En mayo de 2019, los profesores de la UMA Francisco Rodríguez Marín y Matías Mérida, junto al empresario Francisco Sánchez-Guitard solicitaban tanto al Gobierno autonómico como al Gobierno central la declaración de BIC de La Farola de Málaga.

Entre los organismos que respaldaron la petición se encontraban ICOMOS España, las academias malagueñas de San Telmo y de Ciencias y la Fundación Patrimonio Industrial de Andalucía.

Como saben, la buena noticia de este arranque del año es la incoación del expediente para declarar nuestro faro bicentenario Bien de Interés Cultural.

La solicitud, por cierto, tuvo como telón de fondo el proyectado destrozo paisajístico en la Bahía, por obra y gracia de un rascacielos que, como recuerda una reciente nota municipal, tendrá una altura de 38 plantas, es decir, 150 metros y no los 116 con los que amagaron los promotores tras el aluvión de críticas. Hasta la fecha, la promesa no se ha hecho realidad y el artefacto sigue siendo 20 metros más alto que el monte Gibralfaro.

Cuesta creer que en una ciudad que en gran parte vive del buen estado de revista de su Centro Histórico, los ciudadanos tengan que estar defendiendo sus principales monumentos, pero no queda otra.

Como alguna vez hemos señalado, en esta tierra abunda el político acrítico y acomplejado, capaz de adaptar las normas de su ciudad a la primera ‘grandilocuencia’ que llama a su puerta. Lo comprobamos con el hotel de Moneo, un regreso al ‘urbanismo de boina’ que hizo posible el Málaga Palacio, en este caso gracias a un insólito mano a mano entre populares y socialistas, cegados ante el fulgor de un premio Pritzker.

Por eso, esta iniciativa pretende reivindicar y defender La Farola para que las generaciones futuras no paguen la imprudencia de unos políticos con la cabeza en los años 70.

Está por ver, claro, si será suficiente. Los promotores de la declaración BIC subrayan en el expediente enviado que «el carácter aislado de la construcción, sin construcciones adosadas que le resten protagonismo visual, aumenta su presencia en el paisaje». Por eso, proponen un amplio entorno de protección que incluya todo el dique de Levante, para impedir ‘cachirulos’ que degraden el nuevo BIC.

Por ahora el rascacielos lo tiene un poco más difícil. La iniciativa ciudadana es un chino en el zapato del ‘mamotreto’, que no es poco; pero sobre todo es una oportunidad para que Málaga deje atrás ocurrencias desfasadas, perjudiciales y provincianas.