Los narcos transoceánicos piensan en toneladas y en millones de euros, pero se mueven a la velocidad de los nudos, una forma distinta de concebir el espacio y el tiempo que casi siempre les permite llevar unas millas de ventaja. Si el año pasado la Policía Nacional descubrió que en Marbella ya había organizaciones que habían invertido la ruta africana de la cocaína para transportar hachís marroquí a Sudamérica en veleros, uno de sus últimos grandes golpes en el Atlántico ha revelado una nueva versión. Los traficantes europeos que importan polvo blanco por esta vía ya exploran la opción de aprovechar los viajes de ida al Caribe para exportar grandes cantidades de ‘chocolate’ a Sudamérica. Así le consta al Greco Costa del Sol, sección que en los últimos meses ha liderado la aprehensión en alta mar de cuatro alijos de cocaína cuyo valor se aproxima a los 200 millones de euros.

Durante la investigación Midas-Ballestrinque, culminada con la intervención de 2.700 kilos de ‘nieve’ en un velero cerca de las Azores, los agentes supieron que el plan inicial de los investigados, liderados por un holandés asentado en Mijas, era salir de Canarias con una importante partida de hachís y dejarla en algún punto de Sudamérica antes de ir a la isla caribeña de Granada para recoger la cocaína y regresar a Europa. Los problemas de la embarcación con la que pretendían ejecutar la descomunal misión les obligó a descartarla y adquirir el Goldwasser, el barco finalmente interceptado, para centrarse únicamente en la segunda parte de la travesía.

Los investigadores aseguran que sin alijo no hay datos objetivos, pero la llegada del hachís de Marruecos al nuevo mundo es una realidad desde hace tiempo. La situación geoestratégica tricontinental de las Islas Canarias y Cabo Verde las convierten en un trampolín perfecto para conseguirlo. Sobre todo a través de Brasil, un país con casi 7.500 kilómetros de costa y cuyas autoridades ya han interceptado varios veleros procedentes de África y Europa cargados con una mercancía que allí se paga como el oro. Como ya informara La Opinión hace algo más de un año, a la Policía Nacional le consta que el kilo del mejor género marroquí puede pagarse allí prácticamente al mismo precio que el de cocaína, mucho más accesible en Sudamérica que en Europa. Esto permitiría a las organizaciones de ambos continentes llegar a acuerdos para intercambiar una mercancía por otra o parte de ella (también necesitan liquidez) y facilitar los procesos de financiación de los envíos al viejo continente.

Indetectables

Para el Greco Costa del Sol no hay medio de transporte marítimo de cocaína a gran escala más difícil de detectar que el velero. Después de más de 30 años utilizándolos para cruzar el charco, los narcos siguen apostando por un modus operandi que cuenta con muchas posibilidades de éxito siempre y cuando sus intenciones no hayan sido detectadas antes de que la embarcación inicie la ruta. En caso contrario, y salvo casos puntuales, el velero que alcanza altamar para atravesar el Atlántico se convierte en una gota más del océano. No hay medios para controlar el tráfico que este tipo de yates privados genera diariamente en las vastas aguas internacionales. Sin embargo, al timón no ponen a cualquier paria. Eligen tripulaciones como las del Goldwasser, capaces de adentrarse en un huracán de categoría 4 y olas de 9 metros para asegurarse de que nadie les sorprenderá por popa. Equipos que compiten en regatas, liderados por patrones de contrastada experiencia trasatlántica y cuyo caché sube como la espuma por cada viaje que culmina con éxito. Los investigadores aseguran que un buen equipo, en el que domina la presencia de marineros británicos, belgas, estonios y búlgaros, puede cobrar hasta el 30% del valor de la mercancía que consiguen poner en suelo europeo. Si no lo consiguen, otro tipo de historia se inicia lejos del páramo azul.