A principios de los años 90, Málaga vivió el que sería un punto de inflexión en su desarrollo como ciudad. Torremolinos, una de las grandes perlas turísticas de la Costa del Sol en aquellos años, dejaba de ser un barrio de la capital y comenzaba su andadura como municipio independiente.

De manera que Málaga se quedaba sin una importante planta hotelera más que consolidada en los mercados internacionales y sin un Palacio de Congresos que entonces redondeaba los 20 años de trayectoria.

La segunda ciudad de Andalucía se convirtió en zona de paso, con el aeropuerto decano de España recibiendo turistas y visitantes que no transitaban sus calles, ni probaban sus playas ni visitaban sus monumentos ni compraban en sus tiendas. En seguida ponían rumbo a otras zonas de la Costa del Sol, como era el recién independizado Torremolinos o la prestigiosa Marbella de la «jet set».

Esto ocurría, además, en el contexto en el que Barcelona encaraba la celebración de los Juegos Olímpicos y Sevilla la Expo Universal, lo que colocó a estas dos ciudades en el centro de una proyección internacional española que el resto de territorios del país también deseaban para sí.

La ciudad necesitaba un plan por lo que el Ayuntamiento de Málaga empezó a definir lo que serían sus líneas estratégicas, cimentadas sobre tres pilares principales: el turístico, el cultural y el tecnológico.

Ese despliegue se configuró finalmente en torno a una amplia estructura directiva con perfiles experimentados en campos específicos y orientados a cumplir con los objetivos del ente municipal pero también a rastrear nuevas oportunidades para la ciudad. Se trata de un gran organigrama municipal que ha ido aumentando en paralelo al propio crecimiento del municipio e impulsado por el propio Francisco de la Torre, alcalde de Málaga desde hace 22 años, el tercer regidor que sostiene la vara de mando en la ciudad tras la entrada de la democracia en España.

Fachada del Ayuntamiento de Málaga.

«El alcalde tenía una prefiguración del rumbo que él quería que la ciudad tomara. La realidad es que esto no es cosa de un día. La ciudad tenía unas condiciones, siempre las ha tenido, pero había que reforzarlas, lograr que la ciudad tuviera cierta notoriedad», explican fuentes municipales.

En la actualidad, el Ayuntamiento de Málaga cuenta con 12 gerencias y 20 direcciones generales, más allá de las concejalías y las áreas de Gobierno. De la misma forma cuenta con un holding municipal que abarca más de una veintena de entes públicos.

El nombramiento más reciente ha sido el de Jerónimo Blasco como director general de la Expo 2027, la última gran ambición del alcalde de Málaga. Blasco fue fichado por el Consistorio malagueño para dirigir la candidatura de la ciudad precisamente por su experiencia como gerente del consorcio promotor de la Expo del Agua en Zaragoza (2008).

En sus filas se encuentran otros perfiles técnicos como Pablo Otaola, director general de Infraestructuras en el Ayuntamiento de Málaga, trasladado desde el País Vasco, donde fue uno de los artífices de la transformación urbana de Bilbao en la época de Iñaki Azkuna.

Sobre él recayó la dirección general de la sociedad Bilbao Ría 2000, que sacó a la metrópolis bilbaína de su pasado industrial, además de ocupar la gerencia del proyecto residencial para la península de Zorrotzaurre diseñado por la arquitecta premio Pritzker, Zaha Hadid.

Ahora en Málaga está al frente del Plan Litoral, con el que el Ayuntamiento pretende peatonalizar gran parte de su zona costera, soterrando más de dos kilómetros de calzada, instalando paradas subterráneas para el transporte público y devolviendo más de 65.000 metros cuadrados a la ciudadanía.

Esta dinámica se repite con otros nombramientos como la directora general de Movilidad, Trinidad Hernández, que fue jefa provincial en la Dirección General de Tráfico en Málaga; Víctor Solla, al frente de la Dirección General de Innovación y Digitalización Urbana, un ingeniero informático con un currículum desarrollado en Asturias, o Carlos Gabari, teniente coronel de Infantería del Ejército de Tierra y con más de 36 años de servicio militar y responsable de Extinción de Incendios, Protección Civil y Servicios de Emergencia en el Ayuntamiento de Málaga.

Málaga cimentó su estrategia sobre un pilar turístico, uno cultural y otro tecnológico

En cuanto a los gerentes, hay dos nombres especialmente relevantes en el sector cultural malagueño, con dos aristas principales que ya forman parte de la propia idiosincrasia de la ciudad: los museos y el cine.

Al frente de la Agencia Pública para la Gestión de la Casa Natal de Pablo Ruiz Picasso y otros equipamientos museísticos está José María Luna Aguilar, del que también dependen el Centre Pompidou y el Museo Ruso, delegaciones pioneras de las genuinas pinacotecas parisina y la de San Petersburgo, esta última en «hibernación» desde que estalló la invasión de Ucrania.

En el campo del cine malagueño, español e iberoamericano es una referencia ya la figura de Juan Antonio Vigar, gerente de Málaga Procultura, entidad pública que engloba tanto el Festival de Cine de Málaga, con 25 ediciones a sus espaldas, como el Teatro Cervantes, el histórico teatro azul que hizo sus 150 años de vida en pleno estallido de la Covid-19.

La separación de Torremolinos supuso un duro golpe para el turismo congresual y de reuniones, lo que hoy se denomina como turismo MICE (Meetings, Incentives, Conventions and Exhibitions), un agujero que la ciudad cubriría en 2003 con la inauguración del Palacio de Ferias y Congresos (Fycma), una infraestructura con 17.000 metros cuadrados que estudia ahora la ampliación de sus instalaciones para acoger la demanda desbordante de ferias, congresos, convenciones, conciertos y celebraciones de todo tipo que absorbe año tras año.

Al frente de su gerencia está Yolanda de Aguilar, con una importante andadura en Ifema, el consorcio que gestiona el Recinto Ferial y Palacio de Congresos de Madrid, llegando a encabezar Fitur, la feria de turismo con más relevancia en el territorio español.

Una fundación para el desarrollo estratégico

En el desarrollo estratégico de Málaga cobra especial relevancia la Fundación Ciedes, en funcionamiento desde 1994 con un patronato integrado por el Consistorio malagueño, la Diputación Provincial, la Junta de Andalucía, la Subdelegación del Gobierno en Málaga, la Universidad, el Puerto, sindicatos y otras instituciones y entidades públicas y privadas.

En esta fundación se han diseñado los dos grandes planes estratégicos de la ciudad, el primero, para el período comprendido entre 1992 y 1996, en el que se decidió que se quería convertir a Málaga en «una ciudad metropolitana de alcance mediterráneo, metrópolis de alta calidad de vida y respeto medio ambiental, capital económica y tecnológica de Andalucía, capital turística y de ocio europea». 

«No muchas ciudades lo han hecho y de hecho se miran en este espejo con respecto a planificación estratégica. Es un foro bastante óptimo para plantear hacia dónde vamos», señalan fuentes del Ayuntamiento de Málaga. 

En este plan se detallaban proyectos y programas concretos para el desarrollo de la ciudad, incluyendo no solo la mera sugerencia sino también el impulso por parte de la fundación de ideas concretas mediante el encargo de anteproyectos a expertos como fue, por ejemplo, la construcción del Palacio de Ferias.

Asimismo, se hacía un seguimiento de proyectos en desarrollo como podía ser la creación del Museo Pablo Picasso o la revitalización del Centro Histórico de la Ciudad. Después de la pandemia se adaptó el segundo plan estratégico de Ciedes para crear el plan de recuperación municipal y adaptar los objetivos al nuevo escenario de la pandemia.

«Hay técnicos especialistas en regeneración urbana que tienen relación con otras ciudades de Europa y del mundo y que ven cuáles son las tendencias. El éxito está en no ver ciclos electorales sino ciclos naturales y las cosas no se hacen pensando en cuatro años, se hacen pensando a medio largo plazo», zanja el Ayuntamiento de Málaga.


Plano internacional

Otro de los caballos de batalla del Ayuntamiento de Málaga es la promoción de la imagen de la ciudad a nivel internacional, para lo que cuenta con un área de gobierno específica. Son ejemplos de ello la candidatura de Málaga a acoger la Exposición Internacional de 2027, la Copa América -que finalmente optó por Barcelona- o ejemplos menos recientes como la pugna por traer la Agencia Europea del Medicamento a la ciudad tras el Brexit y el traslado obligado de las instituciones comunitarias que estaban instaladas en suelo británico.

Precisamente, en esa búsqueda de proyección internacional resalta el nombre de Marc Sanderson, el director de Desarrollo Internacional del Ayuntamiento de Málaga y asesor del alcalde, oriundo de Dallas y antaño jefe de gabinete del embajador de Estados Unidos en España. Tras casarse con una malagueña, aterrizó casi de inmediato en el Ayuntamiento con el objetivo de captar inversiones extranjeras para la ciudad.

Desde el Consistorio destacan también el plano diplomático y de relaciones internacionales que mantiene vivo a través de Cifal, un centro de formación para autoridades, dependiente del Instituto de las Naciones Unidas para la Formación Profesional e Investigaciones (UNITAR).

Asimismo, la ciudad acogerá unas oficinas de la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) en el Hospital Noble, un edificio histórico ubicado en el Centro de la ciudad.