Tras bajarse del ala del Airbus 380 y después de 12 años de vuelos, un motor Trent 900 -fabricado por Rolls Royce-, luce desde este miércoles en el Museo de Aeropuertos y Transporte Aéreo de Málaga, donde se "jubila" y se aleja de acabar desguazado en el olvido.

El traslado desde Toulouse (Francia) al museo del aeropuerto malagueño de este gigante de la propulsión, de 4,5 metros de longitud y 2,9 metros de diámetro, empezó a fraguarse en 2018, un año después de su último vuelo, que fue el 3 de julio de 2017, después de 1.796 horas y 19 minutos de funcionamiento en sus 724 encendidos.

El motor -un turbofan de alto índice de derivación, con un empuje entre 300 y 400 kilonewton- quedó a la espera de un futuro nada halagüeño pero "el azar, y sobre todo el interés de un joven ingeniero aeronáutico malagueño de Rolls Royce, Álvaro Rojas, "cambió ese destino que lo convertiría en piezas olvidadas", han destacado desde Aena.

Así, en otoño de 2018 se planteó la posibilidad de que esta "joya de la ingeniería" pudiera tener su "jubilación dorada" en Málaga y Rojas presentó a la empresa británica la primera propuesta del envío del motor al aeropuerto malagueño.

En paralelo, desde Málaga se iniciaron gestiones con las principales empresas aeronáuticas españolas que pudieran estar interesadas en colaborar en el proyecto de traslado del motor, gestiones que no dieron el fruto deseado.

Pasó todo el año 2019 sin que el proyecto pudiera apenas avanzar, y debido a la pandemia no fue hasta la primavera de 2021 cuando Aena logró reactivar el proyecto y articular los mecanismos necesarios con Rolls Royce para el traslado y recepción del motor en Málaga.

Después de "una carrera de obstáculos logísticos, de construcción, de diseño, administrativos, jurídicos y económicos", el trabajo de los profesionales de Aena, de la Asociación de Amigos del Museo y de los técnicos de Rolls Royce acabó modelando un proyecto que se hizo realidad el pasado 7 de abril, cuando el Trent 900 emprendió el rumbo por carretera a Málaga.

Para encajar al "nuevo inquilino" en el museo malagueño, se desmontó la cubierta del edificio para introducir el motor desde arriba y fueron necesarias diez horas ininterrumpidas de labor coordinada entre técnicos de las empresas malagueñas BTG Construcción e Ingeniería, Eurogrúas Raimundo y Metal y Forja, junto con los de Rolls Royce.

Málaga cuenta desde este miércoles con "una nueva joya cultural y tecnológica para deleite de los amantes de la aeronáutica", subraya Aena, que aspira a promover la educación en ciencias y tecnologías, acercar la aeronáutica a los jóvenes e inspirar su labor creativa.