Theresa Zabell (Ipswich, 1965) sostiene que no se es de donde se nace sino de donde se hace. Ella se hizo en Málaga, en la Costa del Sol, bañada por un mar Mediterráneo donde probó la vela por primera vez. Ese deporte la llevó a lo más alto del cielo olímpico, con dos medallas de oro, Barcelona 92 y Atlanta 96, además de contar con cinco campeonatos del mundo, tres europeos y más de una decena españoles. Cuando se retira en 1998, decide que es la hora de devolver al mar todo lo que a ella le dio y crea Ecomar, la fundación con la que lleva 23 años defendiendo el medio ambiente, y que ha sido homenajeada con el Premio Valores Sostenible del diario Sport, perteneciente a Prensa Ibérica.

En 1998 decide retirarse habiendo tocado el cielo olímpico en vela y al año siguiente funda Ecomar. ¿Fue una forma de devolver al mar todos los éxitos?

Sí. Yo creo que todas las personas a las que la vida nos ha sonreído tenemos el deber de retornarlo para que otras también se puedan beneficiar. Cuando me retiré de la vela olímpica después de haber cumplido mi sueño de niña de ir a los juegos, fui a lo más alto del cajón del podium y encima repetirlo, no podía estar más que agradecida con todas las personas que me habían ayudado a llegar hasta ahí. Ecomar es una manera de devolverlo al mundo del mar, que me apasiona, que me lo ha dado todo y que a lo largo de esos años empecé a ser consciente de que estaba en peligro y que, si no lo cuidábamos, íbamos a sufrir las consecuencias todos nosotros.

¿Qué balance hace de estos 23 años de su fundación?

Un balance tremendamente positivo. Cuando empezamos jamás pensé que iba a ser un proyecto tan a largo plazo. Al principio, muchas personas no entendían qué era lo que perseguía la fundación Ecomar porque hace 23 años eso de cuidar el mar y el medio ambiente no estaba de moda o no considerábamos que fuese una necesidad. Ahora estamos en pleno auge y lo más importante es que hemos conseguido que mucha gente sea consciente de la necesidad de cuidar el mar. Muchas personas son conscientes de que hay un problema, con lo cual, entre todos buscaremos la solución.

¿Hubo un momento en su vida, como deportista de élite o como ciudadana que disfruta del mar, en el que se encendiera la bombilla y pensase que había que hacer algo?

No hubo un momento concreto sino una situación que se fue construyendo a lo largo de los años de mi carrera deportiva. Yo recuerdo ser una niña aquí en Fuengirola, salir a navegar y ver cosas flotando en el mar. Me preguntaba a mí misma si eso debía de estar allí y cuando esta pregunta se la formulaba a los adultos, me miraban como diciendo ¿esta niña que nos pregunta? «Si esto no tiene que estar aquí, ¿por qué no hay nadie que haga algo?» Esa pregunta nunca se me llegó a contestar porque no había respuesta en ese momento. Y cuando navegas en mares de todo el mundo y en países de los cinco continentes empiezas a ver que hay diferencias culturales y de esas diferencias yo quería que España se beneficiase de poder hacerlo de la mejor manera posible.

2020 fue un año de parálisis debido a la pandemia . ¿Ha beneficiado o perjudicado al mar?

Al principio hubo mucha gente que empezó a pensar que este parón era muy beneficioso para el planeta, para el medio ambiente, pero la realidad es que, a la larga, está siendo bastante perjudicial. Sin ir más lejos, cada año están llegando al mar como 72 millones de mascarillas solo en España. Esto es algo que no ocurría y una mascarilla está hecha de diferentes materiales, entre ellos, microplásticos. Luego, nos hemos acostumbrado también a utilizar muchísimos productos químicos agresivos como es la lejía para limpiar calles, y el destino final de todo es el mar. A la que llueve, ese agua llega al mar y lleva consigo todo lo que encuentre por el camino, que puede ser una botella de plástico, una mascarilla pero también pueden ser muchísimos productos no visibles al ojo humano como la lejía, el exceso de jabón que usamos para lavar la ropa con temperaturas muy altas para desinfectarlas, que sueltan nanofibras que llegan al mar… al final todo esto nos lo encontramos en el plato y nos lo estamos comiendo. Es un problema circular al que tenemos que poner remedio.

Theresa Zabell, fundadora y presidenta de Ecomar Álex Zea

¿Cree que la pandemia ha desplazado el foco de la crisis climática?

Sin duda. En la COP25 que se celebró en Madrid en 2019, los científicos llegaron a la conclusión de que nos quedaban 10 años para revertir la situación de este planeta y de esos 10 años han pasado ya dos. Dos años en los que no hemos estado centrados en este problema, hemos estado centrados en combatir la pandemia del Covid. Cosa lógica, pero esto es igual que los exámenes del colegio. Si lo preparas con tiempo, llegas de una manera cómoda y si vas al último día, pues llegas sofocado. Lo tenemos que plantear así, le tenemos que dar la prioridad que se merece.

Después de más de 20 años luchando por la salvaguarda de los mares, ¿cuál es ahora su prioridad?

Mi prioridad es seguir trabajando con más fuerza que nunca, recuperar lo que hemos perdido durante estos últimos dos años debido a los efectos de la pandemia, que hemos sufrido mucho como casi todas las asociaciones, empresas… en cuanto a presupuesto y abrir nuevas vías para llegar a todas las personas. Es un problema que nos afecta a todos y nos tenemos que involucrar todos, así que estamos ya con planteamientos de hacer nuevos proyectos, hemos puesto en marcha una campaña de Socio Ecomar para que cualquier ciudadano se pueda sumar a nuestra causa e incluso venir a participar en nuestras actividades. Como somos una fundación reconocida, el 80% de lo que aportan se les va a desgravar de la declaración de la renta. Es un coste muy pequeño para las personas y un beneficio muy alto para la sociedad.

Usted probó la vela por primera vez en el Mediterráneo, una de las zonas más vulnerables frente al cambio climático, por el que arrastra un problema de tropicalización y de especies invasoras. En una situación tan extrema, ¿se puede pensar que se ha llegado a un punto de no retorno o es posible revertirlo?

Todavía podemos, en eso soy optimista. Lo que pasa es que no podemos seguir tratándolo de esta manera porque llegaremos en el Mediterráneo a un punto de no retorno mucho antes que en un mar más grande o en un océano, como puede ser el Atlántico. Yo siempre digo que lo que ha pasado en el mar Menor de Murcia no es más un reflejo de lo que pasará en el Mediterráneo unos años más tarde si seguimos comportándonos de esta manera. ¿Estamos ahora mismo a tiempo de actuar y de evitarlo? Sí, pero si nos implicamos.

Defiende la importancia de educar en valores y «cerrar el grifo». ¿Está la salud del planeta en buenas manos con las próximas generaciones?

Las próximas generaciones vienen mucho más concienciadas de lo que lo estábamos nosotros cuando éramos pequeños. Por eso nosotros también trabajamos con niños, porque cuando tú quieres cambiar la forma de pensar de la sociedad, te tienes que ir a las personas cuando están en un estado receptivo. Y los adultos tenemos unas ideas muy preconcebidas. Cuando trabajas con los niños, les explicas el problema y cómo tienen que actuar ellos; tienes a una persona ya concienciada, educada y que se sube al barco del planeta desde muy pequeño y navega contigo toda la vida. Eso es lo que nosotros pretendemos.

En corto

  • Usted ha pasado toda la vida rompiendo techos de cristal como deportista, llegando a puestos directivos dentro del Comité Olímpico, creando su propia fundación. ¿Qué siente cuando echa la vista atrás? Cuando echo la vista atrás lo veo con orgullo. A veces me parece que estoy mirando la carrera profesional y personal de otra persona y no la mía. Cuando yo empecé a navegar, la vela femenina no existía, luego empecé a competir y competía contra los chicos, soñé con ir a unos sueños olímpicos cuando las mujeres no podíamos ir porque no había evento para nosotras… todo esto se cuenta y parece que estás hablando de hace 100 años y no, es mi vida. Desde que he ido consiguiendo cumplir mis sueños, luego siempre he procurado ayudar para que otras personas, chicas y también chicos puedan cumplir los suyos. Yo creo que eso es lo más bonito, que lo que uno haga sirva también, no solo como inspiración y motivación, sino como plataforma para aportar y que las demás personas lo encuentren más fácil.

¿Falta voluntad política?

Más que falta de voluntad política, echo en falta más coordinación entre los diferentes estamentos. Creo que los políticos, sean del partido que sean, son conscientes de que el medioambiente es un pilar fundamental, hay que cuidarlo, pero todavía estamos aprendiendo mucho.

Después de retirarse, llegó a ser eurodiputada por el PP. Entonces hacía política por y para el deporte. ¿Se plantearía retomarlo por la defensa del medio ambiente?

No lo tengo previsto. Sí es cierto que hice una etapa en el Parlamento Europeo cuando el deporte empezó a formar parte de las instituciones comunitarias y había que sentar las bases , incluirlo en el tratado de la Unión y diseñar los programas comunitarios en torno al deporte. Al principio fui un poco por responsabilidad; tengo que reconocer que la experiencia me gustó mucho, pero en ningún momento me planteé hacer una vida dedicada al mundo de la política. Hice mi etapa como había convenido y luego me volví. Desde el punto en el que estoy y presidiendo una fundación en la que cuidamos el mar, podemos seguir apostando y, evidentemente, las personas que hay en la política saben que cuentan conmigo para sumar.

Ecomar opera en España y en Portugal. ¿Tiene en mente seguir expandiéndose?

Sí, nos gustaría expandirnos a otros países, de hecho estamos ahora valorando posibilidades de poner un pie en Estados Unidos, que era una de las vías de desarrollo que estábamos trabajando justo cuando llegó el Covid. Ha habido que aplazar un poco pero esta es nuestra intención, veremos si se hace realidad.

¿Qué objetivo se marca para el 2022?

Seguir llegando cada vez a más personas y seguir influyendo en las políticas activas del cuidado de nuestros mares pero, sobre todo, a través de los ciudadanos. A nosotros nos gusta educar, concienciar y nos gusta llamar a la gente a la acción. Al final, cuando una persona entiende el problema, puede formar parte de la solución. Por un lado está legislar, prohibir… pero si nosotros sabemos lo que hay que hacer, no hace falta que nos prohiban nada.