En el año 2000, coincidiendo con la candidatura de Celia Villalobos al Congreso de los Diputados, se presentó el ambicioso Plan Guadalmedina, más de 80.000 millones de pesetas que quedaron en agua de borrajas.

En probable año de elecciones autonómicas pero con mucho más guante blanco, la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Málaga acaban de presentar lo que por fin quieren hacer, al menos en la mitad del tramo urbano del río, del puente de Armiñán para arriba y en tres años.

Ciertamente, algo tenían que anunciar después de que Ecologistas en Acción presentara el año pasado una propuesta bastante rápida y barata de renaturalización de todo el río y que podría haber contado con fondos europeos para su pronta realización si nuestras administraciones se la hubieran tomado en serio. A fin de cuentas, el responsable del proyecto era el autor de la exitosa renaturalización del río Manzanares de Madrid, una actuación más que respaldada por el Partido Popular.

No cayó esa breva y aquí tendremos el Guadalmedina recuperado para la ciudad por capítulos. Por el momento, se acaba de presentar la parte más fácil y barata de ejecutar, pues el río ya está ‘naturalizado’ en la parte en la que se quiere actuar. Cualquiera que se asome al cauce por el puente del Conservatorio, el de La Concepción o el de la Palmilla verá un Guadalmedina con fauna y flora... cuando no actúan las excavadoras.

Muy esperanzadora resulta la anunciada recuperación forestal de la zona baja de la presa del Limonero. Ya era hora de que alguien retomara por esos lares el ejemplar trabajo del ingeniero José Martínez Falero de hace unas cuantas generaciones, así que hay que felicitar a los promotores de esta estupenda idea.

Quedan no obstante muchas dudas porque el plan -como el de los ecologistas- no ataja la parte del león: qué hacer con la presa del Limonero en caso de una avenida extraordinaria. En un contexto de cambio climático este plan no aporta ninguna solución hidráulica seria y se centra demasiado en la parte estética y medioambiental. Pensar en que la presa, en un emplazamiento tan demencial, podrá con todo lo que le echen en el futuro es no ser suficientemente previsores.

La otra parte del león, claro, será la remodelación de Armiñán para abajo, la de los puentes-plaza y un presupuesto astronómico. Todavía hay tiempo de que parte de los 170.000 millones de fondos europeos para España recalen aquí y mejorar este proyecto. El tramo final de la ría es una cloaca y el Guadalmedina se merece una solución definitiva.