Crónicas de la ciudad
La calima, en los cenachos del Cenachero de Pimentel
La prueba del algodón de muchos rincones de Málaga será comprobar, si no vuelve la calima, si esta persiste en algunas calles y monumentos, como el famoso Cenachero

Detalle del cenacho izquierdo de la escultura, con calima y conchas de la playa, a comienzos de semana. / A.V.
Quien recorra los barrios de Málaga y acuda a zonas en las que se acumula basura, principalmente la que se concentra en solares abandonados, pronto descubrirá que, según la información fidedigna de los vecinos, las ratas que pululan por la zona son «como conejos».
Siempre surgirá la duda de si el tamaño descrito se debe a alguna dosis de exageración malaguita o a que, ciertamente, las ratas son como conejos de grandes. Lo cierto es que, si se topan con un sitio en el que el almuerzo es gratis y perenne, las posibilidades de pegar el estirón son bien grandes.
En la misma línea de frases hechas relacionadas con la falta de limpieza, con mucha razón los vecinos suelen reclamar al Ayuntamiento no un baldeo sin más de las calles sino «un baldeo en condiciones», es decir, a conciencia y no un ‘ya que paso por aquí’.
De cualquier forma, para evitar expresiones que, quieras o no, muchas veces dependen del punto de vista subjetivo del vecino en cuestión, como que una rata tenga las hechuras de un conejo, salvando las orejas o que una calle merezca un baldeo realmente en condiciones, la pasada calima va a suponer, en numerosos rincones de nuestra ciudad, una auténtica ‘prueba del algodón’.
Porque, visto que no se va de una manera tan fácil sino con un baldeo «en condiciones», la pervivencia durante semanas, meses o incluso, quién sabe, años, de ese color ‘adobe neolítico’ incrustado en ciertas calles de Málaga, será la prueba evidente de que, como mínimo, el Consistorio no baldea a conciencia desde marzo de 2022. Y eso, claro, siempre que la calima no nos reserve una segunda parte.
De cualquier modo, esta huella perturbadora del desierto del Sáhara al otro lado del Estrecho ha dejado en algunos monumentos de Málaga un rastro más que curioso. Lo podemos comprobar en el famoso Cenachero de Jaime Pimentel, a punto de pisar la plaza de la Marina, recién llegado con pescado fresco del Puerto.
El famoso marengo, que por cierto tiene calima hasta en el arranque de sus detalladas fosas nasales, donde más acumula estas minúsculas partículas es en los dos cenachos, que por la altura del monumento quedan fuera de la vista del público, salvo, quizás, para Pau Gasol y su hermano.
Lo curioso es que, en el cenacho izquierdo, además de acumularse la inevitable calima, alguien debió de depositar unas conchitas, bonito guiño a la escultura. La ‘prueba del algodón de la calima’ ya está a disposición de todos los malagueños.
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