El ahorro que el sector privado malagueño tiene depositado en los bancos continúa al alza desde el estallido de la pandemia, en marzo de 2020, y firma ya un crecimiento acumulado del 20% que lo sigue propulsando trimestre a trimestre a cifras nunca vistas hasta ahora. La subida en año y medio en las cuentas de los particulares de la provincia (tanto familias como empresas) es de 4.422 millones de euros, según los últimos datos publicados por el Banco de España con cifras correspondientes al mes de septiembre.

Así, el volumen total de ahorro en la provincia de Málaga, que en la época prepandemia se movía en el entorno de los 24.800 millones, ha alcanzado así un récord de 29.288 millones, y todo ello a pesar de que la rentabilidad de este tipo de productos es ahora mismo nula, ya que los bancos no ofrecen interés al cliente.

El desplome que sufrió el consumo durante el estado de alarma fue el primer factor que disparó el ahorro, que luego ha seguido alimentado por las decisiones de muchos particulares con capacidad financiera suficiente de aumentar sus reservas de cara a un futuro que todavía se sigue presentando algo incierto a nivel sanitario y económico.

El alza más significativa del ahorro se produjo en el segundo trimestre de 2020 (la población estaba entonces en confinamiento domiciliario), cuando se sumaron unos 1.500 millones, y ha continuado al alza de forma más estable en periodos sucesivos evidenciando que esta crisis sanitaria, más allá de su desastroso impacto en el PIB y en empleo, ha espoleado el atesoramiento de reservas pensando en el futuro. Eso sí, la lógica indica que la bolsa de ahorro extra acumulada desde el comienzo de la pandemia se concentra principalmente en las rentas altas o medias, que son las que tienen capacidad para ello.

La incógnita ahora es saber si todo ese ahorro extra acumulado en estos meses (y que algunos han denominado «ahorro forzoso») se diluirá ahora por la vía del consumo o si los ahorradores prefieren mantenerlo como colchón de seguridad en espera de que la coyuntura económica se despeje. La realidad, probablemente, será una mezcla de ambas dinámicas.

El propio Banco de España ha recordado en varias ocasiones durante la pandemia que los hogares han acumulado una importante bolsa de ahorro «en parte, por la imposibilidad de consumir determinados bienes y servicios y, en parte, por la incertidumbre acerca de sus rentas futuras». Según sus estadísticas, el ahorro extra desde el inicio de 2020 llegaría a una cifra acumulada de más de 117.000 millones. El confinamiento, las restricciones de movilidad (que impidieron a muchos viajar en vacaciones el año pasado), la rápida y elevada destrucción de empleo y la alta incertidumbre económica que provocó la pandemia disparó la renta disponible.

Un factor clave para 2022

La clave ahora es determinar cuánto dinero volverá a fluir del bolsillo del ciudadano a la economía en forma de consumo durante los próximos meses. El Gobierno, a través de la ministra de Economía, Nadia Calviño, ya planteó en su cuadro macro para los Presupuestos de 2022 un cálculo de unos 50.000 millones de ahorro embalsado que permitirían impulsar el crecimiento del PIB al 6,5% en 2021 y al 7% en 2022. Lo malo es que por medio se ha metido la sexta ola de contagios, presidida por la variante Ómicron, y una crisis comercial de suministros a nivel mundial que está ralentizando la recuperación económica. Es posible que con ese panorama, el planteamiento de gasto de las familias siga siendo más conservador, por mucho que mecanismos como los Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) se hayan revelado como un instrumento muy valioso para evitar el deterioro del mercado laboral durante los meses más duros de la pandemia.

El Banco de España, de hecho, ya ha advertido en el último tramo del año de que «la incertidumbre acerca del grado de dinamismo de este componente de gasto es elevada en la medida en que resulta difícil discernir qué proporción del ahorro acumulado durante la pandemia decidirán los hogares destinar al gasto».

La coordinadora de informes de Analistas Económicos de Andalucía, Felisa Becerra, afirma a este periódico que la resolución de ese factor, en un sentido o en otro, será importante de cara al crecimiento del PIB durante el próximo año.

«Los elementos que en 2021 han ralentizado el crecimiento de la economía han sido los problemas de suministro del comercio mundial, aunque parece que pueden ir remitiendo a lo largo de 2022. Y si hablamos de qué pasará con el ahorro embalsado, podemos decir que su inyección en el consumo supondría un gran estímulo que podría inclinar más la balanza hacia lo positivo. Eso y la llegada de los fondos europeos y su concreción en proyectos», apunta.

La ratio entre crédito y ahorro baja desde 2008 del 135% al 11%

La evolución al alza del ahorro se deja notar también en la proporción entre créditos y depósitos, que ofrece ya en Málaga una relación mucho más equilibrada que en otras épocas. El sector privado adeuda ahora mismo a los bancos en préstamos 32.668 millones de euros o, lo que es lo mismo, un 11,5% más de lo que tiene ahorrado en depósitos. La ratio es mucho más baja que en 2008, año del estallido de la gran crisis económica, cuando se manejaban 47.500 millones en créditos, un 135% más de los apenas 20.000 millones que se tenían ahorrados por aquel entonces.