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Crónicas de la ciudad

Los vándalos se hacen con los antiguos restos del Cementerio de San Miguel

La parte del Cementerio de San Miguel incluida en el Parque recibe las carantoñas de tribus de vándalos que la han transformado en una caricatura

Aspecto general de las antiguas entradas al cementerio y el muro actual, al fondo, ayer. A.V.

A los vándalos les cayó el sambenito a perpetuidad de ser unos salvajes sin remisión, cuando puede que los suevos o los alanos no encalaran precisamente las casas ni colgaran macetas en los pueblos y aldeas por donde pasaban.

La imagen del vándalo haciendo de las suyas ha traspasado los siglos y en la actualidad tiene en el activo dictador Vladimir Putin un digno representante de esos oscuros tiempos sin ley.

A una escala mucho menos dañina para la Humanidad pero lo suficientemente negativa como para dejar su huella ingrata en el Patrimonio de Málaga, un grupo de protovándalos se ha dedicado a vejar una de las zonas más bonitas del Parque de San Miguel, es decir el anexo verde del Cementerio.

Porque en este transformado espacio en el que, en estos días, emiten sus fulgores dorados las grevilleas o árboles de fuego, también parecen funcionar, metafóricamente, de señal de alarma frente a tanto mastuerzo.

Basta con ascender la suave loma que enlaza con el camposanto -aún sin comunicación directa porque la puerta está cerrada- para descubrir, en primer lugar, una caseta absolutamente invadida por la lepra de los grafitis, esos a años luz de cualquier expresión artística.

Pero lo peor está detrás, cuando el paseante sube por el cerro y descubre que las antiguas entradas al cementerio, con el aspecto de ser los restos arqueológicos de una perdida misión californiana, están repletas de pintadas que evidencian, además de la pobreza intelectual de sus autores, su absoluta impericia artística.

Otro detalle de las pintadas en el exterior del Cementerio de San Miguel, por el lado del Parque. A.V.

La lepra de letras y colores no tiene fin y ha colonizado todo este espacio para continuar por el muro actual del Cementerio de San Miguel que, faltaría más, tampoco se libra de la falta de vergüenza de estos mamíferos bípedos, algunos de los cuales incluso puede que ya tengan derecho a voto en las elecciones.

En todas estas exhibiciones de carestía existencial casi nunca falta el dibujo de un pene con sus correspondientes acompañantes, como es el caso.

 Otro de los maromos, en un ejercicio de cinismo, se ha atrevido a aseverar en una de las dos antiguas puertas del camposanto que ·«el arte salva». Cierto, pero desde luego este zopenco está bien lejos de la salvación.

La única verdad de todo este maremágnum de porquería es que uno de los homúnculos firma como ‘el Sucio’, con permiso de Harry. La calima ha hecho el resto.

Confiemos en que pronto se limpie este basurero pictórico y que la vigilancia se lo ponga complicado a tanto vándalo.

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