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Inseguridad peatonal en Pinares de San Antón

Quienes ascienden a pie la urbanización para llegar al monte siguen topándose con tramos incongruentes y sin una acera que llevarse a los pies

El muro obliga al peatón a jugársela en la calzada de la avenida de San Antón. Alfonso Vazquez

Una marca de tabaco de los años 80 animaba a los incautos a fumar el producto cancerígeno con el lema ‘Vive la aventura’. En un terreno mucho más saludable y libre de humos, subir el Monte San Antón continúa siendo, en 2022, toda una aventura.

Muchos de los que ascienden las famosas Tetas de Málaga suelen deja el coche al final de la calle Stradivarius, al pie de un empinado camino forestal de tierra que marca el comienzo del ascenso. Otros, prefieren hacerlo desde ‘el campamento base’ es decir, subir a pie la avenida de San Isidro, pasar con precaución la entrada a la autovía y tirar por la urbanización de Pinares de San Antón hasta llegar al monte, propiamente dicho.

Para los que prefieren la segunda alternativa les espera un ascenso arduo, mayormente porque tendrán como compañero de subida a la inseguridad vial.

Como ocurre con otras urbanizaciones de Málaga, sigue llamando la atención la gran diferencia que hay entre esta zona de bonitos chalés y grandes parcelas de terreno y unas aceras inexistentes en muchos tramos, como si los peatones fueran una entelequia, una leyenda urbana en un rinconcito del planeta que únicamente se mueve en coche.

Los tiempos han cambiado y son muchos los que suben y bajan este rincón de Málaga y en el que el paseante debe poner todos los sentidos, no vaya a toparse con un coche en el momento más inoportuno

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Los tiempos han cambiado y son muchos los que suben y bajan este rincón de Málaga y en el que el paseante debe poner todos los sentidos, no vaya a toparse con un coche en el momento más inoportuno.

No es de extrañar por tanto que cualquier mejora, por pequeña que sea, suponga un gran avance para la seguridad vial.

Era el caso de una curva en la avenida de San Antón, poco antes de llegar a la calle Las Palmeras, en las que las recientes obras en un chalé hacían intuir el sensato retranqueo, unos centímetros, del muro de la propiedad, para evitar que los peatones tuvieran que echarse a la calzada y jugarse el tipo y, de esta manera, ampliar las insuficientes aceras de la urbanización.

El muro, eso sí, fue reformado y quedó muy bonito pero, ay, no se movió un centímetro de su posición anterior para desolación y riesgo de todos los que usan las plantas de los pies.

Sin duda, las obras habrían sido la ocasión perfecta para que nuestro Ayuntamiento promoviera con éxito el retranqueo del muro, que ahora luce inmaculado pero sigue obstaculizando el paso.

Confiemos en que la concienciación por la seguridad vial siga creciendo también en estas alturas y que algún día, una ardilla, e incluso un peatón, pueda atravesar Pinares de San Antón por una única y prolongada acera. Ánimo.

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