Gran paso adelante para que, finalmente, el Convento de San Agustín se convierta en la sede en Málaga de la Biblioteca del Estado; trámite, burocracia, sí, pero fundamental para que se consiga uno de los desafíos culturales de la historia reciente de la capital. El Gobierno ya ha hecho público el contrato con las empresas que se encargarán de la rehabilitación y la transformación del espacio: se trata de una unión temporal de empresas (UTE) integrada por Ecsa, Reca y Bañuls, que presentaron una oferta económica de 12.386.051 euros (sin incluir IVA). De esta forma se rebajan unos 3,6 millones de euros del valor de licitación aprobado.

El subdelegado del Gobierno en Málaga, Javier Salas, ya anunció a finales de noviembre pasado la citada UTE y destacó entonces la «importancia» de este proyecto, porque revitaliza el centro de Málaga a nivel cultural», además de que «recupera para la ciudad un edificio histórico del siglo XVI y los restos arqueológicos que alberga ese edificio». A su juicio, «va a ser un nuevo referente cultural para Málaga, en un sitio tan importante como es en el Centro, cerca del Museo de Málaga, y cerca de la Catedral y entorno museístíco», aseguró.

El conjunto a rehabilitar está compuesto por un primer cuerpo con fachada a la calle San Agustín, seguido a continuación de una crujía central de planta rectangular. Junto a esta crujía se desarrolla el antiguo claustro del convento y, por último, existe una serie de dependencias inconexas entre sí, y de escaso o nulo valor histórico o monumental, fruto de sucesivas ampliaciones del inmueble hacia la calle Pedro de Toledo, incluida la zona de la sacristía del convento.

La intervención pretende que la transformación del conjunto no se convierta únicamente en un inmueble cuyo uso sea ser visitado como objeto de turismo, sino también ofrecer un nuevo uso que constituya al mismo tiempo la promoción de la cultura, de forma que el objeto sea ordenar los espacios para desarrollar en ellos la Biblioteca.

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Toca esperar ahora: el plazo de ejecución de las obras es de 45 meses. Pero teniendo en cuenta la demora del proyecto, por la exhaustiva intervención arqueológica y las sonoras quejas por el anterior diseño arquitectónico, la paciencia está ya más que demostrada.