Las clases ya no son de treinta y tantos alumnos, el primer ordenador que se instaló de forma experimental ha dado paso a un uso generalizado de la tecnología y el claustro de profesores se ha reducido a la mitad. El salón de actos del CEIP Ricardo León se utilizó como iglesia del barrio mientras se construía la actual. Hoy es también aula de música. Muchas cosas han cambiado en el medio siglo de vida que este edificio cumplió en 2021, aunque la pandemia ha retrasado las celebraciones. Sin embargo, la apuesta por la igualdad, la inclusión y la convivencia continúan marcando el espíritu de un centro que forma parte de la historia de su barrio, Portada Alta

Su antiguo director, Francisco Javier García Soriano, que estuvo al frente del Ricardo León durante 28 años, recuerda que el centro se creó en 1965 donde ahora está el mercado y con el nombre de Colegio Nacional Portada Alta. Fue en 1971 cuando se mudaron al edificio actual que más tarde pasaría a llamarse Ricardo León en homenaje al novelista y poeta.

Llegó a tener unos 600 alumnos y una plantilla de más de 50 profesores. Incluso se organizó en doble jornada durante algunos años, con grupos de estudiantes de mañana y de tarde. «Venían en transporte escolar desde el pantano del Agujero. No había suficientes centros y como este fue uno de los primeros de la zona y era bastante grande lo utilizaron para doble turno», explica Javier. 

Pero, principalmente, este colegio público fue pionero en un tema que aún hoy provoca debate: la integración del alumnado con necesidades educativas especiales. En 1979 integró por primera vez a un grupo de alumnos con Espina Bífida, un primer paso que ya en el curso 82-83 le llevó a ser nombrado centro experimental de integración. 

No fue fácil, tuvieron que conseguir más personal, profesorado específico y, sobre todo, algo inédito en aquel momento, un enfermero fijo en plantilla

Hoy la integración se ha generalizado pero el Ricardo León acogió en su día a menores de toda Málaga que se trasladaban en los primeros autobuses escolares adaptados. 

Javier García recuerda cómo cada año tenían que reorganizar las clases en función de los alumnos de integración porque los que iban en silla de ruedas no podían subir las escaleras. Por ello, la llegada del ascensor fue uno de los cambios más importantes en un edificio que tanto él como la actual directora, María Teresa Martínez, admiten que se ha conservado en muy buenas condiciones.

La obra más importante fue la apertura de una segunda puerta en el curso 97/98, «con vistas a que el alumnado de la barriada de enfrente también viniera aquí».

Ahora, cada curso hay unos 25 alumnos con necesidades especiales integrados, además de los seis del aula específica, explica la directora. La cifra total de estudiantes ha bajado hasta menos de 200 por la caída generalizada de la natalidad en un barriada bastante envejecida y con unas condiciones socioeconómicas que han hecho que el CEIP Ricardo León tenga la calificación de centro de compensatoria desde el curso 1988-89.

Además de los recursos adicionales como profesorado de apoyo o la participación en el programa CaixaProinfancia, para que el colegio funcione ambos directores coinciden en que es clave tener un claustro unido. «Tenemos un claustro muy motivado porque tanto el centro como la zona lo piden, se necesita trabajar de forma distinta, hacer que los niños estén cómodos y les saquen el máximo provecho al colegio», explica Javier.

Como todos los centros de compensatoria, tienen que enfrentarse a casos de absentismo, para lo que trabajan mucho con los Servicios Sociales, y contrarrestan el bajo nivel de competencia lingüística con todos los recursos a su alcance.

Entre los 26 profesores actuales hay bastante estabilidad y algunos como el propio director ya jubilado han pasado la mayor parte de su carrera en este centro. «Esto es como un pueblo. Nos conocemos todos», dice María Teresa, en referencia a la relación tan cercana con las familias. 

Javier García recuerda que esto es lo que destacó el alcalde en el acto de celebración del 50 aniversario hace un par de semanas: la convivencia. Para que las buenas relaciones se mantengan, el Ricardo León trabaja intensamente los valores y la resolución de conflictos «desde una perspectiva proactiva, enseñando habilidades sociales y desde la prevención». 

Hoy en día, las nuevas tecnologías han traído nuevos conflictos, por lo que estos docentes apuntan que hay que trabajar mucho este tema y el de la comunicación. El colegio utiliza la biblioteca y la ludoteca para enseñar a los menores a jugar de forma cooperativa, lo que favorece la convivencia y el respeto. Además, también fueron pioneros en crear un Aula de Convivencia y llevan desde el principio en la Red Andaluza ‘Escuela: Espacio de Paz’ de la Junta.

En cuanto a las nuevas tecnologías, además de su participación en el Plan Alhambra en 1989 como centro experimental de introducción a la informática en los centros, fueron de los primeros colegios en tener una página web.

Un instrumento que hoy utilizan también como medio de comunicación con las familias, aunque el contacto directo es el que prima. «Estamos metidos dentro de la barriada. Los padres entran y salen. Conocemos a varias generaciones porque todos han pasado por aquí. Eso es importante para ellos», apuntan. Son, en definitiva, una gran familia educativa que ya lleva 50 años en la misma casa, el CEIP Ricardo León.