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Salud mental

La Junta dice que el joven encerrado en su cuarto diez años lo está por decisión propia

El delegado de Salud señala que el joven tiene un perfil «cercano a la normalidad» y que seá examinado si se acerca a un centro de salud

Carmen Ramírez, hace unos días en el Centro de Málaga. Evelyn Herrera

Los médicos sólo examinarán al joven malagueño de 31 años que lleva cerca de una década encerrado en su cuarto jugando a videojuegos y viendo la televisión si se acerca a un centro de salud porque su situación «más parece una decisión vital», declaró ayer a La Opinión el delegado de Salud Carlos Bautista.

De esta forma, el delegado responde a la madre del joven, Carmen Ramírez, que pocos días antes de la Semana Santa criticó en este diario a la Junta de Andalucía por no atender a su hijo en casa, cuando lo que padece es miedo a salir al exterior.

El delegado señaló que cuando el joven, con anterioridad y previa orden judicial, fue sacado de su habitación para que le pudieran hacer una valoración psiquiátrica -algo que ocurrió en dos ocasiones- «tenía un perfil muy cercano a la normalidad, por lo que realmente más parece una decisión vital».

Carlos Bautista indicó a este respecto que ha estado hablando tanto con médicos psiquiatras como con voluntarios de varias asociaciones de enfermos de salud mental y familiares y todos coinciden en esta apreciación. «Entiendo que para la madre es una tortura pero no podemos hacer más cosas», subrayó.

«Para nuestros especialistas no hay un problema psiquiátrico sino social o familiar. Todos me han dicho lo mismo», indicó, por lo que estimó que no es posible una nueva orden judicial «contra su voluntad» para poder valorarlo de nuevo.

El delegado sí remarcó que si el joven sale de su casa de forma voluntaria y se dirige a un centro de salud, sería examinado de nuevo, que es lo que le ha ofrecido la Consejería de Salud.

«Todas las personas tenemos un rasgo prepsicótico o premaníaco depresivo que la mayoría de las veces no se manifiesta o sólo en situaciones de estrés, pero este joven tiene una valoración psiquiátrica muy normal y no voy a decir nunca en la vida a un especilalista cómo tiene que tratar una enfermedad», indicó.

Carlos Bautista dijo entender también la preocupación de la madre por el futuro de su hijo si él falleciera, como manifestó en La Opinión, dado que el joven vive con ella y los dos salen adelante únicamente con una pensión de viudedad de 560 euros, a raíz de la muerte del marido de Carmen Ramírez, que falleció en 2020 a los 57 años de un alzhéimer severo. «Ella tiene que saber que en este país nadie se queda desamparado aunque tenga familia, todo el mundo tiene ayuda social o un acompañamiento, no hay que adelantar las cosas», manifestó.

Estigma

El delegado de Salud también hizo hincapié en que «ahora mismo, su hijo no necesita que lo estigmaticemos» y destacó que «uno de los principales riesgos en salud mental es que adelanten el diagnóstico, que le pongan una etiqueta a un paciente que no lo merece».

Como destacó, «si eres esquizofrénico, sin serlo, eso te marca de por vida y esa estigmatización es muy grave».

«Le pido a la madre que haga un esfuerzo, que nuestros especialistas son buenos especialistas. Y si resulta que lo valoran por enésima vez y la valoración sigue siendo la misma, no podemos obligar a una persona a hacer un tipo de vida que creemos que es normal», concluyó.

El caso de este joven lo dio a conocer este diario el pasado 16 de febrero, cuando su madre denunció que llevaba cerca de una década recluido en su habitación, sin haberse vacunado y con agorafobia.

De hecho, como explicaba, se pasa el día en el cuarto, en pijama, y sólo sale para ducharse y comer.

«Condenado de por vida»

El pasado 7 de abril, Carmen Ramírez criticó en este periódico a la Junta de Andalucía por poner la condición de atenderlo si salía de casa y acudía a un centro de salud o bien por teléfono. «Tiene miedo al móvil, es incapaz de coger un teléfono», apuntó y criticó que su hijo estuviera «condenado de por vida porque no tengo dinero para un psiquiatra de pago».

La madre está más que convencida de que su hijo no está encerrado por voluntad propia sino que tiene una enfermedad y recuerda que en su familia hay dos casos de parientes próximos con esquizofrenia, el segundo de ellos «un caso de agorafobia que terminó en esquizofrenia», aparte de que el padre de su hijo comenzó a tener alzhéimer con 43 años y murió de esta enfermedad 14 años después.

Para Carmen Ramírez, los videojuegos a los que está enganchado «son la punta del iceberg», por eso pidió a la Junta de Andalucía un nuevo diagnóstico en su casa: «Si mi hijo está diagnosticado puede ser recuperado con tratamiento psicológico o psiquiátrico porque es superinteligente. Yo no pierdo la esperanza», declaró.

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