Alguna vez hemos recordado la respuesta literaria que en 1940 el escritor inglés Somerset Maugham dio a un crítico del ‘Times’ que le acusó de repetirse más que el chorizo. Ni corto ni perezoso el novelista demostró mucho sentido del humor al titular su siguiente recopilación de cuentos ‘Lo mismo de siempre’, justo el título de la crítica.

Pues bien, con respecto al homenaje escultórico a Pablo Ruiz Picasso en los Jardines de Picasso hay que decir ‘lo mismo de siempre’, tristemente.

Ha pasado un año desde la última vez que desfiló por esta sección y no hay mejoría en el enfermo, que está lo mismo que Vladimir Putin, que empeora a medida que pasan los años, y disculpen el comparar una excelsa obra de arte con un malvado interplanetario.

El caso es que el grupo escultórico ‘Siéxtasis’, que así se llama, el ‘picassiano’ abrazo entre un hombre y una mujer plasmado por el gran Miguel Ortiz Berrocal e inaugurado en 1977, no parece estar pasando por su mejor momento.

Está por ver qué diría Paloma Picasso de contemplarlo ahora, pues estuvo presente en la inauguración del 77, sólo cuatro años después de la muerte de su padre. Sin ser parientes del artista, cualquier paseante podrá sacar idénticas conclusiones: está hecho un horror.

En el momento de inspeccionarlo el jueves de la pasada semana tenía basura escondida entre los brazos del grupo escultórico, volvía a lucir pintadas y restos de pegatinas y bastaba acercarse un poco para detectar rayaduras por casi todo ‘Siéxtasis’.

Un detalle de la obra. A.V.

Aparte están las manchas que copan casi toda la parte inferior y que, dan la impresión, son la huella de salpicaduras de lluvia, pues hay que recordar que la obra está rodeada por la tierra del parque y un poco de hierba rala.

Ya comentamos aquí en su día la propuesta de un veterano vecino de Málaga, consciente del deterioro que sufre esta simbólica obra, una de las que marcaron la llegada de la ilusionante Transición a Málaga.

Consistía su propuesta en el traslado de este homenaje a Picasso desde los jardines que fueron de la fábrica de La Aurora a la peatonalizada Alameda Principal, donde seguiría en la compañía de ficus centenarios, al igual que en los Jardines de Picasso, pero en un entorno con una mejor atención.

No es mala idea en absoluto y en todo caso, el traslado obligaría al Ayuntamiento a rehabilitar la obra, que falta le hace ya.

En fin, crucemos los dedos para que el año que viene, en una nueva crónica, no haya que escribir ‘lo mismo de siempre’.

La obra y en primer plano un ficus centenario con ropa, cartones y un colchón para pasar la fría noche. A.V.