Gracias a un trabajo discreto, que tiene detrás muchas horas de negociaciones y pocas pancartas de protesta, la Asociación Abanico Solidario, con solo dos años de vida, ya ha logrado impedir cerca de un centenar de desahucios en Málaga.

La voz principal de este colectivo nacido en 2020 es el malagueño jubilado Francisco Álvarez, un antiguo empleado de banca y promotor que se ha dejado el alma mediando para impedir que muchas familias de inquilinos acabaran en la calle.

Como confiesa a La Opinión, el día a día es duro y a punto estuvo de tirar la toalla. Ha sido precisamente el apoyo de políticos de todos los partidos, empezando por el actual concejal de la Vivienda, Francisco Pomares, lo que le ha hecho repensar y continuar en Abanico Solidario, aunque lo hará ya en una segunda línea.

«Me he sentido bastante apoyado y esto me ha hecho recapacitar», confiesa. A su lado está la exconcejala de Málaga Ahora Rosa Galindo, quien a título particular es voluntaria de Abanico Solidaria. «Paco es una persona imprescindible en Abanico Solidario y tiene que cuidarse; la cosa es dar un paso atrás y repartir tareas», recalca.

Rosa Galindo resalta el trabajo «invisible» de mediar para alcanzar un acuerdo con el propietario, en muchas ocasiones entidades bancarias, y evitar así el temido ‘lanzamiento’.

Los dos responsables quieren subrayar que el colectivo no apoya a quienes ocupan una vivienda para especular con ella: «Al que se mete en un piso a cambio de una cantidad y se va al siguiente», precisa Francisco Álvarez. Es más, se han dado casos en los que Abanico Solidario ha ayudado a propietarios de viviendas ocupadas con cuyo alquiler «pagaban su piso o tenían para comer», destaca Rosa Galindo.

El allanamiento de morada

Pero además, aprovechan para hablar de un tipo de ocupación cuya importancia, consideran, ha sido muy exagerada, cuando supone «un 0,00002» de todas, señala la exconcejala. Se trata de los okupas de pisos en los que está viviendo el propietario: «La gente cree que estoy en mi casa poniendo un puchero, bajo a por zanahorias y cuando subo me han ocupado la casa y no es así», subraya. A su juicio se trata de un porcentaje ínfimo «y eso no es ocupación, es allanamiento de morada y en 24 horas la policía actúa de oficio y los echa a la calle».

En todo caso, Francisco Álvarez cree que a ciertos sectores tampoco les interesa que desaparezcan «las mafias de la ocupación», ante un negocio en auge como el de las alarmas o los ‘desocupas’ «y el rédito político».

Abanico Solidario, subraya su fundador, media en casos de personas cuyo perfil ha cambiado de la primera crisis económica de este siglo a la actual, pues hoy, 3 de cada 5 desahucios ya no tienen que ver con impagos hipotecarios sino con que no pueden pagar el alquiler.

Y a este respecto, recuerdan que Málaga capital ha bajado recientemente en número de habitantes, mientras han subido otros municipios próximos costeros a causa del alto precio de la vivienda. «La gente se está yendo porque Málaga es imposible para vivir», lamenta la exconcejala, que destaca que el precio del alquiler está «tensionado» en diez de los doce distritos de la ciudad.

Tampoco favorece, cree Francisco Álvarez, el último plan municipal de ayudas al alquiler, cuyo primer requisito es que los solicitantes hayan pasado por un desahucio, «y luego que te cojan la ayuda y que sea sostenible a la hora de pagarlo... como están los alquileres».

Para los responsables de la asociación, una solución pasaría en primer lugar por poner en el parque de viviendas los adquiridos por los bancos con cláusulas declaradas ilegales por la UE.

«El ayuntamiento de cualquier municipio debería sentarse con la banca para que las casas disponibles pudieran al menos ponerlas como alquileres sociales», apunta Rosa Galindo. De paso, confían en que una futura ley de vivienda logre alquileres más asequibles y que el papel de Abanico Solidario, una asociación que consideran muy necesaria en Málaga, más allá de quienes trabajen en ella, no tenga que hacer frente, como hasta ahora, a una ola ingente de desahucios.