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La Opinión de Málaga

Crónicas de la ciudad

De citas célebres a pintadas zopencas en Ciudad Jardín

En la calle Alcalde Emilio Baeza Medina una pared con pintadas con reflexiones de personajes famosos ha dado paso a desvaídas pintadas tarugas.

La pared de la calle, en la actualidad. A.V.

En una crónica de comienzos de junio comentábamos cómo, algún inconsciente «con la formación científica de una cabra montesa», había llenado mayormente Capuchinos de pintadas para tratar de convencer al personal de que la Covid-19 era pura invención.

Lo curioso es que salía a colación a raíz de una pintada en la calle Fray Domingo Pimentel, en Segalerva que, con bastante probabilidad, originalmente rezaba ‘Viva Putin’ -con perdón- aunque alguien con ingenio reconvirtió la loa al gángster del Kremlin en un ‘Viva Tintín’ con solo cambiar tres letras.

Quién iba a saber que, pocos días más tarde, la Policía Nacional anunciaba la detención de un presunto grafitero majarón de 70 años, para concluir que de su talludita mano habían salido presuntamente tanto las pintadas a favor de Putin como las negacionistas del coronavirus.

Con semejante carrera honorífica, si nadie lo remedia pronto aparecerán pintadas que en Málaga nieguen la redondez de la Tierra o de las naranjas, que para el caso es lo mismo.

De todo hay en la viña en una ciudad que ha arropado a notables majarones, algunos de los cuales han llegado a lo más alto a pesar de esta ‘perturbación’ tan malaguita o precisamente por ella, pues el majarón es el primero en jalearse y aplaudirse a sí mismo sin ningún asomo de rubor, algo considerado una cualidad en muchos ámbitos.

Lo curioso es que, un poco más arriba de la loa a Tintín, ya en el inicio de Ciudad Jardín y en la calle que recuerda al alcalde republicano Emilio Baeza Medina se ha vivido el proceso contrario; es decir, que de pintadas con ciertas dosis de inteligencia se ha pasado a pintadas garrulas de adolescentes.

Como algunos recordarán, en esta calle, en realidad un modesto recoveco sin salida, hacia 2013 afloraron en una pared, como si fueran las caras de Belmez, una miríada de pintadas que en realidad consistían en citas de personajes famosos de lo más variados, desde Sigmund Freud a Charlie Chaplin, Voltaire, Jacinto Benavente, Bob Marley o Epícteto («No pretendas que las cosas sean como las deseas, deséalas como son»).

Y siguiendo a Epícteto hay que conformarse con lo que hay porque todas estas citas en las que se reflexionaba sobre el amor, el dinero, la libertad o los obstáculos de la vida («He sido un hombre afortunado, nada en la vida me fue fácil», Freud) han dado paso a -afortunadamente- ya desvaídas pinturas zopencas, ecos de uniones tribales garrapateadas en la pared. Involución pictórica en toda regla, al contrario que en el caso del ‘putiñero’.

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