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Mirando atrás

Consuelo Gómez: un siglo de entrega

Doña Consuelo Gómez Rosa (Martos, 1922) cumple el próximo lunes cien años. Su vida se truncó con la guerra y tuvo que marchar a Málaga, donde sacó adelante a su familia y ayudó a su marido trabajando de limpiadora. Tiene dos hijas, cinco nietos y ocho bisnietos

Doña Consuelo Gómez, esta semana en la casa de su hija Ana, donde vive, con la foto de su marido José Fernández. Evelyn Herrera

Nadie diría que está a punto de cumplir cien años, no sólo por su aspecto físico y su sonrisa casi constante, también por la facilidad con la que se levanta de los sillones y la naturalidad con la que explica su vida. Y sin embargo, este próximo lunes, 6 de junio, doña Consuelo Gómez Rosa cumplirá un siglo de vida.

Lo celebrará, eso sí, un poco más tarde, cuando un familiar se reponga de una operación. Entonces, festejará su cumpleaños con sus dos hijas, Auxiliadora y Ana -con quien vive-, cinco nietos, ocho bisnietos y el resto de la familia.

Cuando se le pregunta si alguna vez pensó en llegar a los 100 años responde con un «no» rotundo. Doña Consuelo nació en Martos y era hija de una familia con recursos económicos, pues su padre, Manuel Gómez, trabajaba de interventor en el Ayuntamiento. Eran seis hermanos, aunque ella, la penúltima, es la única que aún vive.

Por cierto que dos hermanos murieron de meningitis y para apartar a los niños del pueblo una temporada, sus padres les mandaron a ella y al resto de sus hermanos a pasar una temporada en un cortijo, donde el casero les enseñaba las virtudes de la hierbas del campo «y que por el Camino de Santiago van las estrellas».

De niña recuerda que jugaba a las bolas o canicas, al trompo y al aro y que asistió al colegio de doña Angustias Arenas, aunque una vez hizo novillos con unas amigas y demostró que no servía para mentir: «Nos fuimos al Calvario de paseo y al llegar a casa mi madre se extrañó de que volviera tan pronto y yo le contesté: ¡Si es que no hemos ido!», ríe.

Ana Fernández, una de los dos hijas de doña Consuelo, sostiene el certificado de nacimiento de su madre esta semana. Aunque nació el 6 de junio de 1922, por error en el certificado consta que nació una semana más tarde. Evelyn Herrera

Unos Reyes, por cierto, mientras a su hermana Gloria le trajeron «una muñeca de pasta», ella recibió una muñeca de cartón, con la mala ocurrencia de que decidió bañarla «y adiós a la muñeca».

La Guerra Civil, que le sorprendió con 14 años, lo cambió todo. «Empezaron a arder las iglesias, mi padre estaba sentado en la puerta y un amigo, mientras las mujeres estaban llorando, dijo: «No llorad por eso, llorad por vuestros hijos porque empezó la guerra», recuerda.

Pese a que su padre era una persona religiosa y con unas ideas que discrepaban del resto, con la victoria del bando sublevado fue depurado, tuvo que abandonar su cargo en el Ayuntamiento de Martos y se dedicó a dar clases por los cortijos, hasta que un día no se supo más de él.

«Nunca apareció. Tenemos familia en Martos que trabajaba en el Ayuntamiento pero nunca nos quiso decir cómo terminó», cuenta Ana Fernández, hija de Consuelo y nieta de Manuel Gómez.

Con la desaparición del interventor buena parte de la familia dejó el pueblo y se dispersó. «Mi madre se marchó con las tres hermanas más pequeñas», cuenta doña Consuelo, que explica que en esos años estuvo en Rute, donde trabajaba un hermano; Montilla y finalmente en Málaga, donde llegó hacia 1945.

En esta fotografía aparece una veinteañera Consuelo Gómez, en los tiempos en los que ya vivía en Málaga, donde se asentó hacia 1945. Archivo familiar

La llegada a Málaga

Entre sus primeras imágenes de Málaga, por cierto, «la iglesia de la Merced en ruinas y la procesión del Cristo Mutilado, que la vimos en el Café Madrid», destaca.

La joven Consuelo se fue a vivir a una habitación alquilada en un corralón de la calle Huerto del Conde. En el patio del corralón se encontraba la Vinícola Ari, recuerda, y fue en esta misma calle donde conoció a su futuro marido, José Fernández Sánchez, un perchelero que trabajaba de contable de Manuel Villalta, propietario de barcas de pesca, aunque con los años terminó trabajando en la Azucarera Hispania, donde se jubiló.

Esos años 40 en Málaga doña Consuelo los resume en pocas palabras: «Había mucha pobreza y estraperlo» y recuerda las cartillas de racionamiento y también la estampa de las mujeres que vendían pan en calle Granada, hasta que tenían que salir corriendo cuando aparecía la policía.

La jiennense contrajo matrimonio con su novio en1947 y al año siguiente tuvieron a su primera hija, Auxiliadora, que nació en el corralón, después de que la joven madre avisara a sus amigos de la bodega, ya que su marido estaba fuera trabajando. «Ellos mismos llamaron por teléfono y una comadrona fue quien me asistió para tener a mi niña», cuenta.

En la foto, tomada hacia 1950, aparece la joven jiennense con su suegra, su marido el perchelero José Fernández y Auxiliadora, la mayor de sus hijas. Evelyn Herrera

La segunda hija de la pareja, Ana, nacida en 1953, ya vendría al mundo en calle Doña, donde se había trasladado la familia.

Pero en esos años 50 la dificultades continuaban y como muchas familias en las que el marido perdía el trabajo, doña Consuelo tuvo que ponerse a trabajar, en este caso de limpiadora, para sacar su casa adelante.

«Las rodillas las tengo con artrosis de lo que he fregado, pero mi marido entonces estaba parado y tenía que ayudar», explica. Si de algo está satisfecha es de que a sus hijas no les faltó nunca de nada y pudieron completar sus estudios.

Consuelo Gómez, en 1972, con Alexis, su primer nieto. Archivo familiar

La familia vivió en varios rincones de Málaga como el barrio de La Luz, la calle Guillén Robles o la avenida de Manuel Gorría, hasta que, tras la muerte de su marido a finales de los 80, la malagueña de adopción se marchó a vivir con su hija Ana y su familia.

Por cierto que la Guerra Civil truncó la vida de su familia pero también sus estudios, por eso, cuenta su hija Ana Fernández, doña Consuelo aprendió a leer correctamente muchos años más tarde, gracias a las revistas de las telenovelas. «Topacio», pone la veterana jiennense de ejemplo.

Hace una década, con 90 años, cuando fue la madrina en la boda de su nieto José Antonio. Archivo familiar

En la actualidad, doña Consuelo Gómez vive una vida tranquila con una alimentación muy cuidada. «No le gusta la carne, así que el médico nos dijo que para que tuviera proteínas que comiera jamón», cuenta su hija, que detalla que a su madre le gusta mucho la crema de verduras y también el pescado frito.

En su día a día, además de pequeños paseos por la casa, comenta que le gusta mucho seguir la actualidad por la radio. «A ver si acaba esta guerra», comenta de la invasión rusa de Ucrania.

El Día de la Madre de este año, acompañado por su hija Ana, su yerno José Antonio Luque y seis de sus ocho bisnietos. Archivo familiar

Su hija Ana tiene las palabras que mejor definen toda una vida de entrega de su madre: «Ha sido valiente y buena».

Feliz cumpleaños, dona Consuelo.

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