Tras un ensayo sobre Porfirio Smerdou y los refugiados de Villa Maya y una anterior novela, el abogado Félix Álvarez, en el Colectivo Malagueño de Escritores, publica ‘Entre las once y las doce’ (Hebras de tinta), una didáctica reivindicación de la ‘tercera España’ con una historia de amor de fondo.

 ¿Cómo nace esta novela con la Guerra Civil en el retrovisor?

Durante el confinamiento decidí que se daban las circunstancias para poder dar un empujón a una idea que siempre estaba en mi cabeza: me preocupa el tema de la memoria histórica.

¿Cómo aborda esa memoria?

Soy un firme convencido de que los españoles, durante la Transición, hicimos una labor de reconciliación y perdón pero me temo que ahora, aunque soy partidario de algunos aspectos de la memoria histórica, no desearía que se aprovecharan para hacer un revisionismo de la Historia.

¿De qué aspectos sí es partidario?

De excavar las fosas, de que se les dé sepultura digna a todos los que estén en lugares desconocidos. También soy partidario del banco de ADN, un instrumento para conocer a los familiares, pero hay otras cuestiones de las que ya no soy partidario porque no sabe uno hasta qué punto están presididas por una intención lícita, honesta y de reconciliación o más bien de revanchismo.

En esta novela, un militar del bando nacional y una mujer, hija de un combatiente republicano, empiezan a conocerse mucho después de la Guerra y derriban sus prejuicios.

La relación está muy condicionada por la memoria. El problema no está cuando se dialoga, el problema está cuando se reprocha, ahí es donde surgen los conflictos. La novela deja algunos interrogantes abiertos e invita a reflexionar.

¿En quién ha pensado al escribirla?

Pese a que con mis hijos he hecho notables esfuerzos porque conozcan la Guerra Civil, es un episodio del que no saben prácticamente nada. En cierta manera es un manual para tratar de aproximarme a ellos y creo que podría ser bien acogida en el ámbito escolar. Y en líneas generales está pensada también para un público que quiera saber de la Guerra Civil y la posguerra.

Cada protagonista cede en su visión del pasado para dejar espacio a la del otro.

Me interesa conocer cómo se vivía el conflicto en la retaguardia, reflexionar cómo lo viven los que, sin estar en el frente, sufren la enemistad entre vecinos, transformada en odio y rencor. En mi novela no hay tiros ni bombas, solo escasez y hambre. La sangre no es de color rojo ni brota por el cuerpo: el miedo la hiela. Los gritos por el pánico son contenidos y los suspiros apagados. Pretendo que el lector, tras su lectura, reflexione y yo por mi parte lo que hago es brindarle los argumentos que esgrimen cada uno de los protagonistas, con el fin de que descubran que todos siempre tenemos razones que justifican nuestra postura pero también las tienen los demás.

Entre la visión del blanco y en negro, las gamas intermedias.

Es que es evidente que la contienda se desencadena por el golpe de Estado del Ejército pero eso no significa que fuesen los únicos responsables; es como si en un conflicto entre dos hermanos por una herencia familiar culpásemos solo a uno de los hermanos, lo más probable es que ambos no hayan sabido acometerlo y ambos son causantes de la discordia con su actitud de intransigencia. Tampoco podemos culpar a un solo bando por una simple cuestión geográfica, porque muchas de las personas no eligieron bando sino que en función del lugar del territorio en que se encontraban en el momento en que estalló la guerra se vieron obligados a posicionarse. Además, a mi juicio en el año 36 la polarización del país era tal que quizás la guerra fue inevitable, pero este es otro tema.

En esta obra sienta a las dos Españas en un banco del parque madrileño del Retiro y de ese escuchar al otro y transigir surge la ‘tercera España’.

Qué duda cabe que los que apostamos por la conciliación y la palabra como una manera de conocernos y aceptarnos damos la bienvenida a cualquier guiño por el que la palabra sirva para eso. Cada vez que oigo la frase ‘la tercera España’ me encanta porque me trae a la memoria al periodista Manuel Chaves Nogales y el prólogo famoso de su libro de relatos ‘A sangre y fuego’. Creo que esa tercera España es la que tendríamos que convertir en la única España y que es verdad que los españoles, desde la Transición, hemos demostrado una capacidad de acercamiento. Ahora mismo en el Gobierno hay una fuerza política con dos ministros que se proclaman abiertamente comunistas y no pasa nada.

¿Qué piensa de los partidos que quieren tocar la Ley de Amnistía de 1977?

Derogar la Ley de Amnistía es una estupidez por muchos motivos. ¿Qué impidió la persecución de muchos delitos?, fue un borrón y cuenta nueva porque nos sentamos con el propósito de construir. Creo que el objetivo último de algunas fuerzas nacionalistas es hacer desaparecer la Transición y de paso cargarse la Monarquía.

¿Cómo marcha la reivindicación de la figura del cónsul mexicano Porfirio Smerdou, a través de la fundación que preside?

Seguimos batallando a ver si se materializa lo que decidió el pleno municipal en 2019: la concesión a Porfirio Smerdou de la medalla como Hijo Adoptivo de Málaga.