Crónicas de la ciudad
El mapa más famoso de Málaga, cubierto de calima
Como metafórica imagen del avance de la desertificación en España, el casi centenario mapa orográfico tiene sus sierras, mesetas y valles cubiertos de calima

El famoso mapa de 1927, con casi toda España y Portugal repletas de calima y un gato de propina. / A.V.

Sin necesidad de escrutar el vuelo de las aves, esta sección ya aventuró que los restos de calima que perviven en Málaga medirán mejor que nada en los próximos meses o años el grado de atención y limpieza que reciben los espacios públicos -siempre que remita, claro-.
Y así, resulta llamativo el que el monumento al marqués del Larios todavía luzca el pedestal anaranjado y no se haya limpiado. Y la semana pasada, con motivo de la visita de una delegación de las dos más importantes universidades de Filipinas, los organizadores malagueños de esta cita mostraron su sonrojo a esta sección porque la escultura al héroe de la independencia filipina, José Rizal, estuviera aún invadido por la calima. Fuentes del Área de Cultura informaron de que la limpieza competía a la Autoridad Portuaria.
Con este panorama, en un precioso y pequeño rincón de Málaga se ha escenificado una metáfora perfecta de lo que nos puede deparar el pertinaz cambio climático.
Se trata de la Escuela Infantil Martiricos, más conocida como el Colegio del Mapa, por el famoso mapa en relieve de España y Portugal, realizado a instancias del general Enrique Cano y ejecutado en cinco meses del poético año 1927 por el comandante Joaquín Alfarache junto con dos ayudantes.
Levantado con cemento y pintura, la España de Primo de Rivera incluye el Protectorado Español de Marruecos, perfilado a la perfección por Alfarache pese a que no había planos muy certeros de esa zona en guerra -concluyó precisamente en 1927-.
Pues bien, entre los valles y mesetas del segundo país más montañoso de Europa después de Suiza, en este mapa casi centenario se ha aposentado con creces la calima, que en las zonas fronterizas con Portugal, las más visibles desde el Paseo de Martiricos, luce como enormes lagunas resecas y cuarteadas.
Es una España invadida por la calima pero a la vez se ha convertido en un serio aviso, al transmutarse en lo que nos espera si no ponemos coto a la desertificación.
Contemplar los valles del Ebro y el Guadalquivir invadidos por la arena del desierto y hasta los frondosos bosques navarros con su pizquita de Sahara no es ninguna broma. Un gato, por cierto, dormía la siesta en las primeras estribaciones de Sierra Morena.
Esta es la ocasión de restaurar a fondo el mapa, con vistas a su centenario en 2027 -el año de la exposición internacional- y ya puestos y si fuera posible, de revertir en nuestro país el impepinable avance del desierto y el secarral.
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