Hace un mes que el mundo mira con preocupación el avance de ómicron, la variante del coronavirus que, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en tan solo unas semanas se ha expandido a un centenar de países y ha disparado el número de contagios. Pero, ¿qué sabemos del riesgo real de esta variante? Los primeros estudios apuntan a que este linaje es mucho más transmisible que sus predecesores pero, a su vez, parece que provoca síntomas menos severos. El riesgo de la ómicron, apuntan los expertos, no es tanto que provoque una enfermedad más grave sino que, debido a la explosión de contagios, el virus vuelva a colapsar el sistema sanitario.

Este linaje podría reemplazar a la variante delta

Los datos epidemiológicos confirman que la ómicron es, efectivamente, más transmisible que sus antecesoras. Según recoge la OMS, en los países donde hay transmisión comunitaria de esta variante, el número de casos de covid-19 se duplica cada día y medio y tres días. Este linaje podría reemplazar a la variante delta que, desde el verano pasado, ha sido la predominante en prácticamente todo el globo. En Sudáfrica, uno de los primeros países en detectar esta variante, ómicron pasó a representar el 75% de los casos detectados en tan solo dos semanas.

Ómicron no parece más grave, pero falta consenso científico

Parece que la nueva variante no es más grave, aunque los estudios realizados solo analizan una fotografía de un determinado momento y lugar y todavía no está claro si estos resultados son extrapolables a cualquier contexto. Un estudio realizado en Escocia, por ejemplo, apunta a que las tasas de hospitalización de pacientes infectados con ómicron y vacunados con pauta completa son hasta dos tercios menores que entre los afectados por la variante delta. Un análisis del Imperial College, por el contrario, encuentra que el riesgo de hospitalización entre personas que ya habían pasado la enfermedad podría ser entre un 20% y un 40% menos que en otras variantes.

Una investigación realizada en Sudáfrica apunta a que el riesgo de hospitalización con ómicron se reduce hasta un 80% en comparación con delta y el riesgo de desarrollar una enfermedad severa disminuye alrededor de un 30 % respecto a otros linajes del virus. Aunque estos datos puedan parecer esperanzadores, todavía no está claro si estas buenas noticias son sinónimo de tranquilidad. Primero porque, según recoge Scientific American, los estudios publicados hasta la fecha se basan en análisis relativamente pequeños. Y segundo, porque podrían arrojar una idea equivocada del peligro global de esta variante. «Incluso si el riesgo de enfermedad grave es bajo para un individuo, la rápida propagación de esta variante podría sobrecargar peligrosamente el sistema sanitario», esgrime el análisis. «Una pequeña fracción de un número muy grande sigue siendo un número grande», matiza, en la misma línea, un artículo de la revista científica Nature.

Los indicios apuntan que provoca síntomas menos severos

Todo apunta a que ómicron puede provocar desde infecciones asintomáticas hasta enfermedades graves. Los primeros estudios y observaciones señalan que en la mayoría de los casos este linaje provoca síntomas menos severos que sus antecesores. Según datos publicados por la mayor aseguradora de Sudáfrica, gran parte de la ciudadanía diagnosticada con ómicron desarrolló síntomas leves como dolor de garganta, congestión nasal, tos seca y dolor muscular.

Algunos estudios realizados hasta la fecha apuntan a que, en general, los pacientes vacunados que contraen el virus tienden a presentar síntomas como dolor de cabeza y fiebre, mientras que los no vacunados suelen presentar más tos y dificultad para respirar, según recoge un análisis publicado en The New York Times. Uno de los síntomas que parece haber cambiado es la pérdida de gusto y olfato. Al menos así lo sugiere el análisis de un brote detectado en Oslo en el que solo un 23% de los afectados afirmó haber perdido el olfato, mientras que el 12% notó pérdidas de gusto.

El riesgo de reinfección se dispara con la nueva variante

Ómicron es una variante especialmente propensa a las reinfecciones. Un reciente estudio del Imperial College apunta a que el riesgo de reinfección de ómicron es 5,4 veces mayor que con delta y esto afecta tanto a personas que ya han pasado la enfermedad como a vacunados. Eso sí, las dosis de refuerzo blindan entre el 55% y el 80% de los casos. Otro detalle a tener en cuenta es que, según apuntan los primeros estudios, ómicron es la variante que se transmite más rápido. Varios análisis preliminares apuntan a que en el caso de este linaje, el tiempo entre la exposición al virus y la aparición de los síntomas es inferior respecto a otras variantes. Si un infectado de la variante alpha incubaba el virus durante cinco días y un afectado por beta demoraba unos cuatro días, con ómicron esta ventana se reduce a tan solo tres días.