Al profesor y filólogo madrileño Ramón Crespo, el desembarco en el Instituto El Palo en 1986 le abrió las puertas a un mar desconocido de saberes. En el caso del abogado malagueño Pablo Portillo, el flechazo le alcanzó en 1973 cuando, siendo un niño «de pantalón corto», su padre, Pedro Portillo, le llevó a contemplar una regata. En cuanto al paleño José Antonio Mellado, jabegote y sobrino de populares cenacheros de Málaga, su vida ya era el rebalaje.

Los tres amigos se han coordinado para, tras cinco años de duro trabajo, ‘botar’ a las librerías de Málaga lo que en términos cinéfilos sería una ‘superproducción de Hollywood’, una obra de más de 800 páginas en la que han logrado compendiar el ancho mundo de la jábega y que han titulado ‘Abecedario incompleto de la jábega y sus contextos’ (Ediciones del Genal, 35 euros). Lo de 'incompleto', resaltan, se debe a que «el libro sigue abierto, porque sobre la jábega queda tanto por decir...», como reza el colofón de la obra.

Los autores han elegido como portada un marengo anónimo en la playa de la Malagueta en 1947, una instantánea que forma parte de un desconocido tesoro fotográfico proporcionado por Javier Martínez de Ubago: la colección de imágenes tomadas por Luis Bellón, que tres años más tarde publicaría su reconocida obra ‘El boquerón y la sardina de Málaga’.

Barca de jábega en la playa de las Acacias en 1918, la primera ocasión conocida en la que se fotografía el famoso ojo de la embarcación. Archivo Emilio Rennes

Además, en el lomo de esta obra con hechuras de gran enciclopedia mira fijamente al lector un ojo que es el primero que se tiene constancia de haber sido fotografiado en una barca de jábega, procedente de una fotografía de Emilio Rennes, tomada en 1918 en la playa de las Acacias.

En cuanto al contenido, de las más de 110 entradas del abecedario se ha encargado Ramón Crespo, que explica que ha tomado como base el glosario que en 2002 realizó Pablo Portillo. «Ha sido el embrión, Pablo me dio permiso para desglosar el léxico, gramaticalizarlo, poner el uso, el habla...», detalla.

Entre ese caudal de palabras, algunas tan pegadas a la playa como ‘copo’, ‘lance’, ‘jabegote’, ‘mandaor’ o ‘subasta’. Y por supuesto, se llevan muchas páginas las acepciones ‘barca de jábega’ y ‘jábega’. Al respecto, la obra recoge la primera aparición documental de ‘jábega’, de 1369,en un texto zaragozano en el que hace referencia al herpil (saco de red con mallas anchas) con el que se sujetaba la paja de las carretas. Es decir, que su evidencia más antigua tuvo lugar tierra adentro, antes de llegar al mar y, por extensión del arte de pesca, pasar a denominar también la embarcación.

Bautizo y botadura de la barca de jábega ‘Carmen y Gloria’ en Pedregalejo, en 2016. Club La Espaílla. Pepe Cano

El filólogo madrileño considera, por cierto, que se ha «mitificado a la barca» y que este trabajo supone «una revisión crítica del pasado para sentar las bases del futuro, que es lo que queremos». Y para empezar, la barca de jábega no es exclusiva de Málaga y ejemplos dan los autores de embarcaciones muy similares en varios puntos del litoral español, portugués y francés, entre otros.

Además, la obra cuenta con las vivencias de José Antonio Mellado, que nació en un barrio cuyo horizonte, durante su infancia, estuvo repleto de barcas de jábega y sardinales. Aunque como explica, «en la barca éramos tantos a repartir y el dueño se llevaba tanto, porque decía que aterciaba pero se llevaba la mitad, que era mejor ir al boliche, al chanquete, porque íbamos tres nada más».

«José Antonio ha sido quien nos ha puesto el lubricante, la sal y la pimienta, porque nosotros somos librescos y él le ha puesto el condimento», explica Ramón.

El otro ‘libresco’, Pablo Portillo, se ha encargado de desarrollar ‘los contextos’, temas amplios relacionados con la jábega como su posible origen fenicio, las conserveras malagueñas de pescado, el conflicto entre pesca industrial y artesanal, la Virgen del Carmen o la evolución de la barca de jábega «del copo a la regata». Tras la prohibición en 1984 de la pesca con la jábega, se acelera esta evolución hasta la ‘neobarca’ actual de competición.

«Estéticamente y morfológicamente sí es la barca de jábega, lo que pasa es que ha habido una transformación», precisa Pablo Portillo.

Los carpinteros de ribera Julián (izq,) y Salvador Almoguera, en plena construcción de una chalana de fondo plano hacia los años 80. Archivo Pepi Almoguera

Los autores quieren aprovechar para reconocer el trabajo de carpinteros de ribera como los hermanos Salvador y Julián Almoguera o José Pedro González, responsables de este «renacimiento» de la barca, «porque está sobreviviendo, mientras que otras embarcaciones artesanales no lo han hecho», argumenta Ramón.

Y en el terreno de los reconocimientos, además de dedicar el libro a sus respectivos padres y a todos los jabegotes, no se olvidan de un marengo muy querido como Manuel Ibáñez, fallecido a comienzos de este año y que fue colaborador gráfico de la obra.

La ingente enciclopedia sobre la jábega querría ser también una llamada de atención sobre este elemento histórico de Málaga que, lamenta Pablo Portillo, no cuenta aún con ningún tipo de protección cultural y sigue sin ser objeto de tesis universitarias.

Esta obra «académica, técnica y divulgativa», explica el abogado, se presentará este martes 21 a las 19 horas en la Sociedad Económica de Amigos del País, aunque los autores confiesan que están deseando presentarla en las playas de Málaga a quienes han trabajado, sufrido, competido y soñado con la jábega.

Varando la barca en la playa de Pedregalejo hacia 1960. Archivo Phil Slight