Hay esperanza para las naranjas amargas de Málaga. El director general de Medio Ambiente, Luis Medina-Montoya, asegura que el Ayuntamiento ya se ha puesto en contacto con la empresa holandesa PeelPioneers para ofrecer una solución más sostenible y económica al reciclaje de la piel de naranja. La adjudicación de contratos del servicio de conservación y mantenimiento de zonas verdes es lo único que frena este proyecto de futuro. Tras la decisión de la Junta de Gobierno local, comenta Medina-Montoya, comenzarán las tareas de comunicación entre las empresas de jardinería y PeelPioners.

La piel de naranja, un producto de valor

La labor de la entidad holandesa está enfocada en la conversión de la piel de naranja en "valiosos ingredientes para aplicaciones alimentarias y cosméticas", apuntan en la presentación del proyecto. La planta de PeelPioneers está situada en la aldea holandesa de Son, y procesa más de 40.000 kilos de piel de naranja al día. La corporación apuesta por dar una segunda vida a los aceites esenciales presentes en la piel, muy utilizados en cosmética, y a las propiedades emulsionantes, espesantes y antioxidantes de la fibra. La pulpa, el único sobrante de su producción, es también aprovechada por las granjas como pienso. Uno de los cofundadores, Sytze van Stempvoort, defiende que este aprovechamiento "mantiene el flujo de la cadena alimentaria".

El actual destino de las naranjas es el vertedero. En Los Ruices termina el proceso de descarga de los 6.876 naranjos que visten las calles de la ciudad. Durante los meses de diciembre y febrero, las empresas subcontratadas por el Ayuntamiento recolectan casi 700 toneladas de naranjas, unos 100 kilos por árbol. A pesar de que anteriormente sí había excepciones entre los árboles de la ciudad, en 2021 todas las piezas recogidas han tenido el mismo fin, sin excepción, según afirma Medina-Montoya.

Hace no tanto años, a principios de siglo, el Consistorio firmó un acuerdo con la empresa Tana S.A. para la recolecta y su posterior envío a Sevilla. Allí las naranjas eran utilizadas para la fabricación de perfumes o mermelada amarga, destinada al mercado británico y francés. Esto cambió cuando los controles de calidad se endurecieron, y el Ayuntamiento tomó la decisión de dejar la tarea de recolección en manos de los operarios municipales, que se encargaban posteriormente de transportar las naranjas al vertedero de Los Ruices.

La actual normativa sanitaria, comenta el director de Medio Ambiente, prohíbe producir mermelada con las naranjas de la ciudad ya que "no cumple con las garantías sanitarias al haber crecido entre contaminación y residuos urbanos". De esta forma, apunta Medina, se pretende también asegurar el fin de la competencia desleal con las empresas productoras de mermelada amarga en Andalucía.

"El amargo fin de las naranjas de Málaga" suena ahora a pasado. 2022 ha comenzado con un propósito medioambiental para el Ayuntamiento de Málaga que para las naranjas amargas supone una esperanza de segunda vida.