La bicentenaria Farola de Málaga fue construida en 1817 a partir del diseño del brigadier de la armada, ingeniero naval y director del Puerto, Joaquín María Pery y Guzmán.

Por su carácter emblemático e histórico, el único faro de España con nombre femenino aspira a ser catalogado como Bien de Interés Cultural (BIC), la mayor figura de protección que puede aplicarse al patrimonio histórico español.

A principios de mes, el Ministerio de Cultura decidió incoar el expediente para la declaración de La Farola como BIC, un documento para el que se abrió un plazo de exposición pública de un mes -período que acaba el próximo 5 de febrero- y que acumula ya alegaciones por parte de Puertos del Estado, la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Málaga.

La postura más contundente es la de Puertos del Estado, en contra de esta declaración porque asegura que supondría un problema de «operatividad» y generaría «rigidez» en el funcionamiento habitual de la dársena malagueña, según explicó el presidente de la Autoridad Portuaria, Carlos Rubio.

Sin embargo, las alegaciones del Gobierno autonómico y del Consistorio malagueño argumentan que el espacio de protección atiende a criterios «difusos» y «no concretos» que deberían aclararse.

A raíz de esas alegaciones, ha vuelto a emerger la polémica sobre los efectos que tendría la declaración de La Farola como Bien de Interés Cultural (BIC), sobre todo por cómo podría encajar esta figura de protección con el proyecto de la Torre del Puerto, un hotel rascacielos planteado en el extremo del Dique de Levante.

Con todo, e independientemente de la postura que mantenga cada administración pública en cuanto a la construcción del citado hotel, ¿cuál es el entorno de protección de La Farola si llega a declararse como BIC? ¿Qué actuaciones podrían ser consideradas como una alteración?

En cuanto a la delimitación del entorno protegido, la resolución de la Dirección General de Bellas Artes -perteneciente al Ministerio de Cultura- por la que se incoa el expediente de declaración como BIC de La Farola es clara: «La delimitación precisa del entorno de protección de la Farola incluye físicamente la parcela circular en la que el monumento queda enmarcado». Esto es, la rotonda en la que se erige el faro.

Por ello, Urbanismo desbloqueó esta semana la tramitación de la licencia de obras para la remodelación de la Casa de Botes -muy próxima al faro- donde grupo Trocadero pondrá un restaurante, ya que la adecuación de este edificio no afecta al monumento.

Ahora bien, la resolución en seguida puntualiza: «Más allá de esta delimitación física, es imprescindible el respeto por el entorno visual del faro».

En este punto, hace referencia a dos textos normativos. Por un lado, la Ley 16/1985, de 25 de junio, de Patrimonio Histórico Español en su artículo 19, que exige autorización para «colocar en fachadas o en cubiertas cualquier clase de rótulo, señal o símbolo, así como para realizar obras en el entorno afectado por la declaración». Por otro lado, la 14/2007, de 26 de noviembre, de Patrimonio Histórico de Andalucía en su artículo 28, que reza:

«El entorno de los bienes inscritos como de interés cultural estará formado por aquellos inmuebles y espacios cuya alteración pudiera afectar a los valores propios del bien de que se trate, a su contemplación, apreciación o estudio, pudiendo estar constituido tanto por los inmuebles colindantes inmediatos, como por los no colindantes o alejados». Es esta aclaración la que ha llevado a la Junta y al Consistorio malagueño a alegar por falta de claridad en los criterios, llegando a considerarlo como un «guiño negativo» a la Torre del Puerto.

Afección visual

Por su parte, el profesor universitario Francisco Rodríguez Marín, que ha trabajado durante seis años redactando expedientes de declaración, en su mayoría de BIC, explica que el concepto de protección visual proviene de la filosofía del patrimonio italiana que defiende que «un monumento genera un entorno a su alrededor en el cual proyecta su personalidad o su atmósfera», algo que no se introdujo en España hasta la ley de Patrimonio Histórico Español 1985.

«Antes de que existiera la ley se protegía exclusivamente el inmueble», puntualiza Rodríguez Marín que, además, fue una de las voces que demandaban desde hace años tanto a la Junta como al Gobierno central la declaración como BIC de La Farola de Málaga.

En esta línea, Rodríguez Marín aclara que la construcción del hotel frente a La Farola, más allá del espacio de protección, tendría una afección directa sobre el BIC -si llega a declararse como tal- ya que impediría desempeñar su labor como faro, más allá del impacto visual.

«Un edificio se hace para una función. Hay veces que la historia nos lega los edificios con el uso perdido. La Farola se hizo como faro portuario, todavía sigue en funcionamiento y lo lógico es que lo siga siendo. No tiene sentido que para construir un hotel apaguemos La Farola y le quitemos la función por la cual estaba concebida», incide.

Los dos pisos de La Farola del Puerto de Málaga

Si se presta atención a la estructura de La Farola de Málaga, se puede apreciar como en torno a su base se erigen dos plantas que en su momento estaban dirigidas a albergar la viviendas del personal encargado de mantener y garantizar el servicio del faro de la dársena malagueña. Sin embargo, eso no siempre fue así.

En el diseño del brigadier de la armada, ingeniero naval y director del Puerto, Joaquín María Pery y Guzmán que dio pie a su construcción en 1817, no se contemplaban esos dos pisos, ya que la única función que tenía la torre era albergar la linterna giratoria que guiaría a los barcos que se aproximasen.

Con los años, se decidió que los trabajadores del faro debían poder vivir allí, por lo que el ingeniero de Caminos Don Ángel Mayo, redactó un proyecto aprobado en 1853 para añadir una primera planta residencial. Entre 1909 y 1913 se añadiría la segunda planta.

Actualmente, según la resolución de la Dirección General de Bellas Artes del Ministerio de Cultura, en su interior se conservan vidrios artesanales de lana de roca, balizas de acetileno, basamento de la óptica de la linterna, lámparas eléctricas, regulador de acetileno, piezas de relojería y cuadros eléctricos antiguos de gran valor didáctico.

En cuanto a su conservación, Cultura señala que La Farola está en buen estado en términos generales, sin daños estructurales más allá del proceso de degradación «consecuencia lógica del paso del tiempo y de su falta de uso». Así, se han detectado humedades, principalmente en los niveles altos, lo que ha generado desconchones en la pintura interior.