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Patrimonio

Cueva del Tesoro: vuelve el ‘mal verde’

Manuel Laza, de la familia propietaria de la cueva, advierte del regreso del mal verde, una plaga de hongos o algas que se comen la piedra, además de filtraciones de agua procedentes de casas. El Ayuntamiento de Rincón responde que ya está previsto cambiar las luces para frenar el mal

Foco de ‘mal verde’ poco antes de llegar a la Sala del Volcán, el pasado 23 de junio. A.V.

Nada más dejar atrás los hermosos restos de una playa prehistórica, camino de la sala del Volcán, en la pared de la izquierda surge un aciago resplandor verde que no deja lugar a dudas.

«Tengo la foto de hace un año casi, cuando empezó y ha crecido sensiblemente y hay más focos como este», indica Manuel Laza, que señala la mancha que se extiende por la roca. Este profesor jubilado es uno de los dueños de la Cueva del Tesoro, propiedad de su familia desde hace más de un siglo, aunque alquilada al Ayuntamiento de Rincón de la Victoria desde 1991, que la gestiona.

Manuel Laza, como custodio según la ley de esta cueva de origen marino, Bien de Interés Cultural desde 2002, ya denunció hace una década en este diario la proliferación de ‘mal verde’, algas u hongos que se crecen por la humedad y mala iluminación y se comen la piedra de las cuevas, algunas, como en este caso, con pinturas rupestres que hay que preservar.

El Consistorio de Rincón, poco después cambió la iluminación: luces cálidas por luces frías y este fenómeno se atajó. Ahora, vuelve en tres focos situados en esta zona, en la propia sala del Volcán en varios puntos, así como en la sala de los Lagos, todas dentro del recorrido turístico. «La cueva está bastante mejor de cuando la primera queja del mal verde, pero está renaciendo y hay que cortarlo cuanto antes», subraya.

Manuel Laza (izq) con el arqueólogo Eduardo García Alfonso, en la sala de Nocticula. A.V.

«El problema es que esto se reproduce por esporas y se mueve por microcorrientes de aire; donde encuentran un ambiente favorable, ahí arraigan, aparte de que manchan toda la cueva», explica el arqueólogo Eduardo García Alfonso, que acompañó a Manuel Laza en una visita privada a la Cueva del Tesoro el pasado 23 de junio, a la que se sumó La Opinión.

En la sala del Volcán todavía subsiste un foco de luz morada de antiguas iluminaciones. Allí crece el mal verde y también en otros puntos de este espacio. «El verde no era tan intenso, era más leve», cuenta Manuel Laza.

El problema se repite en la sala de los Lagos con otro foco, «porque la luz no es la adecuada», señala el propietario.

Foco de mal verde junto a la sala del Volcán. A.V.

Para Eduardo García Alfonso, «habría que plantearse cerrar la cueva un par de meses al año, apagada, para que se vaya regenerando en ese ambiente de oscuridad, algo que se hace en muchísimas cuevas como medida de conservación».

En la sala de los Lagos, además, al circuito de agua hay que sumar unas filtraciones de agua por la roca caliza que encharcan el suelo y de las que informa Manuel Laza: «El agua que cae del techo ahora mismo no es natural, es una rotura de conductos en zonas donde hay viviendas». A su lado, el arqueólogo apunta que el agua ha podido tardar en filtrarse desde la superficie «dos o tres años».

Filtraciones en la sala de los Lagos. A.V.

En todo caso, Manuel Laza señala la pared de caliza por donde brota y apunta que podría ser «potable o bien residual porque la caliza tenía que ser blanca y no con ese color amarronado, color muy sospechoso; eso es agua sucia».

Manuel Laza ha pedido por último medidas para erradicar tanto el mal verde como estas filtraciones que considera no naturales.

Respuesta del Ayuntamiento

El concejal de la Cueva del Tesoro, Antonio José Martín, explicó la semana pasada a este diario que el mal verde «se erradicó y se dejó una pequeña parte para seguir los estudios». En todo caso informó de que, como cambian los métodos, ahora se sabe que es más eficiente dotar a las cuevas «de una luz que no sea ni fría ni caliente sino intermedia, como la que hemos puesto en la Cueva de la Victoria», algo que también se hará en esta cavidad.

Con respecto a las filtraciones de agua, indicó que «siempre ha habido en aquella zona», aunque negó la posibilidad de que sean aguas fecales «porque el olor sería imposible, de hecho, el mismo 23 de junio con la empresa de mantenimiento le dimos un repaso a toda la cueva», remarcó.

Pedro Cantalejo

Este diario también se puso en contacto con el arqueólogo Pedro Cantalejo, que asesora al Ayuntamiento de Rincón de la Victoria y  que precisó que el mal verde «es la enfermedad común de cualquier cueva turística y el único problema es que hay que tratarlo anualmente de forma conveniente, para eso firmó el Ayuntamiento un acuerdo con la Fundación Cueva de Nerja».

El arqueólogo subrayó además que la situación «no será preocupante si se lleva un protocolo de actuación» consistente en «cambiar de sitio cada 15 días o cada mes los puntos de luz, para que el mal verde no prolifere porque sin luz se muere».

Pedro Cantalejo abogó también porque todas las luces sean led «y cuando se cambien de sitio que el sitio elegido esté ventilado, donde el aire circule».

El arqueólogo, por último, descartó que sea necesario cerrar la cueva dos meses al año «porque no soluciona nada» y reiteró que con el cambio periódico de luces se mantedría a raya el mal verde.

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