Salvador Cobos es un artista malagueño que revive a los grandes pintores de la Historia del Arte gracias a su destreza con los pinceles.

Del Renacimiento al Barroco y  de ahí a los pintores de la Málaga del XIX y a las vanguardias del XX, no hay manifestación artística que se le resista a este malagueño, que asombra por su técnica como copista sin fronteras.

Para dar fe, muestra la copia que acaba de realizar de ‘Las señoritas de Avignon’, la famosa obra con la que Pablo Ruiz Picasso rompió las reglas del arte establecido y que es lo último que ha salido de su taller, en la casa de su hija Trini, en el Puerto de la Torre, con quien vive.

«Me estoy acercando a la edad de Picasso, para el arte no hay edad, uno puede estar pintando con un pincel en la boca», argumenta este afable malagueño de la cosecha de 1930.

Como confiesa, «todo el tiempo estoy nada más que pensando en la pintura, no paro con la mente, para mí la pintura es la mejor terapia», destaca.

Armado con sus pinceles pasó el confinamiento y pasa esta época de mascarillas y distancia de seguridad. Hace lustros que Salvador Cobos muestra su arte en numerosas exposiciones, la más celebrada de todas, la de sus copias de Velázquez, un pintor que admira y del que ha plasmado 13 de sus obras, incluida ‘La educación de la Virgen’, el lienzo descubierto en 2010 en un almacén de la Universidad de Yale.

Pincel en mano con la copia de ‘Las Meninas’ de Velázquez. Arciniega

Cuando se le pregunta qué maestro es más difícil de reproducir, responde sin dudar que Picasso. «Es más difícil porque tú ves un cuadro de Picasso y tiene muchos tonos de colores, hasta las carnes tienen diferentes tonalidades», remarca.

De su paisano pintor ya copió su ‘Mosquetero con espada’, una labor que, confiesa, le costó «sudores».

Un mes ha tardado en completar ‘Las señoritas de Avignon’, que en su versión es bastante más pequeño que el original, por cuestiones de espacio, y mide 70 de alto por 60. «El original tiene dos metros y pico, no era plan», recalca y explica que eligió esta obra porque le atraía una mescolanza de rostros que a Salvador Cobos le evocan caras africanas pero también asiáticas. «Yo no sé si Picasso podría repetir un cuadro igual», resalta.

También ha reproducido el techo del Teatro Cervantes. ARCINIEGA

En su caso, la técnica para copiar un cuadro de una manera tan certera no tiene nada que ver con pintar a ojo sino con las matemáticas: Se basa en unas cuadrículas de acetato con las que divide el lienzo, para reproducirlo lo más exacto posible y como en este caso, a un tamaño menor que el original.

«Según la media del cuadro lo divido y encajo todas las cuadrículas», precisa. En esa primera versión, Salvador Cobos dibuja con lápiz y a continuación, encima con tinta china. El tercer paso es borrar el lápiz, «se queda la tinta china y sobre eso voy pintando por partes».

Gran conocedor del arte de su paisano, se ríe cuando escucha el clásico comentario despectivo de que algunos cuadros de Picasso podría pintarlos un niño, como decían ciertos críticos. «Que lo pinte», reta y subraya: «Picasso es un genio de la pintura. Si coges un cuadro de él y lo pones boca abajo o de costado, lo ves».

Tardó siete meses y medio en concluir la copia de 'La rendición de Breda' de Velázquez

Además de haber plasmado las más famosas obras de Velázquez, entre ellas ‘La rendición de Breda’ que le llevó siete meses y medio de trabajo, en 2012 se atrevió con ‘La Gioconda’ de Leonardo da Vinci. Todo comenzó porque su hija visitó el Louvre y le trajo de recuerdo una postal grande de la obra.

En enero de 2013 comentaba a La Opinión de este reto: «Me he aproximado al máximo porque lo difícil es ese ‘sfumatto’ que tiene, ese fundido que hace que no sea una pintura plana sino con volumen».

Contemplando su copia de ‘La Gioconda’ en un comercio de calle Nueva, en 2013. ARCINIEGA

Además, entre las obras de los pintores de la Málaga del XIX que ha copiado se encuentran la ‘Decapitación de San Pablo’ de Simonet y del mismo autor su famosa ‘¡Y tenía corazón!’.

Por otra parte, en casa de su hija se encuentra -a tamaño reducido, claro- la conocida alegoría del techo del Teatro Cervantes, obra de Bernardo Ferrándiz, que también ha salido de sus pinceles.

La vocación de Salvador Cobos por la pintura es muy temprana, pues a los 9 años ya ingresó en la Escuela de Bellas Artes de calle Compañía, aunque por no tener la edad reglamentaria tuvo que abandonarla pronto.

Después de una vida profesional muy intensa dedicada a las empresas de construcción y a la distribución del recordado diario ‘Sol de España’, fue al fallecer su mujer cuando en los años 90 redescubrió la pintura y se volcó en su vocación.

Desde entonces, el artista malagueño no ha dejado de recrear a los grandes maestros.