Se coloca un gorro y gafas oscuras para no ser reconocida. Su nombre ficticio es María, ronda los 30 años y el pasado sábado confiesa que «no pudo más» y abandonó su casa, en la que vivía con dos de sus tres hijos menores porque su expareja, que vive en el mismo recinto y tiene una orden de alejamiento de 100 metros, la amenazó de muerte.

Desesperada, se fue «a la otra punta de Málaga» y se metió en el piso sin muebles de una promotora, pero los vecinos protestaron y la Policía Nacional la desalojó y ha tenido que volver a ser vecina de su agresor.

Ayer, la ONG Abanico Solidario y Verdes Equo Málaga apoyaron delante del Ayuntamiento de Málaga a esta joven que, como ella misma explica, ha sufrido maltrato desde los 13 años, cuando empezó la convivencia con su expareja.

«Desde los 13 años he sufrido maltrato con él: insultos, guantazos, tirones de pelo y puñetazos».

«Desde los 13 años he sufrido maltrato con él: insultos, guantazos, tirones de pelo y puñetazos».

Pese a que más de una vez se contuvo para no denunciarle, estando embarazada de su tercer hijo, que hoy tiene 2 años, descubrió que su pareja la engañaba con una amiga. La reacción del hombre fue propinarle un golpe.

Para colmo, el nacimiento de este hijo, «más blanquito que el resto, porque mi expareja tiene la piel muy morena» le valió insultos y acusaciones de que no era suyo. «Me llamaba puta, me tocó el amor propio y el de mi hijo y me separé», cuenta.

Con la separación denunció a su expareja y llegó un cambio de vida para María, que recuperó la autoestima con resultados evidentes: «Antes pesaba 130 kilos, empecé a adelgazar, a pensar en mí, a sacarme mi carné de conducir y a rehacer mi vida».

En los juzgados vino primero una orden «verbal» al marido y a continuación la orden de alejamiento de cien metros, que, subraya María, él no cumple, con el agravante de que viven en la misma urbanización.

Además, María conoció a otra persona y eso fue lo que desató la última amenaza de su expareja: «Se enteró y se puso totalmente descontrolado, subió a la casa y me dijo que nos iba a cortar el cuello».

Por ese motivo, la joven abandonó su casa y se buscó otra vivienda. «En un principio la Policía Local me dijo que me podía quedar pero no así la Nacional».

Se da el caso, explica María, de que en su día hasta la misma Policía Nacional que la atiende como mujer maltratada le aconsejó que no viviera tan cerca de su antigua pareja.

La joven, ayer, delante del Ayuntamiento. A.V.

Ahora, de vuelta a la vecindad con su maltratador, explica que su hija mediana de 10 años acude al psicólogo, porque tanto el padre como la abuela -la suegra de María- le comentan que su madre «es una puta».

«Yo sólo pido un piso en alquiler, que pagaría; aunque sólo sea una habitación, es lo que necesitaría»

Con esta situación, la joven teme por su integridad física y la de sus hijos y explica que, aunque cuenta con una ayuda municipal al alquiler, no ha conseguido piso todavía.

«Yo sólo pido un piso en alquiler, que pagaría; aunque sólo sea una habitación, es lo que necesitaría», subraya con lágrimas.

Reacciones

Ayer, Rosa Galindo, de Verdes Equo Málaga, quiso por un lado felicitar a los agentes de la Policía Nacional de la Unidad de Violencia de Género «por el trabajo maravilloso que están haciendo» y por otro, criticar la actuación de la propia Policía Nacional que hace unos días desalojó a María y sus pequeños.

«Se alegó allanamiento de morada y no fue así, se trataba de la vivienda vacía de una promotora que no tenía ni muebles y se tenía que haber seguido el procedimiento para estas situaciones», destacó. Rosa Galindo denunció que se vulneraron los derechos de los menores y la madre «y se puso en peligro su integridad física».

Por su parte Francisco Álvarez, de Abanico Solidario, quiso felicitar al concejal de Derechos Sociales y Vivienda, Francisco Pomares, quien ayer se acercó a la concentración en apoyo de María e informó a la ONG de las gestiones que está realizando para tratar de encontrar una solución para la joven, una madre para la que un alquiler sería vital