Sus tres años en el Gobierno andaluz es el aval al que se aferra Juanma Moreno para encarar una larga precampaña electoral, en la que la situación de la sanidad y el juego al que lo somete Vox acechan al PP como las principales amenazas a tener en cuenta. Aunque insistan para no dar pistas a los enemigos en el deseo de agotar la legislatura y celebrar los comicios en noviembre si fuera posible, los ’populares’ están actuando ahora mismo como si su primer mandato en el sur vaya a reducirse prácticamente al ‘trienio de Juanma’ que culminó esta misma semana, cuando se cumplieron tres años de la investidura y la consiguiente toma de posesión de Moreno como presidente autonómico.

Tanto el ambiente político de la comunidad como la agenda del Gobierno de PP y Ciudadanos atufan a unas elecciones que posiblemente se adelantarán a la primavera o, como muy tarde, a los albores del verano, según se desprende del discurso y de los movimientos realizados recientemente por Juanma Moreno y el núcleo duro de su equipo. Como perfecta antesala, el presidente y sus consejeros se dedican de repente a anunciar el desbloqueo de diversos proyectos históricos, con el inicio de trámites u obras cuyos retrasos son atribuidos a «la parálisis» heredada de los anteriores gobiernos socialistas.

Hace varios meses, incluso antes de conocerse la celebración de comicios en Castilla y León, que Juanma Moreno tiene marcado febrero como el momento en el que se decidirá cuándo se convocan las elecciones andaluzas. Pese a que el resultado de las autonómicas castellanas se tendrá inevitablemente en cuenta, la falta de apoyos y de acuerdos parlamentarios será el argumento que se usará como justificante del adelanto electoral, sin escatimar la búsqueda de culpables a la derecha y a la izquierda entre las fuerzas de la oposición.

Con este posicionamiento ‘victimista’ y el escaparate popular que ofrecerá la Semana Santa -siempre y cuando la pandemia conceda cierta tregua-, el PP andaluz echará el resto con el objetivo de acercarse el máximo posible a los 55 escaños que establecen la mayoría absoluta. Pese a que las encuestas más favorables alumbran esta posibilidad, el reto no es baladí si se tiene en cuenta que conlleva duplicar los 26 parlamentarios que instalaron al PP con el peor resultado de su historia en la poderosa moqueta del sevillano Palacio de San Telmo.

Por lo pronto, los ‘populares’ obedecen a la consigna interna de que «una buena defensa es el mejor ataque». Sus políticos se han echado a la calle para desarrollar una campaña en la que desmienten las acusaciones de la oposición y los sindicatos, asegurando que su Gobierno ha hecho más en tres años por la sanidad pública andaluza que el PSOE en las cuatro décadas anteriores. El autobombo del PP contrasta con las movilizaciones retomadas por la Marea Blanca -las organizaciones en defensa de la sanidad pública que tanto erosionaron a Susana Díaz en su epílogo como presidenta- y con las plataformas de alcaldes socialistas, armadas por Juan Espadas para denunciar una situación caótica en los centros de salud y consultorios de la región.

El hecho de que Vox amagara con apoyar al PSOE y Unidas Podemos para una comparecencia extraordinaria del consejero de Salud, llevó al PP a ampliar una estrategia con doble filo que mete en el mismo saco que a la izquierda al que está llamado a ser su nuevo aliado para gobernar. «Te veo muy roja» y «yo a ti muy pálido» fue la conversación viral que Juanma Moreno y Macarena Olona protagonizaron en Fitur. La guerra está servida y el PP andaluz sigue proclamando que prefiere como socio a Cs, pese a que los sondeos lo tildan de inviable.