualquier balance de Gobierno está vinculado a la pandemia, que ha trastocado una agenda reformista con una caída de dos dígitos en la economía andaluza». «Nos hemos esforzado para dar respuesta a la crisis sanitaria y creo que ha sido satisfactoria», indica el presidente. No obstante, su discurso lo delata en su momento actual: «Cuanto más espacio me dejen para gobernar, mejor; no tengo ningún interés en adelantar las elecciones pero todo va a depender de las circunstancias y de la evolución de la pandemia». Moreno admite que no le queda otra que «trabajar todos los días, ir partido a partido». «Tengo un objetivo que es construir una nueva mayoría en Andalucía; los que estamos en la zona templada, moderada, somos personas que queremos entendimiento y un Gobierno estable por lo que nos viene en los próximos años, que será difícil», añade en un argot casi de campaña electoral.

El rotundo fin de ciclo que trajo la inédita alternancia en el poder se ha manifestado, igualmente, en la evolución experimentada por el mapa político andaluz. Basta con apreciar el devenir actual de los grupos parlamentarios y de los principales actores de aquellos comicios regionales. De los cuatro intervinientes en el debate electoral solo el presidente Juanma Moreno tiene ante sí un horizonte relativamente tranquilo o, cuando menos, acorde al liderazgo con el que afrontó la reválida de las urnas.

El terremoto que implicó la alianza del centro-derecha dejó como principal víctima a la presidenta saliente, la socialista Susana Díaz, quien durante estos tres años jamás pronunció la palabra ‘derrota’ y siempre ha insistido en que aquellas elecciones tan condicionadas por el multipartidismo las ganó ella. Sin embargo, sus argumentos no resultaron válidos ni en su propio partido y su intentona de ‘resurrección’ en el ecuador de la legislatura -para optar al regreso a la pujante moqueta del sevillano Palacio de San Telmo- fue atajada con la convocatoria de las primarias que la expulsaron del timón orgánico del PSOE y de su escaño en el viejo Hospital de las Cinco Llagas.

Ha transcurrido un trienio y la antaño omnipotente Susana Díaz es ahora senadora y tertuliana televisiva

Ha transcurrido un trienio y la antaño omnipotente Susana Díaz es ahora senadora y tertuliana televisiva. Quién iba a decirlo. Eso sí, la expresidenta de la Junta seguirá presente en el socialismo andaluz con una frecuencia guadianesca. Como muestra vale su visita al congreso regional celebrado el pasado mes de noviembre en Torremolinos. En cuanto los focos y los micrófonos se posaron sobre su estela, Susana Díaz le recordó a Juan Espadas que ella le ha dejado el partido con unas elecciones andaluzas ganadas y seis de las ocho diputaciones de la región. De ahí que, en clave realista, el propio Espadas se ha marcado en la intimidad el objetivo primordial de no bajar de los 33 escaños que cosechó en 2018 la política trianera. Mantenerlos sería un triunfo moral al que aferrarse ante la quimera que, a día de hoy, parece el regreso al Gobierno andaluz.

El maltrecho y cambiante estado de salud de la izquierda andaluza se proyectó, con especial énfasis, en el fracaso de la confluencia de Podemos e IU que -bajo el paraguas cainita de la marca Adelante Andalucía- lideró Teresa Rodríguez, que llegó a ser desalojada junto a sus afines del grupo parlamentario del que era portavoz y ahora ha iniciado una nueva andadura. Una aventura que frente a la reinventada Unidas Podemos andaluza iza la bandera de ese andalucismo que, en su versión antagónica, se asoma hasta a los discursos del PP. O que también alimentará el debut sureño del Más País de Íñigo Errejón, con otra denominación y el anhelo casi utópico de hacerse un ‘Más Madrid’.

Si no hay un pacto transversal, serán demasiadas las papeletas que fragmentarán el voto de la izquierda y no se espera que un revulsivo como el del partido que ultima la vicepresidenta del Gobierno de España, Yolanda Díaz, llegue a tiempo para las elecciones andaluzas.

La unidad tampoco es la tónica dominante en Cs, cuyo futuro pende de un hilo tras la paulatina desintegración de la formación que en la región le haría perder la inmensa mayoría de los 21 escaños con los que gobierna al alimón con el PP. El polémico audio de Juan Marín sobre los presupuestos le ha llevado a una situación límite y se ve como una de las escasas soluciones la alianza electoral con los populares.

La llave naranja pasaría a Vox, según los sondeos, y se refleja en el ansia electoral de la fuerza de derecha. Está por confirmar si su candidata será Macarena Olona después de que no hayan tenido buenas experiencias con liderazgos como el que estrenó el juez Francisco Serrano.

Sea lo que fuere, las elecciones están a la vuelta de la esquina y la legislatura difícilmente pasará de los tres años y medio de duración.