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Crónicas de la ciudad

Los fallidos versos de la Travesía del Pintor Nogales

Como no hay casi quien alcance a leer los versos a Málaga de Aleixandre en el dichoso panel, en la ciudad ya hay dos corrientes de opinión con sendas soluciones distintas

El panel poético y la Travesía del Pintor Nogales, ayer. A.V.

La cuestión epigráfica, la fijación, en este caso, de la escritura conmemorativa en la vía pública de Málaga siempre ha sido problemática, la mayor parte de las veces por pasotismo administrativo, fallos multiorgánicos de cultura general o ambas cosas.

Ya contamos en su día cómo, a la entrada del Puerto, una moderna placa de acero corten conmemoraba la metafísica visita de Felipe V a Málaga en 1624, metafísica porque faltaban casi 60 años para que naciera, dado que no fue este rey Borbón quien se dio una vuelta por nuestra ciudad (nunca lo hizo) sino Felipe IV, el monarca Habsburgo.

Solventado el fallo dinástico, en el Muelle Uno, junto a la capilla del Puerto se sigue pregonando en inglés y español el derribo de un oratorio portuario a manos de una armada de Flandes, hecho que jamás tuvo lugar en la Historia de la Humanidad.

Y el pasado domingo, de manos del investigador Antonio Lara Villodres, supimos que las piedras originales conmemorativas de la mencionada visita de Felipe IV no están colocadas en el orden correcto, de tal forma que la lápida que recuerda el regio garbeo está encima del bajorrelieve de los Santos Patronos y no debajo. como debiera.

Además, delante de El Pimpi, unos versos en latín con errata simbolizan el ocaso de los estudios clásicos en España.

Así pues, no debemos escandalizarnos si al inmortalizar el poema Ciudad del Paraíso de Vicente Aleixandre se incurriera en un festival de erratas.   

En rojo, erratas e incorrecciones en el poema en su parte visible, antes de que los paneles fueran sustituidos. A.V.

Con la supresión de las erratas esta bellísima loa a Málaga (tanto más bella porque el poeta nos ahorró tanto «establecer sinergias» como «poner en valor») recuperó la dignidad, no así la visibilidad. Inmortalizada en la Travesía del Pintor Nogales en paneles de madera, hay que tener la vista de superhéroe para percatarse del poema y mucho más para leerlo.

Ante el desaguisado, costeado con fondos público, hay ya dos corrientes de opinión que en cierta manera coinciden en echarse las manos a la cabeza para, a continuación, aportar una solución.

La primera corriente aboga por perfilar con pintura blanca los versos semi invisibles del poeta de la Generación del 27, para que al menos los paseantes puedan leer los versos (ahora mismo, el banco colocado delante para ‘deleitarse’ con el poema sólo sirve para abrocharse los zapatos).

La segunda corriente da por perdida la chapuza y cree que lo mejor es sustituir todo el inservible maderamen por un jardín vertical que aporte color a la sobria travesía.

Lo más probable, claro, es que nuestros políticos no hagan ni lo uno ni lo otro.

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