«La Guerra Civil ha estado visible en novelas y películas y la memoria histórica se ha centrado en cuestiones como las fosas, algo que es muy digno, pero después no ha habido nada más y se tiende a perder lo que significó», argumenta el economista José Coriat (Ceuta, 1951), estudiante en la Facultad de Económicas de Málaga entre 1969 y 1974.

Para que no se olvide lo que vino después, la lucha contra la dictadura, ha escrito ‘Memoria de una detención. Nosotros no matamos a Carrero Blanco’ (Ediciones del Genal), un libro en primera persona y con estilo novelado pero que cuenta la detención real y el encarcelamiento del autor y un grupo de estudiantes antifranquistas de Málaga, a finales del 73, justo cuando en Madrid era asesinado por la banda terrorista ETA el presidente del Gobierno Luis Carrero Blanco.

«El objetivo fundamental no es contar mi vida sino mostrar una parte de la memoria histórica, una pequeña historia», subraya, al tiempo que recalca que también lo ha escrito pensando en los jóvenes «que no han conocido esta época ni saben lo que pasó; aquello no era una autocracia, era una dictadura represiva», remarca. 

Por cierto que el libro fue presentado en Madrid, donde vive el autor, y al acto asistió el hispanista Ian Gibson, quien alabó esta obra en la que se muestra «el día a día del militante».

El autor presentó la obra en Madrid, con la asistencia del hispanista Ian Gibson en primera fila. Archivo del autor

Como explica, fue su entrada en la Facultad de Económicas de Málaga lo que le relacionó con la organización juvenil comunista Joven Guardia Roja de la que se hizo militante.

«Luchábamos contra la dictadura, defendíamos la llegada de la Democracia y que hubiera libertades», recalca, al tiempo que recuerda que el PCE llevaba varios lustros abogando por la «reconciliación nacional» y la Democracia en España.

El libro se detiene en la agitada vida en esa facultad del Ejido con una inmensa mayoría de estudiantes opuestos al régimen y que organizaba conciertos de Raimon, protestas, huelgas, compraba libros prohibidos en la trastienda de la librería Prometeo y repartía periódicos clandestinos como ‘Mundo Obrero Rojo’, en su mayoría «cuartillas escritas a máquina y copiadas con ciclostil». Ese aparato, a propósito, se conocía en el argot como ‘la vietnamita’, pues parece que lo empleaban los soldados del Vietcong.

La portada del libro y una foto de José Coriat en 1973, cuando estudiaba en Málaga y fue detenido. La Opinión/Archivo del autor

Por el camino, anécdotas tan dignas de Berlanga y Azcona como el que José Coriat, para ayudar a un despistado profesor, lo sustituyera para impartir en el Instituto de Martiricos la asignatura de Formación del Espíritu Nacional, algo que el militante comunista aprovechó para saciar el ansia de curiosidad de los alumnos por la historia ‘no oficial’.

Y como recalca, aunque estaban en el tardofranquismo, eso era algo que los militantes desconocían: «Claro que Franco se hacía mayor pero cuando le pasó los trastos a Carrero Blanco el régimen se perpetuó». 

La manifestación clandestina

El desencadenante de toda la historia fue la convocatoria de una manifestación clandestina para el 19 de diciembre del 73, un día antes del comienzo del juicio del llamado ‘proceso 1001’, que terminaría mandado a prisión a toda la cúpula del sindicato CC.OO.

La manifestación se convocó en Carranque, en un momento determinado los asistentes, entre 150 y 200 jóvenes, desplegaron pancartas y empezaron a gritar consignas a favor de la libertad, la amnistía y la Democracia y contra el proceso 1001. Apenas recorrieron unos 300 metros a paso rápido, antes de dispersarse por la llegada de la policía.

El autor del libro cuenta que tras la dispersión, «de repente, por una de las escasas calles laterales que teníamos por delante apareció, cruzándose, una furgoneta de la policía tipo Jeep con varios ‘grises’ dentro».

Sin entrar en muchos detalles que desmenucen esta obra de ritmo trepidante, tanto él como varios compañeros fueron finalmente detenidos. Como curiosidad, compartían piso en la calle Molino, por Olletas, en cuyo bloque también vivía la futura artista Bibi Andersen.

Foto de archivo del Cuartel de Segalerva. Arciniega

El caso es que fueron conducidos al Cuartel de la Guardia Civil en Segalerva, sede del Servicio de Información del Grupo Antidrogas de la Benemérita, donde sufrieron un interrogatorio en el que no faltaron ni los golpes en la cara y en todo el cuerpo ni las patadas en la barriga.

Fue a la mañana siguiente, 20 de diciembre, cuando un guardia le dio la noticia al joven José : «En Madrid ha habido una explosión muy fuerte. Ha muerto Carrero Blanco».

La situación se complicó al extremo. Los jóvenes ingresaron directamente en la prisión provincial sin declarar ante el juez.

El libro detalla esas semanas en prisión: «El tiempo de la cárcel fue como el confinamiento por la Covid, no sabías si ibas a estar un mes, cuatro meses o un año. En la cárcel se te escapaba el tiempo y no vivías tu vida, estabas entre cuatro paredes, en otra historia», cuenta el escritor.

Antigua prisión provincial de Málaga. Arciniega

El juicio no se celebraría hasta abril de 1975. Pasó el tiempo y en 2009, este economista formado en Málaga decidió pedir al Ministerio de Justicia una declararación de reparación moral, «a quienes injustamente padecieron persecución o violencia durante la Guerra Civil y la Dictadura».

Al autor le gustaría que este libro pudiera leerse en colegios e institutos de España para que los alumnos conocieran mejor qué movió a muchos jóvenes de entonces a poner en riesgo su libertad y en ocasiones, su vida.