Kiosco La Opinión de Málaga

La Opinión de Málaga

Crónicas de la ciudad

La escalinata perdida de la avenida de San Isidro

Tomada por la naturaleza, esta escalera a ninguna parte recuerda a esos templos de Camboya en los que Walt Disney se inspiró para ‘El libro de la selva’

Las escaleras a ninguna parte tomadas por la vegetación, el mes pasado en la avenida de San Isidro. A.V.

El pasado domingo, la sección semanal ‘Mirando atrás’ daba a conocer un libro sobre el intercambio epistolar entre dos amigos franceses, uno de ellos, alto cargo colonial en la Cochinchina -sinónimo durante décadas en España de ‘lugar remotísimo’- y el otro, un joven francés que, aquejado de asma, terminaría asentándose en Málaga hace más de un siglo, donde formó una familia y sería profesor del Colegio San Estanislao, así como secretario, durante muchos años del Consulado de Francia en nuestra ciudad.

En las cartas que de Indochina le mandaba el responsable colonial, llamado Albert Duvigeant, sin duda lo que más le sorprendieron fueron los templos de Camboya y en especial el de Angkor Wat, una suerte de ‘Escorial de los trópicos’ que sigue siendo una de las grandes maravillas del mundo.

Tanto en este templo, Patrimonio de la Humanidad, como en otros de los alrededores, invadidos por la naturaleza hasta el punto de que los inmensos árboles que los colonizan han terminado por sostener estas construcciones, se inspiró Walt Disney para su famosa película ‘El libro de la selva’ y en un ámbito menos artístico y más de zambombazos, la saga peliculera de Lara Croft.

Y aunque en Málaga no abundan los macacos y el último y escandaloso mono del Jardín de los Monos, en la Victoria, terminó sus días en el zoológico de Santo Domingo, en la República Dominicana, en nuestra ciudad podemos toparnos con rincones en los que la naturaleza se ha adueñado de un pasado de piedra con ecos de Rudyard Kipling y sus criaturas.

Lo podemos comprobar si subimos la avenida de San Isidro, en El Palo y nos paramos frente a la urbanización San Isidro, cerca ya de la entrada a la autovía.

Casi enfrente del último bloque de San Isidro descubriremos una escalinata de piedra que no conduce sino a un muro blanco que corta el ascenso.

Es lo único que queda de una casa que debió de ser grande y veterana, como se ve en una fotografía aérea del famoso vuelo americano de los años 56-57 que fotografió nuestra ciudad. Por otra foto aérea, tomada entre 1977 y 1983, se aprecia que seguía en pie en plena Transición. Posiblemente, pues el firmante no tiene la certeza total, pudiera tratarse del conocido como Cortijo de El Parío.

En nuestros días los terrenos del posible cortijo dan a seis chalés, comunicados por la calle Ramón Gómez de la Serna. Cuando la naturaleza ‘arrecia’, por la vieja escalinata se derrama una vegetación digna de la selva camboyana en las alturas del Palo.

Compartir el artículo

stats