A través de las redes sociales, amigos, conocidos, carteles publicitarios, actividades o, incluso, intercambiando palabras de forma inconsciente con la propia organización, alguna vez en la vida habéis estado o estaréis en contacto con una secta. El incremento de estas organizaciones, de carácter religioso, sanadoras, espiritual, económicas o sexual, es una realidad que avanza a gran velocidad. A pesar de no contar con un observador nacional que se dedique a identificar o a enumerar las diferentes sectas, algunos expertos como el psicólogo José Miguel Cuevas, consideran que en la Costa del Sol operan cerca de 100 grupos manipulativos de todo tipo, pero podrían ser más porque “cada año proliferan nuevas sectas de las que no tenemos ninguna información”.

En este listado están incluidos todos aquellos “grupos que aplican técnicas de persuasión coercitiva sobre otras personas” asegura el experto en sectas y profesor de psicología en la UMA, José Miguel Cuevas. Hay definiciones más complejas y académicas, pero todas coinciden en lo mismo: la manipulación mental.

Existen numerosos perfiles de sectas, pero el nexo común es que son grupos agresivos que suelen causar algún tipo de daño a las víctimas, a las que consiguen aislar de sus familiares y amigos, les sustraen grandes cantidades de dinero y les exigen grandes esfuerzos físicos o sexuales. Sin embargo, estos grupos no se presentan así. Se venden como especialistas que se encargan de cubrir las necesidades de las personas. Además, usan un señuelo: actividades atractivas, clases gratuitas de idiomas o cocina, crecimiento personal, relajación e incluso curaciones milagrosas, dependiendo del tipo de organización que sean.

“Al principio te hacen sentir parte de la elite, formas parte de un grupo que a corto plazo te sube la autoestima. Ahí empiezas a pensar que tu grupo es el mejor y que el resto del mundo tiene una imagen muy equivocada de este y que tu libremente has elegido seguir ese camino”, señala el psicólogo. Es decir, el grupo empieza condicionando a la persona de forma gradual. En sus inicios, el grupo no es perjudicial, lo perjudicial empieza a notarse con el tiempo “cuando el ‘yo’ empieza a estar anulado”.

Dependiendo de cada líder o gurú, la secta cuenta con objetivos diferentes. La mayoría se centra en aumentar su poder económico. Otras, buscan personal para explotación laboral o sexual. “El líder utiliza a las víctimas a su antojo”, corrobora Cuevas. Normalmente las sectas, como las empresas, “buscan personas productivas y que atraigan a nuevos miembros que sean moldeables”.

A pesar de que cada líder es diferente y cuenta con características muy variadas. Lo que sí comparten todos los dirigentes es el carisma y el narcisismo. “El líder se piensa que puede explotar a cualquiera y encima la víctima tiene que estar agradecida”, afirma el experto. Otro de sus puntos en común es la paranoia. Están convencidos de que el mundo está en su contra. Paradójicamente se muestran como las víctimas. Además, "suelen ser antisociales y psicópata, no le importan las personas y no tienen escrúpulos ni remordimientos como el resto de las personas”.

En el caso de las víctimas es más difícil definirlas. “Un mito que la gente piensa es que las personas que entran en una secta son frágiles, tontas o débiles y todo lo contrario”, señala Cuevas. Aunque normalmente las personas entran en las sectas por encontrarse en momentos de vulnerabilidad, “a veces la gente entra en una secta porque ofrecen algo atractivo para ellas”.

En España actualmente se estima que hay entre 400.000 y 500.000 personas afectadas de forma directa por las sectas. Las sectas que más víctimas suelen atraer en la actualidad son los llamados grupos de “la nueva era”, relacionados con las energías y que ofrecen alternativas de sanación, cambios en la conciencia y todo lo relacionado con la madre tierra. Luego están los grupos relacionados con la pseudoterapia. Estos “prometen a sus víctimas soluciones para curar cualquier tipo de enfermedad incluido el Cáncer”, reconoce. Pero en ningún momento, tal como asegura Cuevas, se ha demostrado de forma científica que tenga algún tipo de eficacia. También destacan las sectas dedicadas al “factor humano”. Aquellas que se encargan de ayudar, supuestamente, a las personas más necesitadas y a los países tercermundistas.

El único servicio público

En el seno del Programa de Adicciones que mantiene el Ayuntamiento de Marbella se encuentra el único servicio español y europeo que se encarga de atender y prestar servicios a personas que han caído en las redes de las sectas. Su responsable, José Miguel Cuevas, atendió en 2021 a 28 víctimas directas y en torno a 40 familias atendidas en 167 consultas.

Este servicio, que cuenta con apoyo puntual de un médico y una trabajadora social, ofrece tres tipos de programas diferentes a las víctimas. El primero, “Asesoramientos a familias”. como su nombre indica se encarga de ofrecer asesoramiento y técnicas a las familias de las víctimas. “Intentamos hacerle ver, a través de sus familiares o amigos, que pueden estar cegados por un grupo sectario” confirma Cuevas.

En “dependencia grupal” acude al programa aquellas personas que se auto identifican o empiezan a dudar si son víctimas de sectas. “Es el programa más sencillo de trabajar ya que las víctimas se prestan y quieren saber con certeza si han pertenecido a un grupo sectario”.

El tercer programa, “Asesoramiento a adeptos”, es el más residual, ocurre muy pocas veces. Lo que se intenta es ofrecer unas pautas educacionales a las personas que no son conscientes de que pertenecen a un grupo sectario. Este programa suele tardar más, pero se debe hacer en los tiempos marcados o se puede provocar el efecto contrario en la víctima”, asegura el experto. El objetivo es hacerle pasar de un estado pre contemplativo a une estado contemplativo.