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Crónicas de la ciudad

Del Ministerio de Cultura y el rascacielos del Puerto

Cultura se olvida de pedir un informe al Colegio de Arquitectos y admite que en España no hay criterios concretos para valorar el impacto paisajístico. Aviados estamos

El rascacielos desde el paseo marítimo de Poniente, una de las imágenes del estudio de la UMA de septiembre de 2017.

En la reciente resolución del Ministerio de Cultura sobre el rascacielos del Puerto hay muchas cuestiones inquietantes. La primera es lo mal que a la Dirección General de Patrimonio Cultural y Bellas Artes se le da una simple suma.

Como recuerda en su último informe Icomos, el organismo internacional que asesora a la Unesco, la nueva altura que proponen los promotores no es de 116,62 metros como publicitan, sino que, al arrancar de un basamento, hay que sumarle los 12 metros que este mide, aunque lo cierto es que estos cambios todavía no se han ejecutado en los documentos oficiales y el artefacto bien podría llegar a los 150 metros. A este respecto, resulta sorprendente que en marzo de 2022 todavía no se hayan hecho públicos los alzados del edificio para comprobar su altura total y exacta.

Otra cuestión inquietante es que Cultura no pidiera un informe al Colegio de Arquitectos de Málaga, que en dos ocasiones ha criticado públicamente el proyecto, la segunda de ellas, con el decano hablando claramente de la repercusión para la ciudad «desde el punto de vista medioambiental y paisajístico». Y si hablamos de paisaje, el Centro de Estudios Paisaje y Territorio, con sede en Sevilla, tampoco ha sido merecedor de consulta alguna.

Pero junto a esta desganada gestión, lo más preocupante es que el Ministerio de Cultura admita que en España no hay un marco legal que establezca «criterios concretos para valorar adecuadamente la afección al paisaje». Así que, por mucho que Icomos concluya que el rascacielos provocará un «impacto inadecuado, profundo e irreversible en el paisaje urbano»; por mucho que el decano de los arquitectos, Francisco Sarabia, avise del impacto paisajístico y por mucho que, sin trucos infográficos, un equipo de expertos de la UMA mostrara en 2017, mediante cálculos matemáticos, el impacto real del edificio en la Bahía cuando medía 135 metros, sin una norma clara que establezca cuándo hay afección al paisaje... ajo y agua. 

Así que lo siguiente será, claro, ‘neutralizar’ la declaración de BIC de La Farola, para que sólo incluya el faro y no su entorno. Algo así ya lo podemos disfrutar en El Perchel, donde nuestro frívolo Ayuntamiento acaba de levantar una pérgola que afea y resta visibilidad a Santo Domingo porque el BIC está limitado a la iglesia.

¿Impedirá el rascacielos el Consejo de Ministros? Visto el cambio de tercio de Cultura, no es la primera vez que los socialistas dan un ‘volantazo inmobiliario’ -véase el hotel de Moneo-. Si acaso, el rascacielos podría dejar de serlo al bajar a 90 metros, lo recomendado por Cultura pero ni eso es seguro. Si no le gustan mis principios tengo otros, que decía el gran Groucho. Preparémonos, por si acaso, para lo peor.

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