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La Opinión de Málaga

Mirando atrás

Don Fernando Carrillo: el buen gobernador

El investigador Antonio Lara Villodres prepara un libro sobre el cordobés Fernando Carrillo y Manuel, marqués de Villafiel, corregidor de la Málaga del XVII, con motivo del próximo 350 aniversario del conjunto conmemorativo de la visita de Felipe IV a Málaga

Antonio Lara Villodres, esta semana delante del conjunto conmemorativo de la visita real, en el Puerto. A.V.

A la entrada del Puerto, tres preciosos escudos, el bajorrelieve de los patronos de Málaga y una lápida conmemorativa, todos de alabastro, celebrarán en 2023 el 350 aniversario. Los escudos pertenecen a la ciudad de Málaga, el Rey Felipe IV y el tercero, el del protagonista de esta historia, el cordobés don Fernando Carrillo y Manuel (1625-1683), marqués de Villafiel y corregidor de Málaga a partir de junio de 1672 .

A pesar de que sólo estuvo tres años como corregidor (el gobernador de la época), de su corto mandato han quedado tres importantes huellas en Málaga, la primera de ellas, estos mármoles instalados originalmente en el antiguo muelle de Levante en 1673, para recordar la visita a Málaga de Felipe IV unas décadas antes, en 1624. Las otras dos son la famosa fuente de Reding y una olvidada lápida que hoy se encuentra en los Jardines de Puerta Oscura y que conmemoraba el arreglo por Carrillo de la Puerta de Granada.

Lápida conmemorativa en los jardines de Puerta Oscura del arreglo de la Puerta de Granada por Fernando Carrillo. Archivo Antonio Lara Villodres

Para sacar del olvido a este corregidor y el conjunto del Puerto , el investigador Antonio Lara Villodres está finalizando el libroEl marqués de Villafiel y el monumento del puerto de Málaga. Estudio histórico heráldico y genealógico de un monumento singular, en su 350 aniversario’.

Como recuerda, lo más destacado de su mandato fue «su acertada intervención en la mejora, prolongación y reparación del muelle del Puerto de Málaga», al que le añadió ese conjunto conmemorativo, que fue destruido a principios del XX con las ampliaciones portuarias, salvo las piezas que hoy sobreviven y que fueron guardadas en un almacén.

Hace unas décadas, por cierto, lo que quedaba del conjunto se recuperó y rearmó pero de forma errónea, porque la lápida se colocó debajo de los tres escudos, cuando en ese lugar iban los patronos San Ciriaco y Santa Paula, informa Antonio Lara, que muestra una antigua foto del muelle de Levante de la Colección Fernández Rivero, con las piezas en el orden correcto.

Detalle de una fotografía de Oses que muestra, a la derecha, el conjunto conmemorativo de la visita de Felipe IV, en el arranque del antiguo muelle de Levante. Colección Fernández Rivero

Para realizar este libro en busca de la intensa vida y muchas obras y hazañas de don Fernando Carrillo ha contado entre las fuentes principales con el Archivo de Simancas y también con la relación de las obras públicas que hizo en Málaga, gracias a un compendio del regidor perpetuo Amate de la Borda. Además, está a la espera de nuevos datos del Archivo Histórico Nacional.

Como subraya, don Fernando provenía de una importante familia cordobesa, algo que evidencia la hermosa capilla familiar de la Conversión de San Pablo en la Mezquita-Catedral de Córdoba, restaurada recientemente. «Su abuelo, Fernando Carrillo y Muñiz de Godoy fue presidente de los Reales Consejos de Hacienda e Indias, amén de otros cargos», explica. Además, su tío Luis Carrillo Lasso de la Vega fue amigo íntimo de Quevedo.

Estos lazos y parentescos le llevaron a la alcaldía de Consuegra. En este pueblo toledano su vida cambiaría para siempre porque allí coincidió con uno de los muchos hijos bastardos de Felipe IV, con don Juan de José de Austria, quien tenía concedido en el pueblo un priorato. El cordobés terminó siendo la mano derecha de don Juan José.

Don Juan José de Austria, hijo bastardo pero reconocido de Felipe IV. Wikipedia

«Fue este quien lo alzó a ‘quatralbo’ (al mando de cuatro naves) de las galeras de Nápoles y Sicilia y luego a su gentilhombre de cámara. Esto les llevó a estar muchos años juntos; eran coetáneos y con ideas muy afines», detalla el investigador. 

De la mano de don Juan José de Austria, hijo bastardo pero reconocido del rey, las carreras de ambos estuvieron unidas. Como quatralbo, el futuro corregidor de Málaga participó en las guerras de Italia, Cataluña y Flandes.

El abordaje

En 1656 los dos compañeros de armas vivieron un momento muy peligroso: para despistar a posibles espías partieron del Puerto de Barcelona en sólo dos galeras; en una de ellas, la galera San Juan, comandada por don Fernando, iba también el hijo del rey. Se dirigían hacia Flandes, pero en aguas de Mallorca fueron atacados por cuatro bajeles magrebíes.

«En un momento del abordaje intentaron matar a don Juan José de Austria pero don Fernando Carrillo se interpuso y le dispararon en un ojo. Fue una herida gravísima que le corta parte del mentón, la nariz y pierde el ojo izquierdo. Se puede decir que es un homónimo de Blas de Lezo».

Fuente de Reding, con el escudo del corregidor cordobés. Álex Zea

El investigador cree que esta heroica acción motivó que en enero de 1658 el rey le concediera el vizcondado de Alba de Tajo. En 1665 recibiría el título de marqués de Villafiel.

Como recuerda Antonio Lara, en su testamento don Juan José de Austria recordó el gesto de valentía de su amigo, que al perder un ojo y desfigurarse la cara le salvó la vida.

En ese testamento, por cierto, pedía a don Fernando que rezara por él. El cordobés, informa el investigador, era una persona muy religiosa y devota de la Virgen del Pilar, una devoción reforzada por un episodio bélico: En 1679 navegaba nuestro personaje por aguas del Atlántico, cuando a la altura del cabo de San Vicente combatió contra seis carabelas turcas. Los navíos del marqués vencieron pero un gran temporal dispersó la flota y su nave capitana se quedó sin palos. Fue entonces cuando se encomendó a la Virgen del Pilar y la tempestad fue amainando.

Techo de la capilla familiar de la Conversión de San Pablo, en la Mezquita Catedral de Córdoba. Diario Córdoba

De sus tres años como corregidor en Málaga, Antonio Lara destaca también su afán por la buena marcha de las cuentas públicas. «Era muy vigilante porque los regidores robaban a mansalva del erario público. La primera cosa que hizo a su llegada fue dictaminar ordenanzas claras y contundentes», también para meter en vereda a los maestros, cuyos alumnos campaban a sus anchas por la ciudad en horas de clase.

El insigne militar y marino murió en la Bahía de Cádiz a los 58 años, en enero de 1683, «deduzco que a consecuencia de sus múltiples heridas a lo largo de su carrera», explica el autor.

Don Fernando está enterrado en la fastuosa capilla familiar de Córdoba. Antonio Lara confía en que el libro pueda ser publicado para dar a conocer a este gran corregidor de Málaga.

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