Las tendencias y los perfiles de los involucrados en los accidentes de tráfico han variado sustancialmente en la última década. Las conclusiones son claras: la distracción por el uso del móvil es la primera causa de siniestralidad vial desde 2016, las zonas urbanas son ya más peligrosas para las personas que las interurbanas -especialmente para los ciclistas, motoristas y peatones- y los usuarios de motocicletas tienen hoy 20 veces más posibilidades de morir que los de los vehículos de cuatro ruedas. Hay más deducciones, pero son tres de las más destacadas de un informe auspiciado por las fundaciones Mutua Madrileña y Gaspar Casal y realizado por investigadores de la Universidad de Murcia, que comprende el periodo entre 2008 y 2019, publicado sólo días antes de la operación especial de Semana Santa, la primera gran prueba de concienciación tras la reforma de la Ley del Tráfico, que entró en vigor el pasado 21 de marzo con un endurecimiento de las sanciones.

El estudio deja muchos datos concluyentes sobre las nuevas dinámicas de la siniestralidad vial. Hay más accidentes, pero menos víctimas mortales y estas son, cada vez más, «usuarios vulnerables». Los motociclistas, ciclistas y peatones ya supusieron, por primera vez en la historia, más de la mitad total de víctimas mortales en España. El estudio destaca la adversa evolución de los fallecidos en motocicleta desde 2014, con un incremento relativo del 45,3% hasta 2019. En ese año, uno de cada cuatro fallecidos en carretera fue un motorista y la tendencia se ha mantenido. De forma que este medio de desplazamiento es el que más ha visto crecer su participación porcentual en el total de fallecidos y heridos hospitalizados, aumentando 10 puntos porcentuales desde el 2010 y situándose en el 30% del total en 2019. Al hilo del dato anterior, también se ha reducido el peso de los fallecidos en turismos (del 48% al 37%) y se ha registrado un incremento de peatones y motoristas en la cifra total de víctimas mortales (que pasaron de un 16% en ambos casos a un 22% y un 24%, respectivamente). El experto en seguridad vial, Luis Montoro, aclara estos datos. «No demonicemos a la moto, porque el que la utiliza cada día para ir al trabajo no suele tener accidentes. El problema no está ahí, sino en el motero que usa una moto potente por carretera secundaria los fines de semana como elemento lúdico. Eso pasa en toda Europa, no solo aquí», explica.

Los 400 radares fijos de Londres frente a los 800 en toda España 

El análisis detallado de la mortalidad en accidente de tráfico permite concluir que tres de cada cuatro muertes se produjeron en vías interurbanas, si bien la proporción de víctimas en vías urbanas no ha dejado de aumentar desde 2008. El crecimiento acumulado de los accidentes en vías urbanas entre 2008 y 2019 es del 35,3 %. «En España faltan políticas de más control de velocidad en las ciudades. Pongo un ejemplo: En Londres hay 400 radares fijos, mientras que en toda España hay 800», explica Luis Montoro. 

Por sexo, tres de cada cuatro fallecidos en accidente son hombres (76 % del total). Por lo tanto, la tasa de mortalidad masculina es significativamente más elevada que la femenina, algo que ocurre para todo el periodo analizado y para todas las comunidades autónomas. «Las diferencias por sexo en lo que atañe a la mortalidad por accidente de tráfico apenas han variado a lo largo del periodo, pese a que el número de mujeres con permiso de conducción ha pasado de un 38 % a un 42 % del total entre 2008 y 2019. Una posible explicación a este hecho quizás sea una actitud de mayor precaución y menor proclividad a conductas de riesgo en la conducción por parte de las mujeres». 

Por edad, son las cohortes de edad más avanzadas las que tienen mayor mortalidad. Excepto para el grupo de mayores de 85 años, para el resto de franjas de edad las tasas de mortalidad se han reducido y especialmente lo han hecho para ambos sexos en más jóvenes.

Los investigadores calculan que en España se han perdido 875.000 años de vida potenciales como consecuencia de los accidentes de tráfico con resultado de muerte (1,6 años por cada 1.000 habitantes). La mitad de esta cifra se concentra en los residentes de cuatro comunidades autónomas: Andalucía, Cataluña, Comunidad Valenciana y Galicia, y mayoritariamente en varones.

Durante el periodo analizado, cabe destacar que se ha producido una disminución en los años potenciales de vida perdidos que casi alcanza el 50%, convergiendo entre sí las diferentes comunidades autónomas.

Además de la pérdida de vidas humanas y del dolor y el impacto psicológico y emocional que estos fallecimientos han provocado en las familias y allegados, el análisis ha intentado cuantificar los costes sociales de la siniestralidad vial en el periodo analizado (2008-2019) obteniendo una cifra agregada de 66.483 millones de euros, lo que representa el 0,5% del PIB.

El descenso en el número de víctimas mortales en la carretera es «el resultado de la conjunción de varios factores, entre ellos la influencia del endurecimiento de la legislación en materia de seguridad vial, así como de las mejoras en las medidas de seguridad pasiva de los vehículos», sostienen los autores del trabajo, José María Abellán, Jorge Martínez y Fernando Sánchez, de la Universidad de Murcia, en relación al periodo inmediatamente posterior a la puesta en marcha del carné por puntos y de la tipificación penal de todos los comportamientos de conducción temeraria. Sin embargo, el volumen de accidentes de tráfico con víctimas -de cualquier gravedad- no ha dejado de crecer en España desde 2012 (con la única excepción de 2017), acumulando un crecimiento del 25,2% durante el periodo comprendido entre 2012 y 2019. «Es difícil aislar las causas de este incremento en la siniestralidad y, de hecho, el estudio no aborda su identificación, pero un motivo que puede aventurarse podría ser el cambio de ciclo económico. La recuperación económica coincide con la tendencia creciente que muestran los accidentes de tráfico, ya que dicha recuperación trae consigo una aceleración en la ampliación del parque automovilístico que tiene como efecto colateral indeseado un incremento del número de accidentes con víctimas, si bien ese aumento es compatible con un cambio en la composición de las víctimas, retrocediendo las víctimas graves y avanzando las leves», apuntan los autores.

El periodo analizado permite obtener una instantánea de la influencia de la regulación vial y del cambio de hábitos de la ciudadanía en la siniestralidad, pues en estos años, a los determinantes tradicionales de accidentes (velocidad, conducción bajo los efectos del alcohol o drogas, no uso de casco o cinturón) se han unido otros nuevos con una importancia cada vez mayor, como las distracciones por dispositivos móviles y la vulnerabilidad de ciclistas y peatones ligadas a las nuevas formas de movilidad.

«Hace 20 años, la distracción era el motivo del 20 % de los accidentes, ahora es del el 40 %. No solo en los conductores, también en los peatones. La nomofobia (miedo irracional a prescindir del teléfono) es un gran problema. Con las distracciones tenemos un gran problema. Pero es que la gente no tiene información», explica Luis Montoro.

Así han cambiado los accidentes de tráfico en nuestro país. L. O.

El peatón, el gran olvidado

El aumento de las muertes en peatones y ciclistas es un problema relacionado, según los expertos, por la falta de contundencia política y por otros factores como la proliferación de los SUV, modelos de automóviles que combinan elementos de todoterreno y de turismo. «El peatón está siendo el gran olvidado y, aparte, la velocidad en las ciudades ha aumentado de forma radical. La batalla de la carretera la tenemos relativamente controlada, pero el gran problema que tiene España son las ciudades. Y la forma de los coches, también, según como sea la parte delantera. El SUV, que no es todoterreno, pero también es alto, y con una superficie delantera muy grande, es muy lesivo en caso de atropello, y cada vez hay más en las calles», añade Montoro.