En el siglo XIX las naciones europeas, espoleadas por las ansias coloniales, acabaron con buena parte de la ‘terra incognita’ que, como agujeros negros, jalonaba los mapas de la antigüedad.

Las ganas de explorar fueron el fundamento literario de Julio Verne, que nos dejó un carro de novelas en las que sus protagonistas ejercían de antecesores del baúl de la Piquer.

En nuestros días, tras otra buena tanda de exploraciones durante el siglo XX, poco hay en la superficie de la Tierra que quede sin hollar y de hecho, pensemos en el lugar más remoto del planeta y por allí aparecerán, la semana que viene, Jesús Calleja y algún rostro famoso.

Sin embargo,no todo está perdido. Pese a que estamos en la era del Google maps, sin necesidad de irnos a la monarquía absolutista de Corea del Norte, donde lo mismo queda algo por descubrir, al menos podemos encontrar horizontes poco hollados por nuestros cargos públicos en la miríada de solares que, en Málaga, duermen el sueño de los justos.

A la espera de que el príncipe o la princesa de alguna administración pública los despierte con un simbólico beso presupuestario, en la calle Joaquín de Gaztambide, en La Virreina Alta y enmarcado por las calles dedicadas a Alexander Puskin y Bruckner, tenemos uno de estos ‘agujeros negros solariegos’.

Se trata de un ejemplo tan sangrante como veterano, porque parece que lleva toda la vida en estado de abandono; al menos desde que se construyó la urbanización.

La parcela, que no es la primera vez que aparece en esta sección, tiene al fondo la réplica de la casa de la Virreina.

Y aunque no disfruta de nieves perpetuas porque no es el Kilimanjaro, sí que cuenta con ‘escombros perpetuos’, que se van renovando o acumulando gracias a un sinfín de mamíferos bípedos que aprovechan los escuálidos restos de un cañaveral y la entrada de un aparcamiento ‘provisional’ para depositar sus dones sin descanso.

De este modo, sea el día del año que sea, es altamente probable encontrar el desazonante panorama de la foto de hoy, tomada el mes pasado (un vecino confirmaba ayer a esta sección que los escombros habían aumentado).

El PGOU califica este solar como zona comercial y en su mayor parte como equipamiento. Una nebulosa leyenda que pulula por el barrio asegura que la parcela durmiente despertará algún lustro para albergar un centro de salud prometido por la Junta. Ojalá algún día este cuento tenga final feliz.

Venturosa Navidad.