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La Opinión de Málaga

Crónicas de la ciudad

Los colores perdidos del palacio condal de Málaga

Empresas y administraciones deberían marcarse esta década para recuperar la decoración barroca del palacio del Conde de Villalcázar, frente a la Aduana

El Palacio de Villalcázar, actual Camara de Comercio de Malaga, ayer. A.V.

Si en estos locos años 20 del siglo XXI siguen proliferando los cubos blancos como elementos favoritos de nuestra clase política, el siglo XIX en Málaga fue el de la uniformidad para eliminar el festín barroco de sus fachadas.

Puede que las salvajadas del vándalo ejército de Napoleón y las ganas de hacer negocio imprimieran un excesivo poso de seriedad a una ciudad que se embarcaba en la revolución industrial y no estaba para colorines, ni mucho menos para arquitecturas fingidas.

Pero sobre todo, las epidemias del arranque del XIX y el afán imperioso por la higiene encalaron fachadas para poner coto a las olas mortales que, literalmente, desembarcaban en la ciudad, pues por esas fechas el Puerto deparaba cóleras y pestes en lugar de cruceristas.

Los años 90 del pasado siglo y el arranque del actual fueron paradójicos: por una parte se echaron abajo demasiados edificios del casco antiguo que hubieran merecido seguir en pie pero por otro, la Oficina de Rehabilitación del Centro Histórico jugó un papel crucial para recuperar inmuebles y devolver a Málaga los colores del Siglo de las Luces.

Resulta curioso también que uno de los edificios más 'emblemáticos' (disculpen el adjetivo, tan desgastado por nuestros cargos públicos) luzca a estas alturas de 2022 con los deberes a medio hacer y eso, siendo condescendientes.

Detalle de la decoración del palacio en la estrecha calle Don Juan de Málaga. A.V.

Se trata de un inmueble histórico y señorial que ha aparecido en esta sección en varias ocasiones, por las enormes expectativas que ofrece. Hablamos del palacio del Conde de Villalcázar, frente a la Aduana, actual Cámara de Comercio de Málaga.

La historia es muy caprichosa porque el palacio se conoce por su propietario de finales del XVIII, pero en realidad buena parte del inmueble actual se debe al segundo Conde de Buenavista, Antonio Tomás Guerrero, que allí vivió antes, hace unos 300 años.

Por obra y gracias de muchas capas de cal -nos cuenta la catedrática Rosario Camacho- desapareció de la faz de la tierra su decoración de esgrafiados geométricos de color ocre, blanco, rojo y negro.

Una pequeña muestra sí se recuperó hace unos años y luce, modesta, en el callejón de Don Juan de Málaga. Imaginen toda la fachada de esta mansión con su esplendorosa decoración barroca frente al Palacio de la Aduana. Todo el entorno subiría muchos grados en hermosura.

Empresas de nuestra ciudad y administraciones deberían marcarse esta década para contribuir y así recuperar para Málaga toda la belleza perdida de este ‘palacio condal’. Ánimo.

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