“Our twelve points go to… Spain!”, anuncia la portavoz de San Marino al dar los primeros 12 puntos que España recibía el pasado sábado en Eurovisión, y casi al momento se pudo escuchar el griterío desde la sala número cinco del cine Yelmo de Plaza Mayor. La misma circunstancia se repitió con cada puntuación máxima que nos daban y cada momento en el que Chanel aparecía en pantalla.

"Antes lo ponían solo en Marbella, pero como termina tan tarde viene fatal ir hasta allí a verlo. Si se hubiese hecho esto aquí otros años, yo hubiese venido a verlo", reconoce una muchacha joven de pelo castaño sentada en la fila 9 segundos antes de que diese comienzo el espectáculo.

Una gran parte de los espectadores auguraban ya la victoria de Ucrania: “van a ganar por pura política”, exclamaba una pareja de chicas en la cola de las palomitas. Con menos banderas de las que se podían esperar, una sala casi llena pasó cuatro horas pegada a la pantalla para ser testigos de una nueva victoria eurovisiva y seguir una gala un tanto aburrida por momentos.

Y así fue: el país del trigo se llevó el trofeo, pero España también obtuvo un buen puesto, aunque con cierto sabor agridulce debido a las numerosas polémicas. Chanel hizo a todos los seguidores del festival recuperar la ilusión y, aunque acabase llevándose el bronce, ese tercer puesto, y batir el récord de puntos recibidos en el concurso, sabe a victoria tras 27 años de resultados más que mediocres para España.

Su actuación arrolladora capta todas las miradas y recibe una gran ovación que dura hasta la intervención de la siguiente candidata. A partir de aquí, el público desconecta hasta el turno de Moldavia, que vuelve a animar el ambiente tras ocho baladas que no parecen interesar a la audiencia a excepción de alguna, que es aplaudida. Ni siquiera Måneskin despierta tanto interés en la sala como cabría esperar al ser ellos quienes hicieron posible la celebración de Eurovisión en Turín.

Chanel actuando en la final de Eurovisión EP

Ocho puntuaciones máximas dieron los jurados nacionales a Chanel, aunque casi todos le destinaron al menos algún que otro punto. Resulta irónico que años atrás se celebrase recibir las migajas del resto de Europa porque algunos pensaban que “nos tenían manía”, mientras que este año los comentarios y las exclamaciones decepcionadas se daban por no recibir los 12. “Cómo se nota que vienen aquí de vacaciones” reclama alguien al fondo respecto a la puntuación de Reino Unido, cuyos jueces tampoco nos dieron el máximo.

El reparto de votos termina con la gran sorpresa que da el voto del público destinando más de 400 puntos a los ya ganadores. “Esto se sabía que iba a pasar”, reconoce otro chico a la salida del local sin indicios de asombro en su voz.

La sala se vacía al instante de anunciarse los ganadores, podría decirse que en protesta por la desilusión provocada por la política que una vez más acaba determinando el curso de los acontecimientos. Pero lo que seguro que nunca podrán olvidar los asistentes es la pasión con la que han apoyado una candidatura española, siendo la primera vez en el siglo XXI que esto ocurre y, para muchos, la primera vez en su vida.