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La Opinión de Málaga

Elecciones andaluzas

Andalucía celebra sus elecciones con todo el país atento a sus consecuencias

El PP de Juanma Moreno se somete al examen de la reválida con el viento a favor de los sondeos respecto al bloque de izquierdas, aunque con la amenaza de un posible pacto con Vox acechándole

Una mujer deposita su voto en un colegio electoral durante las elecciones andaluzas de 2018. | EFE

Dos semanas de campaña electoral después y tras varios meses con el electoralismo instalado como estado de ánimo, Andalucía evalúa en las urnas la continuidad de Juanma Moreno como presidente. Este 19 de junio, el PP se somete al examen de la reválida contra el bloque de izquierdas con el viento a favor de los sondeos, aunque con la amenaza de un posible pacto con Vox acechándole. Y no será el único partido que se juegue buena parte de su presente inmediato en esta cita electoral, que se antoja decisiva por las consecuencias que puede imprimirle a la política nacional. Para el PSOE, se sugiere como el termómetro ideal para palpar los efectos reales del proceso de renovación liderado por Juan Espadas que puso fin a la etapa de Susana Díaz. A Vox le resolverá las interrogantes que acotan su deseo de repetir en Andalucía el pacto con el PP de Castilla y León. Ciudadanos se la juega a ‘vida o muerte’ y tendrá que revertir estimaciones que arrojan un resultado más testimonial, pese a que obtuvo 21 escaños en 2018 y ha gozado de protagonismo en el Gobierno andaluz. Además, habrá un baño de realidad para las fuerzas situadas a la izquierda de los socialistas. Por Andalucía concurre con una alianza amplia que no disimula el enfrentamiento en el espacio de Unidas Podemos. Y Teresa Rodríguez quiere obtener representación para que su nuevo ‘partido andaluz’ empiece a existir en las instituciones, aferrado a la controvertida marca Adelante Andalucía.

El PP quiere ‘hacerse un Ayuso’

El espejo al que se miró Juanma Moreno instantes antes de convocar las elecciones andaluzas con casi medio año de antelación, le mostró los resultados cosechados en mayo del año pasado por Isabel Díaz Ayuso en la Comunidad de Madrid. El aspirante a la reválida del poder andaluz ha llegado, incluso, a llamar por su nombre al gran objetivo electoral que mueve al PP andaluz: «Quiero hacerme un Ayuso», ha confesado durante la campaña para ilustrar su intención de gobernar en solitario y así evitarse el hipotético pacto con Vox que tantos dolores de cabeza le genera. Esta consigna se traduce en rondar o superar la barrera de los 50 escaños. O sea, aquel resultado con el que en 2012 ganó por primera y única vez el PP las elecciones andaluzas con Javier Arenas al frente. Entonces, el panorama era bien distinto y la inexistencia de los aliados de ahora en el centro-derecha le impidieron gobernar, en detrimento de un pacto PSOE-Izquierda Unida. Esta vez, los 50 escaños sumarían más que todas las fuerzas de izquierda juntas y se traducirían con mucha posibilidad en ese gobierno con las manos libres con el que sueña Moreno.

Si Cs sacara algunos escaños para sumar hacia la mayoría absoluta de 55 diputados también serían tenidos en cuenta, aunque esa aritmética ya encierra otros intangibles más complejos y quizás improbables. Aunque hay encuestas que le conceden al PP esa mayoría holgada, también debe tenerse presente que exigiría duplicar los 26 escaños de 2018, que elevaron paradójicamente a Moreno al Palacio de San Telmo con el peor resultado de la historia del PP. Sea lo que fuere, Moreno lo tuvo claro la noche en la que claudicó Susana Díaz y toda esta legislatura ha seguido una estrategia encaminada a captar a los votantes desencantados con la izquierda, que en los anteriores comicios se quedaron en sus casas y se abstuvieron.

Resultados de las elecciones de 2018.

El PSOE confía en los indecisos

El PSOE de Andalucía se acerca a la meta de este 19J tras una carrera de obstáculos en la que la movilización del electorado progresista para que no se quede en su casa y captar el voto de los indecisos son sus dos últimas cartas. En los mensajes de Juan Espadas se han sucedido una serie de proclamas encaminadas a conseguir un trasvase de votos desde caladeros parecidos a aquellos en los que pretende cimentar una mayoría amplia Juanma Moreno. El PSOE se ha dirigido tanto a la izquierda como a «la gente moderada la que no quiere retrocesos en las conquistas de la democracia y de la autonomía andaluza».

El PP lleva varios meses proclamando que quiere ‘hacerse un Ayuso’ para poder gobernar en solitario

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A la hora de pedir el voto para el PSOE como única opción que permitiría un freno a la ultraderecha, Espadas ha llegado a vaticinar que habrá muchos votantes de centro moderado que van a votar al PSOE para evitar que el PP gobierne con la ultraderecha. Además, en un claro mensaje a opciones como las de Por Andalucía y Adelante Andalucía, el candidato socialista da por hecho que va a tener a la izquierda del PSOE «votantes que otras veces han confiado en proyectos más fuertes y sólidos que los que ahora se presentan». Es más, le ha pedido el apoyo a quienes suelen decantarse por opciones de izquierda que no suelen tener representación parlamentaria y, especialmente, ha intentado pescar en la pérdida de escaños que se le presume a Ciudadanos. En este sentido, Espadas se ha dirigido a quienes en 2018 dejaron de votar al PSOE y pensaron en una opción de centro como la de Cs, recordándoles que Cs ha sido absorbido por «las políticas de la derecha y del PP».

Igualmente, en el PSOE ha planeado cierta obsesión por recuperar los 500.000 votos que no afloraron en las anteriores elecciones andaluzas y, en cambio, meses después sí recibió Pedro Sánchez. Esta búsqueda de abstencionistas o de cabreados con la entonces candidata Susana Díaz, ha guiado a Espadas a la hora de destacar la renovación interna que hace un año trajeron las primarias al PSOE de Andalucía. Y, por la misma regla de tres, le ha garantizado a su equipo que los votos que se perdieron por un desencanto con la anterior dirección son recuperables.

De este mensaje también se desprende hasta que punto Espadas sabe que su resultado se mirará con lupa y será comparado con los 33 escaños de Susana Díaz. Reeditar cuatro años después la condición de fuerza más votada se da, prácticamente, por imposible en muchos de los mentideros socialistas.

Cs y la guadaña de los sondeos

Ciudadanos ha vivido la campaña andaluza con la inquietud de quien sabe dónde está la cerradura pero necesita una llave para poder abrirla. Incluso, este dilema empujó un spot publicitario publicado esta última semana en el que, para pedir el voto útil para el partido liberal, se empleaba un llavero ilustrado con el logo de Cs que -como en 2018 cuando obtuvo 21 escaños- sí conseguía desbloquear una supuesta cerradura andaluza.

En un panorama que los ha obligado a convivir con la guadaña de encuestas que incluso sitúan al partido frente al precipicio que los dejaría sin representación parlamentaria, la formación naranja ha apelado «al voto decisivo». Sus dirigentes son conscientes del valor que llegarían a tener cuatro o cinco escaños naranjas, en caso de que Juanma Moreno se acerque a la mayoría absoluta y los necesite.

Esta cita electoral llega con la vitola de decisiva por las consecuencias que puede imprimirle a la política nacional

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El problema es que los sondeos dibujan un escenario que, en su extremo más optimista, no pasa de los tres diputados. Y, en su vertiente más pesimista, le asigna solo uno o ningún sillón. El negacionismo de las encuestas al que se ha entregado Ciudadanos durante la campaña ha encontrado a su predicador más expresivo en su candidato a la presidencia de la Junta de Andalucía por tercera vez consecutiva, Juan Marín. El vicepresidente andaluz en funciones ha insistido en que los sondeos «solo son estados de opinión» y ha hecho sus propias cuentas para confiar en una noche electoral que arroje un resultado positivo: «Cuando se llama a las urnas a 6.600.000 personas no se está llamando por teléfono a 1.200, a 600 o a 800. Estoy convencido de que la gente va a valorar el esfuerzo que se ha hecho y volveremos a reeditar el Gobierno del PP y Ciudadanos cuatro años más», ha repetido Marín hasta la saciedad.

Tras una primera de semana con el discurso excesivamente anclado en su gestión en el Gobierno andaluz, la campaña de Cs encontró cierto revulsivo en la intervención mucho más agresiva que Inés Arrimadas llevó a cabo en el mitin central celebrado el pasado domingo en Málaga. La presidenta nacional de los liberales no esquivó el ‘cuerpo a cuerpo’ con el PP y se rebeló contra esa petición del voto útil al PP sobre la que Juanma Moreno ha articulado buena parte de su estrategia: «Andalucía no va a seguir igual si no votamos igual que en el 2018», subrayó la política jerezana. Igualmente, el dinamismo mostrado por Marín en el segundo debate y su pregunta de la torrija a Macarena Olona han proyectado cierto halo de esperanza. A su vez, el partido liberal ha quedado preso de promesas en las que «ni de coña» compartiría Gobierno con el PP si Vox está en la misma tarta (Arrimadas dixit). O el propio Juan Marín ha asegurado que se marcharía en caso de que el resultado del 19J no pase de uno o dos diputados.

Unos 6,64 millones de andaluces han sido llamados a votar este 19J

Para las elecciones andaluzas de este domingo 19 de junio, han sido llamados a votar más de 6,5 millones de ciudadanos y se han instalado algo más de 10.000 mesas electorales. Para ser exactos, han sido convocados 6.641.856 electores. De ellos, 6.378.352 residen en Andalucía y 263.504 en el extranjero, según se desprende de los datos del censo electoral hecho públicos por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE). Además, se estrenan como votantes en los comicios regionales 302.450 personas, que podrán elegir al presidente de su comunidad autónoma al haber cumplido los 18 años después del 2 de diciembre de 2018, fecha en la que se celebraron las anteriores elecciones. Por provincias, la de Sevilla es la que más posibles votantes aporta al censo, con 1.558.762, seguida de Málaga con 1.226.655. Cádiz también supera el millón de electores convocados, con 1.013.518. En cuarto lugar estaría Granada, con 760.720; y a continuación Córdoba, con 645.744.En torno al medio millón de personas convocadas se encuentran Jaén (521.935) y Almería (512.600). Por debajo del medio millón, y con 401.894 votantes potenciales, está Huelva. En los comicios de 2018, fueron llamados a votar casi 350.000 ciudadanos menos. En concreto, la convocatoria fue para 6.298.785 personas y la participación ascendió a un 58,65%. Esto propició que, en la noche electoral del 2 de diciembre, se contabilizaran casi 3.700.000 votos. En cambio, se registraron en torno a 2.600.000 abstenciones.  

¿El salto de Vox?

El crecimiento que las encuestas vienen señalándole a Vox ha sido una de las claves de la campaña andaluza previa a la cita electoral de este 19 de junio.

La declaración de intenciones de Santiago Abascal encaminada a entrar en un hipotético Gobierno andaluz con el PP, como en Castilla y León, ha condicionado el debate y lo ha empujado -sin grandes excesos- a sus pasajes más broncos. Con un panorama en el que sería una sorpresa que la fuerza de derecha no subiese hasta la tercera fuerza más votada tras haber sido la quinta en 2018, el resultado real que obtenga la candidatura de Macarena Olona es una de las grandes incógnitas que despejará el recuento. La principal referencia para medir el impacto de su subida será si el apoyo se traduce en una cifra de escaños que ronde o supere la veintena. Y, por ende, haga suyo un resultado similar o superior al que elevó a Ciudadanos como socio del PP en el sevillano Palacio de San Telmo. De lo contrario, una cifra de diputados que esté más cerca de la quincena y no arroje una explosión excesiva -en los anteriores comicios irrumpió con 12 parlamentarios- evidenciaría un estancamiento y cierta incapacidad para aprovechar en términos positivos el escaparate de doble filo que suelen prestar las campañas electorales.

Recientes quedan el desgaste de los debates y polémicas varias como las que han rodeado al empadronamiento en Salobreña (Granada) y la continuidad en el Congreso de los Diputados de Macarena Olona. Ahora bien, más allá de la cantidad de sillones, lo que tendrá un valor real será su peso en la aritmética de la mayoría absoluta. Así, a medida que se ha ido acercando el 19J, Vox le ha ido recordando con más exigencias a Juanma Moreno que su apoyo le saldrá mucho más caro que en 2018. Es más, Abascal llegó a sostener el domingo pasado en un mitin en Marbella que si ambos partidos de la franja derecha del abanico ideológico no se ponen de acuerdo, «gobernará la izquierda». Y, un día después, en el segundo debate televisado, Macarena Olona se ofreció como vicepresidenta a que Juanma Moreno sea vicepresidente -si ganara Vox- y hasta le dijo al candidato popular que, aunque solo necesitase un escaño para su investidura, el apoyo solo se traduciría en un Gobierno de coalición entre el PP y Vox.

Al PSOE le queda la esperanza de un vuelco que haría malas las encuestas si moviliza a los indecisos

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Esta posible alianza es la que ha llevado al resto de fuerzas a proclamar repetidamente «que viene la ultraderecha» para pedir un voto útil contra la participación de Vox en el reparto del poder andaluz. Eso sí, no se ha producido la misma unanimidad entre estos partidos a la hora de definir su postura sobre el establecimiento de un cordón sanitario que facilitara con abstenciones la investidura de Juanma Moreno, siempre y cuando el PP gane las elecciones con el resultado holgado que vaticinan los sondeos.

Debate electoral de los candidatos a la Presidencia de la Junta Julio Muñoz

La división de la izquierda

La debilidad que las encuestas le diagnostican a la izquierda andaluza es el gran sambenito contra el que se ha conjurado Por Andalucía. Pese a tratarse de un frente amplio sin precedentes al vertebrarse en torno a seis fuerzas -Izquierda Unida, Podemos, Más País, Verdes Equo, Alianza Verde e Iniciativa del Pueblo Andaluz- la pelea por un electorado concreto contra el nuevo Adelante Andalucía de Teresa Rodríguez puede lastrarle y restar, hasta dejar en la mitad de la representación, los 17 parlamentarios cosechados en 2018 por la anterior confluencia.

El negacionismo de las encuestas ha imperado en Cs para afrontar con cierta ilusión estos comicios ‘a vida o muerte’

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Esos malos augurios arrastran, a su vez, una perdida de la sintonía entre Izquierda Unida y Podemos que ha aflorado desde que resultó baldía la búsqueda de un candidato independiente y la formación morada insistió sin éxito en situar como cabeza visible al diputado nacional y guardia civil, Juan Antonio Delgado. La elección de la parlamentaria andaluza de IU Inmaculada Nieto supuso una derrota morada en el pulso que hasta ha provocado que planee latente un enfrentamiento entre Pablo Iglesias y Yolanda Díaz. Flaco favor le hizo a Por Andalucía que su nacimiento coincidiera con la inscripción fuera de plazo de Podemos, lo que ha obligado a escenificar todavía más una paz que no existe.

Frente a tanta beligerancia interna, el único medicamento que ha atenuado un poco los males endémicos han sido las distintas irrupciones en la campaña electoral de Yolanda Díaz. Eso sí, la ilusión que atrae su perfil y el nuevo proyecto político nacional en el que trabaja la ministra de Trabajo se ha visto acompañado por una doble naturaleza de revulsivo y detonante. De hecho, Pablo Iglesias no ha respetado ni siquiera los focos de la campaña electoral y ha maniobrado para contraprogramar actos de los que solo se desprenden las discrepancias de un sector de Podemos con Yolanda Díaz.

En cambio, el Más País de Íñigo Errejón ha ganado posiciones respecto a ellos de cara al trampolín para las elecciones generales que supondría la plataforma Sumar, que está ultimando la ministra. En plena carrera de obstáculos, Por Andalucía ha esquivado el realismo que no le inyecta buenas sensaciones para el 19J. Y, en cambio, sus líderes se han encomendado a un espíritu de remontada que ha puesto demasiados huevos en el cesto de la presencia de Yolanda Díaz en los mítines. Por Andalucía ha conjugado hasta la saciedad en la campaña el verbo ‘gobernar’ y no ha renunciado en ningún momento a liderar el espacio progresista. Incluso con un mejor resultado que el del PSOE, lo que se antoja a todas luces improbable.

Lo del sorpasso de Julio Anguita, o lo de hacerse ‘un Mónica García’ como en la Comunidad de Madrid o ‘un Mèlenchon’ como en las elecciones francesas, parecen aspiraciones que no se ajustan a la actual realidad de la política andaluza. La cita con el 19J se sugiere más bien como una transición en la que no perder demasiado fuelle para seguir esperando, con el mayor músculo posible, la catarsis que Yolanda Díaz pretende liderar en las Elecciones Generales.

La división en Unidas Podemos coincide con el nuevo camino andalucista seguido por Teresa Rodríguez

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La papeleta andalucista

La división existente en el espacio de Unidas Podemos ha abierto una grieta más en la fractura casi insalvable ya existente en la izquierda andaluza, desde que Teresa Rodríguez fuese expulsada con sus afines del grupo parlamentario que ella misma lideraba. El mantenimiento de la marca Adelante Andalucía -pese a la oposición inicial de Izquierda Unida y Podemos- le ha permitido a la gaditana apostar por la ‘papeleta andalucista’ que le asignó sin concesiones a su proyecto, cuando decidió seguir su propio camino y no sucumbió a una ‘papeleta única’ para estas elecciones andaluzas de las principales fuerzas situadas a la izquierda del PSOE.

Teresa Rodríguez ha dejado claro que seguirá con este partido andaluz, aunque reciba una llamada de Yolanda Díaz para integrarse en la plataforma Sumar, y que trabajará para que esta comunidad tenga voz propia en el Parlamento de Andalucía y el Congreso de los Diputados: «Es un partido andaluz, nadie va a llamarte desde Madrid para decirte si puedes o no defender la carga de trabajo en los astilleros, las inversiones públicas del Estado en Andalucía o la derogación real de la reforma laboral; la garantía que ofrecemos como fuerza política es que, gobierne quien gobierne en Madrid o Sevilla, defenderemos los intereses de Andalucía», viene explicando en relación a su propuesta Teresa Rodríguez. Aunque ella misma ha dejado claro que su partido tiene todavía un horizonte a medio plazo y que construirá a fuego lento «una habitación propia andalucista», la opción encabezada por Rodríguez ha ido creciendo en los sondeos a medida que se acercaba el 19J. Puede tratarse de la candidata que mejor rentabilice los dos debates televisados, en los que consiguió participar pese al veto lanzado desde la confluencia que lideran IU y Podemos. Hasta ahí ha llegado la competencia entre la izquierda andaluza.

El marcaje mutuo es tan férreo que Teresa Rodríguez ha terminado estampando su rostro en la papeleta para que los electores no se confundan. Entre sus objetivos, la obtención de representación se considera un buen resultado y la consecución de cinco o más parlamentarios para tener grupo propio es una meta mayor a la que no se renuncia.

La campaña también ha dejado claro que Rodríguez mantiene posturas antagónicas respecto a Por Andalucía que van más allá de su negativa a participar en un cogobierno con el PSOE. La carismática candidata de Adelante Andalucía ha criticado abiertamente que, en la precampaña, Inmaculada Nieto se mostrara dispuesta -aunque luego rectificó- a facilitar la investidura de Juanma Moreno para evitar la llegada de Vox al Gobierno andaluz. La política roteña piensa que un cordón sanitario catapultaría al partido de Santiago Abascal hacia protagonismos más estelares, tal y como ha terminado sucediendo en Francia con el proyecto de Marine Le Pen. 

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