En 1899 la Sociedad Propagandista del Clima ya planteó un ‘paseo de montaña’ alrededor del Monte Gibralfaro como atracción turística.

Habría de pasar casi medio siglo, hasta la segunda mitad de los años 40, para que se hiciera realidad, como nos recuerda el arquitecto malagueño Daniel Barrera en una estupenda monografía que conjuga el Urbanismo y el Turismo con el Patrimonio en Málaga.

En nuestra ciudad, pese a los cíclicos anuncios que prometen agilidad administrativa, la gran mayoría de los proyectos tardan lustros y décadas en fraguarse, si es que no se extinguen de forma definitiva. Las obras del metro, que han batido todas las marcas de atraso, son un ejemplo.

En 2008, la Asociación Cultural Zegrí planteó en La Opinión una interesantísima idea como alternativa al por fin logrado ‘paseo de montaña’: la unión ‘turística’ entre la Alcazaba y Gibralfaro, para ofrecer una oportunidad real de visitar los dos monumentos sin que se te vaya un día entero en completar la hazaña.

Como saben, el panorama actual es bastante descorazonador porque alguien que visite la Alcazaba, a continuación tiene que bajar hasta la entrada al monumento y volver a subir, en este caso por el Paseo de Don Juan Temboury hasta coronar Gibralfaro.

Durante el ascenso, además, deberá lidiar con las rampas de pizarra y andarse con tiento si el día está lluvioso o si su calzado no es el adecuado para este tipo de suelo e inclinación.

Para colmo, en mitad del camino le aguardan los restos maltratados del Mirador de Gibralfaro, una atracción turística que lleva años en un estado penoso, olvidada de nuestros cargos públicos, que se ve que no tienen tiempo ni ganas para inspeccionarla por ellos mismos.

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La Alcazaba y Gibralfaro volverán a conectarse peatonalmente por La Coracha Álex Zea

Zegrí proponía que los visitantes pudieran subir y bajar directamente por la coracha terrestre, el doble pasillo amurallado que conecta los dos monumentos. Felizmente, y 13 años después, la concejala de Cultura, Noelia Losada, ha recogido el guante y presenta una propuesta factible y respetuosa, porque no plantea que los turistas caminen por las murallas sino por el camino -un futuro jardín con senderos- y porque la plataforma napoleónica para cañones que interrumpe la comunicación -un rústico bancal de cuatro metros- se salva con una escalera.

Serían 250 metros con vistas maravillosas de Málaga. Una alfombra monumental para la que, confiemos, las administraciones pertinentes no pongan muchos problemas y podamos tenerla antes de una década. Crucemos los dedos.