«Yo no era una persona libre, cuando me levantaba pensaba en jugar, y cuando me acostaba seguía jugando en la cama». La ludopatía acompañó a José y a su familia durante muchos años. Ahora, tras un año en tratamiento, puede decir «que ha superado un infierno».

Además de sufrir esta enfermedad él, considera que también la han pasado su mujer y su hija, quienes sufrieron durante todos los años en los que él estuvo metido en la espiral de adicción al juego y a la cocaína: «Mi familia no tenía para comer, y mi hija se levantaba cada día sin saber si yo le iba a gritar o a pegar».

José comenta que comenzó su adicción jugando al bingo, y, más adelante, en salones de juego. Pero afirma que el juego online fue «su perdición: Descubrí las webs de apuestas deportivas gracias a los anuncios en televisión donde aparecen presentadores y famosos, y al principio fui reacio, pero luego vi en ellas una continuación más a mi obsesión».

La deuda que todavía tiene asciende a 72.000 euros, aunque ya ha pagado gran parte de ella. José explica que una de las cosas que menos facilitaba su recuperación era el fácil acceso a préstamos y créditos rápidos. «Tuve 23.000 euros en dos o tres movimientos en la aplicación de mi banco. Nadie controla eso, nadie se cerciora de que quien está pidiendo un préstamo está en condiciones para hacerlo», comenta José.

El exjugador se planteó el suicidio justo antes de acudir a Amalajer y empezar su tratamiento: «Esta enfermedad te puede llevar al manicomio, a la cárcel o al cementerio, y a mí casi me lleva al cementerio».

Asimismo, defiende la necesidad de una mayor firmeza por parte de las instituciones ante este problema. Para él tampoco existe el llamado «juego responsable», y considera que «un enfermo no es responsable nunca, juegue en una casa de apuestas, en una tragaperras o en la lotería de Navidad».

Ahora, Jose es un hombre nuevo, pero insiste en que esta es una batalla «que se libra día a día».