El desfibrilador de la Plaza del Obispo, junto a la catedral, salvó la vida de un ciudadano el pasado 17 de diciembre. Ramón Mora, de 60 años, paseaba por la calle Molina Lario de Málaga pasadas las 12 de la noche cuando sufrió un accidente cardíaco.

Ramón fue atendido casi de inmediato por dos médicos de Jaén que pasaban por allí, que iniciaron las maniobras de resucitación cardio-respiratoria (RCP), llamaron a los servicios de emergencia y preguntaron si había algún desfibrilador en la zona.

Los vecinos acudieron al tótem de cardioprotección instalado en la Plaza del Obispo, junto a la catedral. Una vez normalizadas las constantes vitales de Ramón, los servicios sanitarios le trasladaron al hospital donde le hicieron tres cateterismos y le instalaron un desfibrilador en el pecho.

Málaga, ciudad y provincia, están muy cardioprotegidas. “En el último año hemos instalado un total de 9 tótems en Andalucía y hay 4 pendientes de instalación, ya que existe una concienciación muy clara sobre la necesidad de disponer desfibriladores en hoteles, zonas turísticas, resorts, cascos urbanos...”, indica Nuño Azcona, CEO de Almas Industries.

“Hoy lo puedo contar porque estaba en el lugar adecuado, en el momento adecuando y con la gente adecuada”, comenta Ramón.

La cardioprotección en las calles

La cardioprotección es una tendencia emergente orientada a la protección del corazón en caso de episodios cardíacos. El gran número de muertes por paro cardíaco en la población ha animado a gobiernos, empresas, entidades y asociaciones a concienciar a la población y tomar medidas que permitan revertir la situación gracias a la creación de zonas cardioprotegidas.

Estas zonas cuentan con, al menos, un desfibrilador, con mantenimiento garantizado y con personas adecuadamente formadas para poder garantizar una rápida actuación en caso de paro cardíaco repentino, hasta la llegada de los servicios médicos de emergencia.

Para que las posibilidades de supervivencia ante un paro cardíaco repentino sean óptimas, se debe realizar de forma inmediata una maniobra RCP que permita mantener el flujo necesario de sangre oxigenada al cerebro hasta que se restablezca el ritmo cardíaco normal mediante la descarga eléctrica suministrada por un desfibrilador. El tiempo máximo para aplicar la desfibrilación a una persona que ha sufrido un paro cardiaco repentino es de 5 minutos.