Señores. La Procura está que se sube por las paredes. Hay momentos en los que te cuestionas todo, no depende de la edad, no depende de tus circunstancias personales ni familiares, depende, a veces, de los zarandeos que fuerzas externas te dan en la vida. Y eso es lo que ahora está pasando con el colectivo de procuradores.

El PROCURADOR está viviendo ahora una situación límite que se ha provocado sin su intervención. Con la excusa de que desde Europa se exige al reino de España una serie de actuaciones con respecto a ciertas cuestiones, nos ha tocado a los procuradores ir soportando, con el transcurso de los años, que cada vez se nos vapulee más. Y nosotros, que somos sufridores, aquí seguimos al pie del cañón.

Considerados como servicio esencial en época de pandemia, como los otros superhéroes cuyas profesiones se consideraron inmunes al virus, pues eran necesarias para que lo imprescindible siguiera funcionando… Y eso está claro, SOMOS IMPRESCINDIBLES para el desarrollo y funcionamiento del sistema jurídico español, pero también SOMOS DESCONOCIDOS por la gran mayoría.

El procurador, como profesional que es, por desarrollar su trabajo recibe una remuneración que está estipulada en unos aranceles. Éstos no han sido actualizados desde 2003, ni en cuanto a su actualización al IPC, ni en cuanto a los nuevos procedimientos que se han ido creando.

Ahora se ha publicado un Real Decreto, tramitado por vía de urgencia, que, lejos de actualizarnos los honorarios al IPC, por el contrario, liberaliza, por decirlo de forma coloquial, los mismos. Aranceles, que antes eran de “mínimos” se transforman en aranceles de “máximos”, para que cualquiera pueda cobrar por debajo hasta donde quiera, dando pie a una competencia feroz entre profesionales, basada en la rebaja, las ofertas y el lowcost que tan de moda está. Hemos dejado de tener un precio justo y hemos entrado en el precio de mercadillo.

El trabajo del procurador es de servicio al cliente, apoyo al abogado y colaboración con los Órganos Judiciales. Es fundamental y queremos, como cualquier persona, que se retribuya este trabajo, en el que a veces dejamos un rastro de familia desatendida y de salud propia.

Los procuradores queremos trabajar dignamente, no es una pretensión tan descabellada. Somos una profesión cuya remuneración depende del aire político que corra, aunque sea de servicio esencial. La única profesión que lleva cobrando lo mismo desde el 2003, sin subidas del IPC. Y ahora, esa seguridad mínima se va al traste.

Ya desde principios del siglo XXI hemos sufrido cambios que ha supuesto un gran trastorno en nuestra profesión; como cuando desapareció la territorialidad, y nos adaptamos; como cuando nos piden más que a otros profesionales para llegar a lo mismo, y nos adaptamos; como cuando nos cambian el sistema de notificaciones y tenemos que subirnos al carro de las tecnología adaptando e invirtiendo en nuestros despachos en productos informáticos y formación para poder desarrollar nuestro trabajo acorde con los tiempos, y NOS ADAPTAMOS.

Es obvio pensar, que en todo este tiempo y tal y como se han desarrollado las circunstancias, los que nos han dirigido y representado, o no han sabido hacerlo bien o no se les ha hecho caso.

Es el momento de recordar que somos un grupo unido, y que siempre, procurador, has tenido cerca a tu Colegio para hacer lo que esté en su mano para seguir adelante, aunque a veces esa labor sea poco visible.

Querido ciudadano:

Confía en tu procurador, trabaja por tus intereses. Está capacitado para guiarte en los conflictos judiciales y solo pretende hacerlo por un precio justo.

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